- Lo ideal sería que todos los candidatos
a Presidente de la República fuesen
obligados por decreto, a pasar un curso especial donde se les enseñe buenos
modales, buena conducta, trato amable y cortés con todas las personas
Erasmo [email protected]
Desde que tengo uso de razón no he visto un solo presidente -corríjanme si estoy equivocado- que se haya caracterizado por sus buenos modales y buenas costumbres, y sobre todo por su trato amable y caballeroso con todas las personas, independientemente de su origen social.
Más bien tenemos que decir que todos los presidentes que han gobernado este país, por lo menos durante los últimos 50 años, se han caracterizado por su prepotencia y desprecio a las clases sociales más humildes, una vez que se han llegado a entronizar en el poder gracias al pueblo pobre que les dio su voto con la esperanza de mejores oportunidades para salir de la pobreza que los agobia.
Como una excepción de lo expuesto anteriormente, debemos reconocer los esfuerzos que realizaron el Dr. René Schick y Doña Violeta Barrios de Chamorro por ganarse la simpatía del más necesitado; sin embargo, hoy en día, como todos sabemos, la brújula ha girado 180 grados en materia de relaciones entre el pueblo nicaragüense y el Ejecutivo.
Ante esta realidad, lo ideal sería que todos los candidatos a Presidente de la República fuesen obligados por decreto, a pasar un curso especial donde se les enseñe buenos modales, buena conducta, trato amable y cortés con todas las personas, profundos valores morales, honestidad, sensatez, responsabilidad, y sobre todo saber aceptar con humildad sus errores y buscar cómo enmendarlos para fortalecer la credibilidad ante sus electores, y comprometerse solemnemente ante nuestro sufrido pueblo a dedicar la mayor parte de sus esfuerzos, a la búsqueda incansable de soluciones a la pobreza y miseria en que se encuentra sumergido, hasta hoy, sin ninguna esperanza de mejoramiento.
Como es lógico, todo curso tiene una evaluación final, y aquellos alumnos, candidatos a futuros presidentes, que resultaren con las mejores calificaciones serían recomendados por la escuela al pueblo nicaragüense, como los candidatos más idóneos a cumplir con las promesas que hacen a los votantes en sus campañas electorales, entonces sí, el pueblo tendría un norte para decidir por la calidad de las personas y no por consignas partidarias con un mejor margen de seguridad en una acertada selección acorde con sus verdaderos intereses y necesidades.
Si no es posible echar a andar esta escuela en la práctica, los futuros candidatos a Presidente de Nicaragua tienen la última palabra en materia de honestidad y sobre todo de humildad, para generar confianza entre la población que es la que en última instancia habrá de decidir los destinos de Nicaragua en las próximas elecciones presidenciales, partiendo de la premisa de que no habrá fraude electoral.
El autor es Ingeniero Agrónomo.