- Hoy en día, el FSLN es un
partido vacío de ideología política,
argumenta Alberto Saborío - Sin embargo, el caudillismo, la lucha por el poder y por la preservación de intereses personales son “rasgos de la cultura política de Nicaragua y de todos los países subdesarrollados”, explica el analista
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A diferencia de las disidencias de los ochenta, que no fueron “significativas”, las divisiones que surgen dentro del FSLN después de la derrota electoral de 1990 tienen una amplitud ideológica y política que revelan la decadencia del partido, según Alberto Saborío. A su juicio, se trata tanto de divergencias ideológicas como de críticas dirigidas a la “práctica frentista del poder”, una práctica que tiene raíces en la cultura política del país y que comparten todos los demás partidos políticos.
La disidencia de los años noventa, explica Saborío, procede de una toma de conciencia. “Es una división ideológica, entre los primitivos que promueven el marxismo-leninismo y los pensantes que después de 1989 y la derrota del comunismo en Europa vieron que no había oportunidad para tal creencia, entonces adoptaron la causa democrática”, dice. Con la perspectiva de llegar a la democratización del sistema político del país, los sandinistas de la corriente renovadora fueron los promotores de la reforma constitucional de 1995 que dio, según Saborío, cierta estabilidad al país y marca una pauta en la democratización de Nicaragua.
Sin embargo, tal diferencia ideológica estuvo estrechamente ligada a una diferencia de opinión en torno a la práctica política. Las críticas sobre la práctica frentista del poder y la democracia interna acabaron de dividir el partido. “Los ortodoxos tienen una visión arcaica de la política, su proyecto político era, y sigue siendo, luchar por el poder para tejer una red de influencia y de intereses”, considera Saborío.
A su juicio, el FSLN y sobre todo su cúpula se caracterizan en efecto por una ultrapersonalización del poder. “El caudillismo enraizado en la figura de Daniel Ortega marginó todas las críticas dentro del partido para garantizar la única ambición de Daniel Ortega: regresar al poder; el FSLN no es nada más que un ‘danielismo’ ”, opina. Y agrega que el apoyo al FSLN y al sempiterno candidato Daniel Ortega se explica por la red de intereses y el poder económico que mantiene la cúpula del FSLN. Se trata de un juego a doble sentido: el poder económico garantiza un poder político y al revés, el poder político les asegura un patrimonio, como lo demuestra la llamada “piñata”.
Sin embargo, el FSLN no constituye una excepción en el sistema político de Nicaragua. Más bien este partido es meramente una ilustración del patrón de la cultura política del país que combina corrupción, personalización y falta de educación de los votantes, analiza Saborío. Así se puede explicar el pacto entre liberales y sandinistas, porque comparten la misma visión del quehacer político. Además, “la falta de educación de la gente permite mantener relaciones de lealtad y de obediencia a los líderes políticos”.
Saborío insiste en el hecho de que la mayor parte de los sistemas políticos de países en desarrollo padece de los mismos “vicios”. “En los países desarrollados, el sistema institucional y la sociedad civil son los elementos que permiten contrapesar, limitar la influencia de un hombre o un partido hasta el punto de que ellos no pueden hacer nada para modificar el sistema – y eso conduce al desencanto a la política en los países desarrollados– aquí en Nicaragua, el desencanto viene del hecho de que los partidos políticos pueden hacer mucho pero hacen siempre lo mismo: corromper y mantenerse en el poder” afirma.
A su juicio, el sistema político de Nicaragua tiene que democratizarse para dar un espacio a un verdadero proyecto político. Precisamente, el MRS, y la mayor parte de los representantes del sandinismo amplio, representan la opción más seria de llegar a una apertura del sistema. Concluye Saborío: “hoy en día, el MRS es el partido que está más comprometido con la democracia y la prueba de su convicción política y de su compromiso es que ellos mismos decidieron retirarse del FSLN y pagaron el precio de su ruptura con el FSLN: aceptaron perder un acceso fácil al poder”.