- “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen; y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”
Eduardo García Herdocia
A mis 23 años me siento con el deber y la obligación de retribuirle algo a mi querida Nicaragua. Hace tanto que espero el país soñado por todos, pero qué dolor me da el saber que nicaragüenses busquen la destrucción y no el porvenir de esta gran nación pobre económicamente, pero rica en fe y en amor a Dios.
Siempre he comparado a Nicaragua como el pueblo escogido por Dios: Israel, ya que hemos sido un pueblo que ha sufrido tanto, un pueblo esclavizado por gobernantes que en su afán de poder nos han llevado a la miseria, un pueblo donde el hambre ya no es hambre sino dolor, pero también comparo a Nicaragua con Israel porque sé que es una tierra amada por Dios, una tierra que Dios ha escogido como luz del mundo, una tierra en la que no sólo hay un justo, ni mil, ni diez mil, sino mucho más.
Recientemente vi una de las tantas películas de la vida de Jesús, en una versión moderna, que me impactó grandemente y principalmente cuando Jesús se encuentra en el huerto de Getsemaní y se retira a orar sabiendo que llega la hora de su muerte, en ese instante aparece el Diablo tentando a Jesús tratando de impedir que éste cumpla con el plan de Dios, éste le decía que su muerte sería en vano y empezó a presentarle imágenes de cómo sería el mundo en la actualidad, principalmente sobre la pobreza, pero Jesús en la película respondió: “En el mundo no existen todos estos males porque Dios quiera sino porque hay hombres que por su afán de poder no comparten lo que a ellos les sobra y a otros les falta”.
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen; y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. (Mateo 6, 19-21).
Quiero hacerle un llamado a los gobernantes actuales y a los futuros, pidiéndoles que piensen en Nicaragua, que su labor principal sea servir a Nicaragua, si Jesús siendo Dios vino a humillarse hasta el extremo y ser el menor de todos, ¿por qué nosotros no lo hacemos siendo humanos? Les pido en nombre de los jóvenes católicos que busquen primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura, y no el poder y el dinero que al final todo será polvo.
Recuerden mandatarios y servidores del pueblo que la soberanía nacional reside en éste y que a ustedes gobernantes les compete luchar por la paz y establecer un orden internacional justo y promover y garantizar los avances de carácter social y político para asegurar el bien común como lo manda nuestra Carta Magna.
El autor es egresado de la carrera de Derecho.