FREDDY POTOY [email protected]
Maximillien Robespierre (1758-1794), ese político y diputado por el tercer estado de los Estados Generales, Jefe de los Jacobinos y que contribuyó a la caída de los girondinos, ya habría pasado la guillotina a muchos corruptos del momento en Nicaragua.
Aunque a Robespierre también le pasaron la guillotina por convertirse en un malvado al llegar al poder, no deja de tener algún sentido la naturaleza misma de castigar de alguna forma a los que sangran al Estado y le dan una estocada al pueblo necesitado que da su voto pensando en que los gobernantes velarán por una mejor sociedad.
Nicaragua todavía puede aferrarse al contrato de la esperanza, es decir, tratar de confiar y depositar su futuro en personas honradas, transparentes, con visión de altos niveles de desarrollo del país y que no tengan conceptos distorsionados de la realidad objetiva que vive la gente.
El contrato de la esperanza, que pasa por saber elegir a las personas con las cuales se pueden obtener buenos resultados para la nación, es un gran momento para no dejar que sinvergüenzas se conviertan nuevamente en estadistas, parlamentarios, alcaldes, ministros y funcionarios oportunistas.
En Nicaragua hay sed de justicia, de correcta gobernabilidad, de transparencia administrativa del Estado, de equitativa distribución de los recursos, de beneficio en la educación, salud, vivienda, alimentación y otros tantos servicios básicos a la población.
Pero lo que tenemos es una pandilla de oportunistas que llenan sus bolsillos y sus cuentas bancarias personales con lo que se lucran del Estado y de los contribuyentes.
Hay que saber elegir en los próximos comicios. De hecho los sandinistas y los liberales no tienen más que ofrecer. Veamos qué ofrecen al país otros candidatos y ojalá que no hagan lo de otros: cuando andan en campaña política besan y abrazan a la gente humilde para ganar simpatía, pero cuando entran a su camioneta de lujo, o llegan a su mansión, se limpian con asco el sudor que les dejó impregnado la gente pobre y se bañan de perfume carísimo para quitarse el mal olor de la población que se gana un poco de dinero con mucha honra. Algo de esto hizo un político recientemente con el tema de la Laguna de Tiscapa.