Paradigmas

El Día del Maestro se celebra hoy en Nicaragua en memoria del maestro de escuela rivense Emmanuel Mongalo Rubio, quien el 29 de junio de 1855 incendió el mesón de Rivas, donde se habían atrincherado los filibusteros de William Walker y facilitó la derrota de los invasores, que se dieron a la fuga perseguidos por las fuerzas patrióticas nicaragüenses. Sin embargo, la celebración del Día del Maestro es para exaltar su labor educativa y las virtudes cívicas de su trabajo.

En Nicaragua hubo educación desde poco tiempo después de la llegada de los españoles. Sin embargo el maestro nicaragüense existe como tal sólo a partir de los años 30 del siglo 19, cuando se dictó el primer reglamento de enseñanza en todos sus grados y se oficializó el ejercicio de la profesión magisterial. A partir de entonces los maestros se hicieron acreedores a una singular consideración social, y llegaron a gozar entre la población el mismo ascendiente moral de sacerdotes y médicos.

De manera que además del reconocimiento histórico a la hazaña patriótica de Emmanuel Mongalo, Nicaragua ha honrado también al gran maestro del siglo 19, Gabriel Morales, considerado como el paradigma del educador sabio y humilde que se consagró al apostolado de la enseñanza. (Por cierto que todavía hoy queda un recuerdo físico del “Maestro Gabriel”: los restos de su monumento ubicado en el antiguo Parque San Antonio, de Managua, donde la Alcaldía del Dr. Arnoldo Alemán levantó un monumento a las víctimas del terremoto de 1972).

En el siglo 20 Nicaragua ha honrado a maestras y maestros eméritos, como Josefa Toledo de Aguerri, Elena Arellano, Miguel Ramírez Goyena, Modesto Armijo, Eloy Canales, Fidel Coloma, Leonor García de Estrada, Pedro J. Quintanilla, Clementina Cabezas, Pedro Conrado Gómez y otros, todos fallecidos; así como a Julio Hernández, Guillermo Rothschuh Tablada, Digna Zamora, Aura Lina Salazar, Guillermo Rosales, Azucena Armijo, Elba Alvarez, Adelina de Rosales, Mercedes Campos de Martínez, Ramón Chow, Victoria Noguera Moreno, Orlando Castillo Rodríguez y muchos otros que aún viven, y algunos de ellos siguen educando y formando a las nuevas generaciones de nicaragüenses.

En los últimos tiempos, a partir del gobierno sandinista de los años 80 que trastocó muchas tradiciones positivas de los nicaragüenses, como por ejemplo la de rendir culto al civismo, los maestros dejaron de ser considerados como apóstoles de la enseñanza. Los maestros fueron convertidos en sujetos de la lucha de clases o de la solidaridad social, exclusivamente, y por consiguiente la celebración del Día del Maestro se transformó en una jornada de combate revolucionario y de luchas reivindicativas de carácter material.

En realidad, las maestras y maestros de Nicaragua son pésimamente remunerados. El Estado no reconoce todo lo que ellas y ellos se merecen en materia de salarios y prestaciones sociales. Sin embargo, a pesar de las dificultades económicas en que se han desenvuelto, los dos gobiernos de la transición democrática (de Violeta Barrios de Chamorro y de Arnoldo Alemán Lacayo), pudieron aumentar el salario de los maestros varias veces por encima del nivel en que lo dejó el sandinismo (además de otros beneficios materiales como los que se derivan de la autonomía escolar), lo que nunca ocurrió durante los 10 años de gobierno del FSLN, cuando los maestros devengaron los peores salarios de su historia.

En términos generales, la remuneración de los maestros es básicamente igual que la de todos los gremios profesionales y laborales del país. El régimen de autonomía escolar no beneficia todavía a todos los educadores de los centros de educación media, y mucho menos a los de primaria. Pero nadie, independientemente de lo que piense de los dos gobiernos democráticos (de Violeta Chamorro y Arnoldo Alemán), puede negar que éstos se han preocupado por mejorar la situación económica y social de los maestros.

En todo caso, la dignidad y la grandeza de los maestros no depende sólo de sus salarios. Ellos son acreedores al cariño de la sociedad por lo que hacen, por su dedicación a formar a las nuevas generaciones en las virtudes del civismo, del culto al trabajo y el respeto a la libertad.   

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