La caza del llamado «elefante de Gourma» o «elefante del desierto» se agudizó con la guerra de 2012 y la anarquía reinante en gran parte del país, y ha alcanzado este año proporciones preocupantes.
Cazadores
Cazadores nicas
Con tapones en los oídos, lentes ante sus ojos y escopeta en mano, apunta un cazador. No escucha nada. No ve otro sitio más que el cielo. Vuelan palomas. Son bandadas. Carga y ¡pum! dispara. Nada cae.
Cazadores de autos clásicos
Por la carretera que conduce a Boaco rodaba un camión muy extraño. Chaparrito, cabezón y cuadrado, un rojo “burrito de acero”, hecho en casa. De pronto —historias como esta siempre pasan “de pronto”— un policía de Tránsito alzó su brazo derecho y David Castillo Pacheco se estacionó en una orilla.
Inconformes con pena
La juez de Distrito Penal de Estelí, Elízabeth Corea, determinó que Andrés Pérez Martínez, de 41 años, deberá cumplir 12 años y medio de prisión por haber matado a los cazadores Roberto Agustín Blanco Ruiz, de 31 años y Germán González Benítez, de 41.
¿Cazadores o agricultores?
De acuerdo a Jared Diamond, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la historia humana inició hace unos 9 millones de años cuando la población de simios en el África se dividió en tres; los gorilas, los chimpancés y los humanos. Estos seudohumanos alcanzaron postura erecta hace unos 4 millones de años debutando con el Astralopithecus africanus, seguido por el Homo habilis y por último el Homo erectus que surgió, supuestamente, unos 2 millones de años atrás.
De feroces cazadores a protectores de tortugas
Amador cuenta que, desde muy joven, se iba a pescar con los hombres. El objetivo no era precisamente las tortugas, pero si una aparecía en el camino, la capturaban, debajo de la pata derecha le abrían una herida grande para meter el brazo y le sacaban los huevos del vientre.
Cazadores de curules
Los políticos que no son oficialmente sandinistas (son tan variopintos que ésa es la única manera de agruparlos) demandan todos los días unidad, pero por muy ferviente que sea su llamado, por muy dramática la expresión del rostro y por muy angustiado el tono de voz, no terminan por acercarse un milímetro.