Educar al soberano

  • Si no se educa al soberano, como aconsejaba Sarmiento, la libertad es una ficción y
    la democracia, una farsa

LUIS SANCHEZ [email protected]

Este artículo no tiene que ver con la educación del gobernante de Nicaragua, como pudiera parecer, sino con la del gobernado. Se refiere a la expresión del pedagogo, periodista, escritor y estadista argentino del siglo pasado, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), acerca de la imperiosa necesidad de “educar al soberano”, o sea, preparar al pueblo para que pueda elegir a gobernantes capaces y honrados.

(De formación autodidáctica, Sarmiento fue uno de los hombres más sabios e ilustrados de su época. También fue brillante y ejemplar político: diplomático, senador, ministro, y Presidente de la República de Argentina de 1868 a 1874. Su libro “Facundo” es conocido y estudiado en todos los países de habla hispana).

La idea de Sarmiento tiene permanente validez, sobre todo en países donde la democracia es aún incipiente o ha sido deformada por gobernantes insuficientemente democráticos. Es decir, donde “el soberano” no tiene la educación adecuada para bien escoger a sus líderes gubernamentales. Como es el caso de Nicaragua, sin lugar a dudas.

La educación es por sí misma prioritaria. Sin educación ningún país puede crecer económica y socialmente. Una población educada trabaja más y mejor, aumenta la productividad, crea más riqueza. Tienen razón quienes aseguran que la educación no es un gasto, sino una inversión que reditúa provechosamente a la sociedad.

La educación es una condición indispensable para la existencia de la democracia, entendida ésta no sólo como forma de gobierno sino también como un modo de convivencia social.

Sin embargo la educación no produce en la gente, por generación espontánea, una conciencia de democracia y libertad. Es más, el totalitarismo se ha apoyado –y se apoya– en sistemas educativos excelentes y eficientes. Cuba, con su dictadura comunista de más de 40 años, ostenta la mejor o una de las mejores organizaciones educativas en Hispanoamérica.

Que un buen sistema educativo por sí solo no necesariamente sirve a la democracia y la libertad y que más bien puede servir de base al totalitarismo, lo advirtió claramente el pedagogo y filósofo norteamericano John Dewey (1859-1952), en los años 30 del siglo XX.

En realidad, no basta tener un buen sistema de educación y una población instruida. Es necesario también educar para la libertad, cultivar valores y principios cívicos, democráticos, humanistas y éticos. Dicho de otro modo, la educación no sólo debe hacer de las personas mejores creadoras de riqueza material; también debe formar verdaderos ciudadanos, enseñarles a crecer espiritualmente, a cultivar la tolerancia, a escoger buenos gobernantes.

En este sentido son importantes y necesarios los programas de participación educativa. También habría que extender los proyectos y foros de educación para la democracia. Y fortalecer la libertad de expresión y de información, porque los medios de comunicación son ahora los principales instrumentos de la educación popular.   

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