- La contienda ha sido impresionante,
los dos principales candidatos a la
Presidencia llegaron prácticamente
empatados en los sondeos más serios de opinión pública
Federico Dueñas de la Peña
Mañana domingo 2 de julio será decisivo para el futuro democrático de los mexicanos. Más de cincuenta millones de ciudadanos en un territorio de 2 millones de kilómetros cuadrados, ejercerán su supremo poder cívico de manera personal en las urnas electorales y decidirán sobre el gobierno de la nación durante los próximos seis años.
La contienda ha sido impresionante, los dos principales candidatos a la Presidencia, Francisco Labastida Ochoa por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que ha gobernado por más de 70 años; y Vicente Fox Quesada por el Partido Acción Democrática(PAN), el partido de oposición más antiguo de México, llegaron prácticamente empatados en los sondeos más serios de opinión pública. Cada uno de los candidatos afirma estar entre tres y cinco puntos arriba de su oponente. Pero sólo el voto indicará hoy quién ejercerá la presidencia azteca el primero de diciembre del 2000.
Si la elección resulta reñida y los “suspirantes” por la silla presidencial lo impugnan con pruebas contundentes, puede marcar el inicio de la inestabilidad política del país. Ahora bien, si el voto favorece con más de cinco puntos al candidato vencedor, el perdedor tendrá que aceptar la derrota públicamente a menos que surjan evidencias claras de fraudes o manejos sucios dictaminados por el Instituto Federal Electoral (IFE).
El temor del PAN se basa en su amplia experiencia de las mil y una marrullerías del PRI para alzarse con la victoria electoral. El PRI es, desde que terminó la lucha armada en el país, el partido que mantiene la hegemonía en el poder y la gran “familia revolucionaria” tiene poderosos arraigos económicos en toda la nación, muchos de ellos producto del saqueo y la corrupción que difícilmente estarán dispuestos a perder si el PAN obtiene la presidencia.
Por otro lado el PRI-Gobierno ya dio lo que tenía que ofrecer. Tuvo aciertos pero hizo más desmanes. Los bien llamados PRIsaurios ya no están al día con la realidad política, económica y social del México del 2000. El mismo PRIgobierno es el que ha creado el cultivo de su destrucción, y, a menos que triunfe el “voto del miedo”, como sucedió en el 94 cuando Ernesto Zedillo ganó las elecciones, es muy probable que el país estrene un nuevo gobierno.
Labastida ofrece un cambio, un nuevo PRI, dice que su gobierno será distinto y superará los vicios del pasado. Pero si él que ha estado dentro de ese gobierno por más de treintiséis años no ha hecho mucho ¿quién puede creerle?
El aparato del PRI es muy grande y hay mucho que perder con los cambios. El asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta es una prueba de que el PRI no tiene intención auténtica de cambio. Su nivel de credibilidad es muy bajo a pesar de haber gastado millones de dólares en su intensa campaña por toda la república.
El nuevo gobierno, Chente Fox lo vislumbra como una transición hacia la democracia que permita a las distintas corrientes políticas aportar sus conocimientos y experiencias en bien de la nación bajo un gobierno honesto e incorrupto. Se aboliría el presidencialismo fuerte y el gobierno se basaría en el poder de los Municipios, de allí a los Estados y finalmente hacia la Presidencia.
Suena interesante. Ojalá que, de ganar, lo lleve a cabo.
Quien escribe, con la experiencia de tantos candidatos que cuando se postularon ofrecieron las mil maravillas y cuando se sentaron en el poder crearon un imperio nepótico en beneficio de sus cortesanos, ya no cree en los políticos actuales, ni de allá ni de aquí.
Lo que no pueden soportar mexicanos, observadores internacionales ni los países democráticos es que haya fraude. México será observado minuciosamente mañana. ¿Y en Managua? …¡Pregúntome yo!. ¿Habrá agua, o seguiremos añorándola?
El autor es empresario privado.