Fox ¿Fox?… ¡Foooox!

  • El PRI cayó por su propio peso; por el de la
    incompetencia,
    la prepotencia,
    la corrupción y el abuso
    ostensible de riqueza y poder

Federico Dueñas de la Peña

Merecida y ansiada fiesta cívica nacional para mi sufrido y amado México. El candidato a la Presidencia por el Partido Acción Nacional (PAN), Vicente (Chente) Fox Quesada, derrotó al poderoso oponente priísta, Francisco Labastida Ochoa. El anónimo elector, al saber que su voto sería limpio no desaprovechó la oportunidad para “pasarle la factura” al partido que prácticamente lo ha hundido en la desesperación económica, con más de cincuenta millones de aztecas en la miseria y de ellos más de veinte millones en la miseria extrema.

El PRI cayó por su propio peso; por el peso de la incompetencia, la prepotencia, la corrupción y el abuso ostensible de riqueza y poder. Fueron más de setenta años de férrea imposición, de miedo y de represión los que el pueblo mexicano sufrió impasible y temeroso al binomio PRIgobierno. El presidencialismo, el repugnante dedazo y sus terribles consecuencias para la ciudadanía, por fin van a pasar a la historia. El pueblo ejerció su supremo derecho, votó y eligió libremente a sus nuevos gobernantes. Esta alegría es difícil de que quien no sea mexicano la pueda celebrar con el gusto que lo estamos haciendo, no sólo los que residen dentro del país sino también los más de quince millones que vivimos fuera de la Patria.

Doy públicas gracias al Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, porque sin su fundamental y decidida actuación este fasto acontecimiento que estamos celebrando, no se hubiera llevado a cabo. Zedillo, para mí, desde que sustituyó a Luis Donaldo Colosio por influencias de Joseph Córdoba Montoya ante Carlos Salinas, no era un político priísta tradicional, era un técnico dócil, gris e inteligente, pero con la atrofiada personalidad del burócrata enajenado, quien se asustó pues sabía que tenía las agallas suficientes para ser el líder de una nación de la magnitud política de México.

Zedillo no era priísta antes del asesinato de Luis Donaldo, se tuvo que hacer a la fuerza al asumir la Presidencia, pero de hecho se distanció de la clase política tradicional, concentrándose en sus jóvenes protegidos tecnócratas egresados de universidades extranjeras, los que crearon un abismo entre técnicos y políticos que redundó en bandos difíciles de reconciliar. Cuando Zedillo se dio cuenta de que el PRI se le resquebrajaba, quiso dar marcha atrás y desdecirse de que “se había cortado el dedo”, apoyando abiertamente con recursos del Estado a su candidato Labastida, pero ya resultó demasiado tarde. La campaña de Fox surtió el efecto esperado y el votante perdió el miedo otorgando su apoyo al PAN en las urnas.

“Chente” Fox ganó, su partido arrasó a nivel nacional, pero su tarea será peor que “Los Trabajos de Hércules”, con la diferencia de que aquí no hay Zeus que valga. La oposición será tenaz y sin cuartel con un PRI agredido y con deseos de recuperar el poder (como en Chihuahua) y un PRD controlado por un amargado e inescrupuloso Cuauhtémoc Cárdenas como fiel de la balanza en el Senado y en la Cámara Baja.

La ardua transición a la democracia del sexenio de Fox estará llena de contrariedades si aplica lo medular de lo prometido en su campaña electoral. Una cosa son las promesas de campaña y otra muy distinta cuando se está en el poder.

Tengo fe de que a Fox no lo deslumbre la silla presidencial y que su ejercicio será de básica depuración de la cosa pública, que se reduzca la inseguridad a niveles aceptables, que el narcotráfico y la corrupción desaparezcan del Estado, que haya trabajo efectivo para el 1.3 millones de jóvenes que anualmente se incorporan al desempleo de la nación, que los emigrantes ya no causen lástima en los Estados Unidos ni mueran en el intento de cruzar la frontera. ¡Viva México democrático!   

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí