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Lo normal de la vida es irla dejando. Suele ser un proceso gradual. Por eso, cuando los fallecimientos se juntan, al dolor se une el golpe de lo no esperado. Así ha pasado en el mundillo del béisbol, donde por mucho tiempo contamos con varios sobrevivientes de las primeras selecciones de beis, y en poco tiempo dos de los pioneros nos han dejado.
Se trata de Francisco “El Zurdo” Dávila, y ahora Rodolfo “Vigorón” Marenco.
Marenco jugó contra los Cueto Cubs en 1933, y el acucioso cronista Francisco Pavón acaba de dar a conocer que otro integrante de ese San Fernando, el lanzador Goyito González, falleció el 15 de abril a los 104 años de edad. Por haber participado ambos peloteros en el juego contra el Cueto Cubs publicamos aparte el box score.
Gracias a Javier González y Julio Miranda, pudimos recabar información sobre “Vigorón”, que se mantenía en buena salud hasta el accidente que le costó la vida.
“Yo hago ejercicios diariamente”, nos decía con orgullo en aquella reunión en la Radio 580 en noviembre. Nacido en 1910 (“puro Monimbó”) Rodolfo Marenco Maltés se estableció en 1930 como short del San Fernando, aunque es posible que haya sido admitido a las prácticas antes de eso. “Llegué a los 15 años”, me dijo en aquella ocasión.
Jugó con el “Capitán Delgadillo” de Masaya en 1937 bajo la dirección del dominicano Fernando Vicioso, perdiendo la final ante el equipo de Granada.
Fue de los integrantes del famoso Esfinge, de Granada, donde formó una excelente llave de doble play con el short Chacoteo Alvarez pasando él a la intermedia. Con el Esfinge viajó a México en 1935 por lo que no integró la selección de Nicaragua en los juegos Centroamericanos y del Caribe de El Salvador.
Fue escogido para los juegos de Panamá en 1938 pero no pudo participar porque se le inflamó una pierna. Por fin en 1939 fue parte de la selección de Nicaragua que participó en su primera Serie Mundial, la segunda, celebrada en La Habana en 1939. En dos juegos, uno jugado completo en la intermedia, bateó de 4-1 (.250, el mejor promedio de los jugadores de cuadro). Por andar en otros equipos no pudo ser parte del primer San Fernando campeón de 1942 que tenía a Rigoberto Bermúdez en el short y José
Paladino en segunda. Siempre “muy orgulloso de su guante” regresó al San Fernando para quedarse en 1943.
Su papá Don Rodolfo Marenco tenía un estanco donde vendía un jarabe llamado “Vigorón de Caña”. Al tónico por lo tanto y no a la comida debía Marenquito su mote famoso. Le sobreviven sus hermanos Carlos, Roberto y Ana Rosa. Tuvo 17 hijos varios de los cuales viven en Estados Unidos, de ellos 10 fueron con su primera esposa. Marenco se labró una vida aparte del béisbol; fue pintor de brocha gorda participando en la construcción por ejemplo, del Campus Médico en León, así como edificios en Managua, Masaya y San Marcos.
Evolucionó hasta convertirse en pintor primitivista de mucha fama. En particular gustan mucho las iglesias que retrató Vigorón en sus cuadros.
Alfredo “Chiquirín” García consideró a Rodolfo Marenco superior en segunda a Carlos “Cachiro” Quiroz. Podemos estas seguros de una cosa: tuvo unas manos prodigiosas, tanto como para jugar béisbol como para manejar el pincel. Descanse en paz el artista de la intermedia Rodolfo “Vigorón” Marenco.