Muerte lenta en el Cocibolca

  • Nuestro Gran Lago
    ha perdido y
    sigue perdiendo salud y
    especies. Es claro que los tensores ambientales ya
    están produciendo
    resultados desafortunados

Salvador Montenegro G.

El muy delicado proceso que llamamos “vida” está organizado con diferentes niveles de complejidad, desde la simple organización unicelular hasta la biosfera, quedando los ecosistemas en algún punto medio. La principal característica de esa organización, sea simple o compleja, es la interactividad con el medio o entorno en que se desarrolla el proceso. La vida aislada del medio no existe. Hasta los virus aislados de su sustrato quedan desactivados, o no-vivos. Ante cada cambio en el ambiente, se producen respuestas. Ante cambios negativos, puede comprenderse fácilmente que habrá respuestas de igual tipo. A veces, los cambios o modificaciones ambientales introducidos no se perciben como dañinos con claridad, aunque la respuesta sea muy evidente. La desaparición de especies de plantas y animales nicaragüenses, es una triste consecuencia de estos cambios.

Hemos observado la paulatina disminución del depredador cimero en el Gran Lago, el “tiburón de agua dulce” Carcharinus leucas, orgullo de tantos nicas. Poco a poco especies exóticas y agresivas como la introducida y descontrolada tilapia africana han usurpado el trabajo o nicho ecológico desempeñado por variadas especies nativas de peces, simplificando mucho las relaciones ecológicas entre peces y otros organismos.

En la naturaleza, quien queda sin trabajo ha perdido el juego, y reduce el tamaño de su población hasta volverse insignificante o desaparecer. La buena salud ecológica de un cuerpo de agua se estima con la variedad de organismos —biodiversidad— y los números o densidad poblacional de organismos de cada especie. Donde hay tensión ambiental, hay pocas especies (baja biodiversidad) y muchos individuos de esas pocas especies. Nuestro Lago Cocibolca claramente ha perdido y sigue perdiendo salud y especies. Es claro que los tensores ambientales ya están produciendo resultados desafortunados.

Entre estos tensores, junto con la deforestación, su consecuente erosión, el aporte municipal de desechos sólidos, aguas negras, y vertidos industriales, se encuentra la llegada de sustancias tóxicas al agua, residuos de agroquímicos o plaguicidas muy venenosos, que afectan a los seres vivos acabando con individuos y sus poblaciones. Es conocido que el contenido de residuos de plaguicidas afecta a los humanos causando envenenamiento general y muerte inmediata, o intoxicaciones de bajo nivel que originan cáncer, malformaciones congénitas, mutaciones, y otras dolencias. De manera similar estos residuos afectan a otros organismos, peces incluidos. El Lago Cocibolca es una sopa gigantesca de residuos de las aguas negras de las ciudades que lo rodean, sus desperdicios sólidos y líquidos, mezcla de combustibles de petróleo, residuos de agroquímicos aportados por una cuenca enorme que escurre los venenos usados en cultivos nicaragüenses de caña de azúcar, arroz, sorgo, palma africana, y la agroindustria que se encuentra en suelo costarricense como cítricos, ‘macadamia’, bananos y muchos otros. En las aguas y sedimentos del Lago de Nicaragua y el Río San Juan se encuentra la evidencia del uso de cócteles de alta toxicidad en su cuenca binacional. Si uno vive en una sopa de tóxicos como ésta, acaba envenenándose.

El autor es biólogo acuático. Director del CIRA.   

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