Cartas al Director

Pero lo que más me indigna es que su mensaje lo envíe a nombre de todos los nicaragüenses, como si él representara a toda Nicaragua, cuando sabe que realmente representa únicamente a un 38 por ciento de una población de más de cinco millones de habitantes, en donde un gran porcentaje del 62 por ciento restante no olvida las atrocidades cometidas por el gobierno de Somoza, llegando incluso a soportar bombardeos similares a los que hoy Gadafi está recetando a su pueblo con tal de mantenerse en el poder, acciones que descaradamente Ortega apoya. No creo que las personas que vivieron esos bombardeos en Nicaragua le deseen algo similar a otras personas, peor aún a un pueblo que se sabe que lucha por su libertad.

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La crisis que recientemente sacudió a Egipto tuvo como desenlace la caída de tres décadas de gobierno represivo de Hosni Mubarak y se constituye en una lección para muchos países en el mundo, incluyendo Nicaragua.

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85 años es un aniversario que todo diario que lo alcanza lo celebra con especial regocijo, pues refleja un tiempo que ustedes lo han vivido y en el que se han escrito variadas historias de luchas y conquistas, de riesgos y ansiedades, de sacrificio por la independencia de las ideas, de la exigencia diaria por que se respete el valor del pensamiento y las expresiones, y por ser el vehículo transparente para que la sociedad viva en libertad y democracia.

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En Egipto la sociedad civil política y de- mocrática demostró al mundo, a los dictadores militares, a los imperios mundiales, que el auténtico poder lo posee el pueblo y no las armas, al destronar con grandes movilizaciones civilistas y patrióticas al dictador Honis Mubarak. Esta novedad para la nueva política del siglo XXI de hacer revolución sin armas es espectacular.

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Los “honorables” magistrados sandinistas de la CSJ y del CSE alegan que la candidatura de su patrón, Daniel Ortega, es legal porque el artículo de la Constitución que se lo impide es inaplicable porque lo estaría convirtiendo en una persona sin los mismos derechos que los restantes 5 millones de nicaragüenses. “Sabia” decisión a favor de Ortega. Pero estos ilustres servidores sólo interpretan las leyes para acomodarlas a favor de su patrón, dejando de lado a las demás personas que tenemos iguales o más derechos que los que puede tener este prototipo de dictador.

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Vivir en democracia permite a los ciudadanos elegir qué tipo de Gobierno queremos y quiénes queremos que nos gobiernen. Y ahí precisamente está nuestro problema: la forma que nos han impuesto de elegir a nuestros gobernantes (solo si lo apoya un partido), y a nuestros representantes, entiéndase “diputados”.

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Impresiona el tamaño del rótulo (uno de varios) ubicado en una de las avenidas de Managua, así como su aterrador mensaje: ¡El día del Juicio Final! 21 de mayo 2011… pero no indica la hora en que va a suceder… Este mensaje que ya había sido anunciado en ocasiones anteriores y también su predicción había fallado, habiendo causado mortales consecuencias para los contumaces adeptos de una secta, ya que el “final” que verdaderamente ocurrió fue la pérdida de su sano juicio, si es que lo tuvieron algún día, habiendo llegado al extremo del suicidio, no sin antes haber hecho testamento y dejado sus bienes a los líderes religiosos que lograron sobrevivir al anunciado fin apocalíptico.

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de eliminar la memorización en sus alumnos, en sus actividades pedagógicas, la fomentan inconscientemente o debido a la falta de preparación pedagógica, que anda por el 50 por ciento de los docentes a nivel nacional.

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El presidente Daniel Ortega siempre habla y actúa como si fuera dueño de la patria. Hay que ver cómo se llena la boca de patrioterismo reclamando a los demás su insano propósito de vender la patria al imperio. Según él, cualquier persona que recibe financiamiento del exterior para proyectos de cualquier tipo es un mercenario, pero él los recibe a manos llenas en nombre del pueblo, a quien no le rinde cuentas de esas enormes cantidades de dinero que se embolsa y maneja como si fueran de él.

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Como muy bien sabemos que para ser uno de los mejores se necesita de mucha disciplina, esfuerzo, sacrificio y un costo grandísimo, este costo representa tiempo que se aprovecha para adquirir mayores conocimientos y dejar de hacer otras necesidades que son primordiales para cada uno de nosotros, a esto se le llama en economía “Costo de Oportunidad”.

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