Para avanzar hacia la normalización plena de las relaciones de Cuba con Estados Unidos, el régimen castrista está exigiendo condiciones que más bien podrían ser obstáculos, con el fin de que el proceso se estanque donde está. Al menos eso es lo que opinan analistas cubanos del interior del país.
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Normalización: realidades y excusas
La normalización de las relaciones cubano-estadounidenses subraya debilidades del castrismo, soslayadas por una izquierda en plena algarabía por la victoria sobre la diplomacia norteamericana. Pero es históricamente incuestionable que el castrismo fue el que gimoteó para acercarse a Estados Unidos (EE. UU.). La naturaleza dictatorial y, fundamentalmente, las actividades internacionales castristas, obligaron a EE. UU. a rechazar al castrismo. Finalmente, Obama decidió bajar unilateralmente casi a cero los requisitos para la apertura, cuando Cuba espera un cambio generacional y pide oxígeno, arruinada por su sistema político-económico, dependiente de subsidios extranjeros (ayer la URSS, hoy la tambaleante Venezuela chavista). El deseo castrista, hoy concedido, contradice su permanente propaganda sobre la intrínseca maldad de las relaciones mercantiles internacionales del capitalismo estadounidense. ¿Puede haber contradicción más evidente? Veamos algunos argumentos que celebran “la normalización”.
El chavismo igual que el castrismo
Cuando en los años sesenta el pueblo cubano enfrentó la incipiente dictadura fidelista lo hizo violentamente. Era lógico, Cuba venía de años de lucha contra una dictadura brutal y los cubanos habían aprendido a exigir sus derechos a golpes.
Cuba: Una vida ardua con dos monedas y tres mercados
Recorrer La Habana demuestra que los cubanos que buscan procurarse lo esencial siempre deben embarcarse en un ejercicio matemático: todo deben convertirlo, sumarlo, restarlo. Un juego de encastres, donde prima el arte de la compensación. Porque con dos tipos de moneda circulante y tres clases de mercado, en Cuba, sin álgebra no se sale adelante.
Castrismo depredador
Caracas (AIPE)- Desde su inicio en 1959, el régimen castrista ha procurado expandir su influencia interviniendo de manera sistemática en la política de otras naciones. Ahora bien, ese activismo internacional ha atravesado tres etapas que conviene distinguir: