Un gran privilegio de ser maestro consiste en no solo poder enseñarles a generaciones de niños y adolescentes a leer, escribir y calcular, sino también en verlos crecer y poder influir directamente en su desarrollo personal. Es decir, es un gran regalo para una pedagoga, poder ser partícipe al lado de los padres en la educación de estos jovencitos y poder formarlos de acuerdo a un concepto humanista.
Marc-Thomas Bock
La generación muda
Recientemente en cualquier restaurante de Managua: un joven matrimonio con dos pequeños hijos de entre 6 y 10 años están esperando al mesero.
Cuando las leyendas se vuelven vivas
Después de cuatro días de mucho trabajo, en la ciudad de Guadalajara, a mis dos colegas y a mí nos dieron ganas de divertirnos algo. En un taxi nos dirigimos desde nuestro hotel hacia el viejo centro de la metrópolis mexicana, habitada actualmente por siete millones de personas. Estando allí, admiramos la Catedral, el teatro y el bellísimo palacio de la justicia que están remodelados y cuya fachada está siendo repintada en blanco. Finalmente llegamos a la plaza de Pablo Neruda, que se encuentra detrás de la Catedral, donde los vendedores están empacando su mercadería y los limpiazapatos están esperando a su último cliente con el Sol poniente. En los escaparates, la luz de las lámparas iluminan los bellísimos vestidos de boda y la ropa festiva de color blanco y celeste para damas de todas las edades.