La Revolución que pudo ser y no fue

  • Aunque la revolución no buscara
    la democracia se encontró con ella,
    a pesar que muchos de sus dirigentes
    no tuvieran idea de lo que el término
    significaba ni de sus implicancias

Omar García [email protected]

Hoy se conmemora el XXI Aniversario de la Revolución Popular Sandinista. En la mente y memoria de muchos nicaragüenses los recuerdos de aquella época vivida vuelven como el recuerdo de los amantes que después de mucho tiempo de no verse se encuentran de nuevo y experimentan esa sensación de la primera vez, esa sensación de lo ya vivido.

Para muchos esa sensación es oscura y negra, para otros es brillante y blanca, y para la inmensa mayoría de nicaragüenses, me atrevería a decir, es simplemente un recuerdo de una ilusión, de una esperanza que se quedó atrapada en la memoria, es lo que pudo ser pero no fue…

Sergio Ramírez escribe en “Adiós muchachos” que “la revolución no trajo la justicia anhelada para los oprimidos, ni pudo crear riqueza y desarrollo; pero dejó como su mejor fruto la democracia, sellada en 1990 con el reconocimiento de la derrota electoral y que como paradoja de la historia es su herencia más visible, aunque no su propuesta más entusiasta…”.

Efectivamente aunque la revolución no buscara la democracia se encontró con ella, y aunque muchos de sus dirigentes no tuvieran idea de lo que el término significaba y de sus implicancias, a la postre, fue la hija mejor parida. Esto no significa que haya sido la hija mejor criada, al contrario, las acciones y omisiones han demostrado todo lo opuesto, los padres no han sido buenos padres y la hija ha crecido y se ha educado bajo un mal ejemplo. La dirigencia de la revolución no ha sabido desempeñar su papel de buenos padres en el juego democrático.

Actualmente, a las puertas de un proceso electoral(máxima expresión del juego democrático), nuestra pequeña e incipiente democracia, parece ser amenazada, tambaleada, sacudida, puesta a prueba una vez más, para ver si es capaz de salir adelante y superar todos los pronósticos de quienes se han dado a la ardua tarea de formular un marco constitucional y establecer una reglas de juego electoral hechas a su medida.

Ahora, en nuestro país parece vivirse una situación como la de aquél que acude ante un sastre para que le confeccione un traje que lucirá en una gran fiesta donde pocos han sido los invitados, donde sólo los que piensan como los anfitriones tienen derecho a estar, donde sólo los amigos, allegados, aduladores, oportunistas y enajenados mentales son los únicos invitados, y el resto simplemente vivimos, sufrimos y observamos la fiesta desde las gradas.

Y es que cerrar los espacios políticos a una sociedad en un país que se dice ser democrático no es por un lado ni políticamente correcto ni por otro jurídicamente aceptable.

La configuración de la democracia, como afirma Robert Dahl, debe “ajustarse a un principio elemental: todos los miembros deben ser tratados como si estuvieran igualmente cualificados para participar en el proceso de toma de decisiones sobre las políticas que vaya a seguir la asociación. Todos los miembros de la asociación deben ser considerados como políticamente iguales”.

Con todo lo anterior he querido dejar plasmada una idea fundamental, que si efectivamente los padres de la revolución no habían pensado en la democracia y ni siquiera tenían idea de lo que este término conllevaba, es razonable considerar, pues, que actitudes pactistas y hechos antidemocráticos emanen de sus acciones y omisiones, ya que a la postre, la democracia no fue configurada ni diseñada para ellos.

El autor es nicaragüense. Reside en Salamanca, España.  

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