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La certificación de bosques, que permite la explotación de madera y sus derivados de forma racional y sin perjudicar personas ni comunidades, podría ser la alternativa económica para los suelos nacionales con vocación forestal.
En ese planteamiento se basa la Iniciativa Nacional de Certificación Forestal Voluntaria, que promueve un buen manejo de los bosques, actividad que se desarrolla con muchos obstáculos en el país.
Jaime Guillén, director de Nicambiental, organización que está al frente de la Iniciativa, dice que “en el caso de Nicaragua, la traba principal es que existe un marco jurídico y normativo que no facilita a los productores forestales que hagan su trabajo, a como lo hacen un ganadero o un productor agrícola”.
Guillén considera que los trámites son engorrosos y desmotivan la actividad forestal. “La gente cuando ve que ser productor forestal le es tan difícil bota el bosque o siembra maíz o pasto”, explica.
Nicaragua cuenta con una cámara forestal que agrupa a empresas grandes de Nueva Segovia, la RAAN y la RAAS, pero además hay una buena cantidad de pequeños productores que han optado por la producción forestal.
Christian Vallejos, coordinador para América del Consejo de Manejo Forestal (cuyas siglas en inglés son FSC), explicó que en el mercado internacional hay una demanda de productos de bosques certificados, que sobrepasa la oferta.
En Europa y en Estados Unidos hay interés en adquirir madera aserrada, muebles, papel proveniente de un bosque bien manejado, que no destruya el ambiente.
Toda Centroamérica, excepto El Salvador y Nicaragua, tiene bosques certificados.
Pese a que Nicaragua no cuenta con una Ley Forestal y a que los trámites son lentos y tediosos, Guillén asegura que posiblemente el próximo año se certifique el primer bosque, que podría estar en Nueva Segovia, donde hay muchos productores forestales.