Diálogo, ¿para engañar a quién?

  • Si el diálogo no es para enmendar el
    autoritarismo y el uso abusivo de las
    leyes y de los recursos del Estado
    ¿para qué servirá entonces?

Mario Alfaro Alvarado

Una vez más el tan traído y llevado diálogo, es elogiado con exageración por los que creen o fingen creer en él como un medio para resolver los ingentes problemas de este desventurado país. El gran patrón llama a dialogar y espera que todos le obedezcan ¿todos?.

Flanqueado por Su Eminencia el Cardenal y tres funcionarios internacionales, uno de la OEA, otro de la ONU y otro del programa COMPES, con una solemnidad que ya no impresiona, el gran patrón prometió que esta vez no habrá “pactismos oportunistas ni prebendarios”, advertencia innecesaria porque el único diálogo en que hubo oportunismo y prebendas es el que condujo al pacto Alemán-Ortega.

¿Qué saldrá de este otro diálogo que no hubiera podido obtenerse del de 1997? ¿Es que acaso necesita el gobierno un diálogo para castigar a los culpables de los “checazos”, para tratar de recuperar algo de la confianza perdida ante la población y para comprometerse sin dolo ni embuste a combatir la corrupción?

La incondicionalidad de la Asamblea Nacional; la adhesión sumisa y cómplice de la Contraloría Colegiada, con la salvedad de uno solo de sus miembros; la incapacidad e inoperancia de la Corte Suprema de Justicia que mantiene congelados unos doscientos recursos de amparo, a la vez que se torna ágil, diligente y servicial cuando es el gobierno el que se ampara contra las acusaciones de sus víctimas; las maniobras del Consejo Supremo Electoral para suprimir del panorama electoral a los candidatos que pueden hacerle competencia en las urnas electorales a los candidatos del pactismo ¿no se podría arreglar todo eso sin recurrir a un diálogo?

Si el diálogo no es para enmendar el autoritarismo y el uso abusivo de las leyes y de los recursos del Estado ¿para qué servirá entonces? ¿Hay algo que propondrá el gobierno, fuera del alcance de la imaginación popular, que justifique este nuevo diálogo? ¿Por qué, mejor, no se cumplen los 112 acuerdos del diálogo de 1997 y ya con eso el país tendrían bastante?.

¿Cuál será el rol de la alta jerarquía de la Iglesia, de la ONU, de la OEA y del CONPES en esta nueva jornada dialoguista; harán el papel de convidados de piedra, de testigos, de garantes o de meros observadores, y después, si todo resulta como la vez pasada, en qué quedará la solemnidad, el prestigio y la respetabilidad que esas instituciones perderán ante el pueblo nicaragüense, para el cual ya no cabe una opción más en espera de soluciones que nunca llegan?.

Ni dudar que muchos asistirán al diálogo, pero no lo harán por convencimiento sino por temor. Son las organizaciones civiles sometidas a la coerción gubernamental, son los empresarios permanentemente amenazados por el terrorismo fiscal, son los contratistas y los proveedores del Estado para quienes no habrá más compras ni contratos si no asisten al llamado autoritario del gran patrón.

Una cosa es bien clara, obtendrá la opinión pública nacional e internacional y es que con este diálogo se sabrá cuáles son las entidades y las personas independientes en este país, que por eso mismo no asistirán al sainete.

El decorado de la escena dialoguista, será un decorado poco tranquilizador porque además de lo que ha sucedido antes, todavía quedan muchas otras cosas por suceder. Aún no se han examinado todos los checazos y no se sabe el monto de la defraudación al tesoro nacional. La corrupción, el encubrimiento, el derroche gubernamental, la crisis en la producción, la miseria en los campos y ciudades, el desorden administrativo, la voracidad de la burocracia, el deficiente manejo de la ayuda externa que sirve muy bien a los burócratas mientras a los productores les entregan migajas. Este es el telón de fondo del escenario en que el gran patrón ha llamado a dialogar.

Cómo esperar que el pueblo confíe en un diálogo si ven amenazadas las elecciones, si sigue pendiente el peligro de la constituyente y detrás de ella la reelección y la prolongación del pacto libero-sandinista con todas sus secuelas.

Habrá diálogo porque lo exige el patrón, porque asistirán los que viven atemorizados por el gobierno; y mientras se dialoga, seguirá su curso la preparación del fraude electoral. No será necesario sustituir votos ni alterar los resultados, basta con inhibir a los candidatos y rechazar las firmas de los partidos políticos. Así Alemán y Ortega serán dueños absolutos de las elecciones.

El autor es periodista.   

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