“Pidevía”

  • Salir a la calle se torna una aventura muy peligrosa, que para mucha gente es fuente de angustia, de temor y
    de cólera

Carlos Ling

“Pidevía”, señalero, direccionales, luces de dirección, indicadores o como se le quiera llamar, es motivo de sorpresa para quienes transitamos calles y carreteras de Nicaragua.

El uso de este aditamento vehicular, más que heterodoxo, es retorcido.

Para muestra, un botón: un vehículo se acerca a una intersección, disminuye la velocidad y coloca el “pidevía” a la derecha; la luz intermitente señala que va a dirigirse hacia esa dirección, pero -¡Sorpresa!- el vehículo se detiene brevemente del lado izquierdo de la calle y luego, campantemente (siempre con el pidevía derecho encendido), dobla a la izquierda.

En una intersección, alguien (a pie o en vehículo), ve con alivio que el único automotor que se acerca trae señalización para doblar. La persona se propone cruzar y entonces ve pasar un bólido con el “pidevía” encendido.

Hay infinidad de situaciones que, sin duda, Ud. habrá experimentado: los que ríen del uso correcto por “chistoso”, el pidevía “loco”: encendido en una y otra dirección en la carretera, el “sempiterno”, que va encendido, el “invisible” que no se conecta, el “virtual” que transeúntes y conductores deben intuir, se enciende, pero si lo ignoramos causa mucha ira en la persona que va conduciendo, el que ha sido robado, quebrado o desaparecido, etc., pero se cree existente y gentes que usan una variedad de pitazos y luces para comunicar que doblan.

La cuestión es que el famoso “pidevía” o pide vía, es precisamente eso: un recurso mecánico, que se emplea para comunicar a nuestros semejantes, el derecho a desplazarnos en un sentido o el otro.

Así, su uso racional y bien intencionado, nos confiere la capacidad de reconocernos como seres sociales, que aceptamos algunas convenciones necesarias para una convivencia más armónica con otras personas y podría indicar que nos damos cuenta de que un vehículo, no nos hace diferentes, no nos aísla del mundo, no nos permite abusar de otra gente y sobre todo que nos movemos en una considerable masa de metal, plástico y materia orgánica que puede causar mucho daño.

A veces uno se sorprende utilizando una lógica absurda: si ese vehículo señala a la izquierda, seguramente indica que intentará doblar a la derecha ¡Cuidado! O bien: ¡Alerta! El vehículo no ha indicado intención de doblar, ¡de seguro va a cruzar al otro lado!

De esta manera las convenciones y las normas para la seguridad de la ciudadanía se convierten en un sin sentido y el salir a la calle se torna una aventura muy peligrosa, que para mucha gente es fuente de angustia, de temor y de cólera.

Creo que no es perder tiempo asumir una forma positiva y defensiva de conducir, ya que la sorpresa de encontrar gente que utiliza esas luces de una manera “tan chistosa y formal”, puede llevar, con el tiempo, a generar una cultura de uso correcto del pidevía.

El autor es sicólogo.  

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