Somos mientras estamos; renovándonos para revivirnos

Lo más admirable y heroico es sacar fuerza de lo vivido y revivir los días, con el desvelo de que pueda ser el último; sabiendo que la vida es un deber y una obligación, ante la sorpresa de percibir que coexisto.

El amor a Dios y al prójimo van juntos

El cristiano que no ha aprendido este mandamiento básico, es un verdadero analfabeto en la fe. Por eso, San Juan nos dice: “Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn.4,8).

Crueldad con la sororidad

Los conventos y órdenes religiosas se extendieron por todo el mundo cristiano y constituyen hasta hoy uno de los pilares de la Iglesia católica; dedicadas sobre todo, como se ha dicho antes, a practicar la caridad cristiana y la solidaridad humana.

El amor al prójimo

“El que dice que ama a Dios, pero no ama al prójimo, es un mentiroso, pues no puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama al prójimo a quien ve” (1Juan 4,20).

El amor a Dios y al prójimo van juntos

No puede concebirse el amor a Dios sin el amor al hermano. Amar a Dios y amar al hermano siempre van de la mano, están estrechamente unidos. Son un matrimonio sin posible divorcio.

Optar por el amor

Para un cristiano el amor a Dios y al prójimo es una opción y una decisión por creer en Jesús. El amor no es una filosofía, ni una bella teoría, ni tampoco es una ideología.

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