GERARDO BRAVO M.Especial para LA [email protected]
En una humilde casa de Sutiaba, en León, una mujer madura contempla la fotografía de su hijo y llora. Y con razón. Desde hace 40 años no sabe absolutamente nada de él. Para Rosa Amelia Anduray B., este desconocimiento de la suerte de su hijo es una herida que se ahonda con el tiempo.
La tragedia de su vida se inició en el mismo instante que conoció a Manuel Díaz, quien llegó a la ciudad de León a realizar unos trabajos en su campo, la construcción.
Doña Rosa evoca dolorosamente los primeros momentos al lado del que penso sería su compañero de toda la vida. “El amor lo vuelve a una ciega”, parece recriminarse.
Pero de ese amor resultó un hijo, Ernesto Enrique, el que paradójicamente fue factor de desunión, pues a raíz de su nacimiento fue abandonada por el padre de la criatura. El tiempo transcurrió y un día del año de 1960 ó 61, doña Rosa no recuerda muy bien la fecha, se apareció de nuevo en su vida el padre de su hijo.
“Mi madre me decía que le prestara el niño a su padre, pero yo tenía un mal presentimiento. La respuesta que siempre le daba era que no”, asegura.
Los problemas que tuvo doña Rosa con el padre de su hijo llegaron a tal extremo que una vez ambos pelearon en media calle por el hijo que ella cargaba en brazos. “Pistola en mano me amenazó, en ese entonces yo vivía por la Calle Real. Peleamos pero no pudo llevarse al niño”, dice ella.
Pero Díaz no estaba dispuesto a dejarle el niño a Rosa y cambió de táctica. A través de su padrino, un señor de nombre Julio Martínez, empezó a pedirle que le prestara el niño, lo que junto a la insistencia de su madre fueron minando su voluntad hasta que un día accedió a prestárselo.
“Como sólo era por un momento, al niño se lo envié con la mudadita que tenía puesta la cual recuerdo que era unos pantaloncitos chingos y de color celeste, zapatos negros con unas hebillas y la camisa era blanca” rememora doña Rosa.
A partir de ese momento no volvió a ver a su hijo. Empezó su búsqueda con el apoyo de una prima que en la actualidad vive en Costa Rica. Los únicos que sabían dónde se encuentra el hijo de doña Rosa ya murieron y con ellas las esperanza de encontrar a su hijo.
SE VUELVE A CASAR
Ella pasó 12 años sola, ya que la experiencia con su primer amor fue dolorosa pero después de ese tiempo se juntó con otro hombre y con él procreó 5 hijos.
“Soy una mujer con tan mala suerte que del padre de mis otros hijos me tuve que separar hace 3 años por que tomaba mucho licor y maltrataba a sus hijos”, dice.
A mis hijos siempre les hablé que tenían otro hermano y que algún día lo vamos a encontrar. Ellos están de acuerdo en que busque a Ernesto Enrique, ya que también lo quieren conocer, agrega.
Lo último que sabe es que su hijo supuestamente trabaja en Julio Martínez, pero en los talleres de mecánica, como enderezador y pintor de vehículos.
“Lo que recuerdo de mi hijo –dice doña Rosa- es que es algo picudito, de orejas grandes igual que yo, de piel morena, pelo liso”.
Doña Rosa Anduray, en la actualidad vive en Sutiaba, de donde fueron los talleres de la Ford ocho cuadras al norte, una cuadra al oeste y 20 varas al norte.