Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Nicaragua y su gobierno sandinista pasaron debajo del radar de la comunidad internacional por años, lo que le permitió al presidente Daniel Ortega construir un autoritarismo progresivo que recién se visualizó tras el estallido social de este abril.
Sin miedo se acabó el modelo de gobierno que a usted le gusta. ¿Cuántas personas más tendría que matar, comandante Ortega, para reinstalar el miedo que se perdió el 18 de abril?
Como vemos con un ejemplo histórico, Anastasio Somoza Debayle pudo irse de otra manera, de una forma más digna y menos sangrienta.
La represión judicial orteguista llevará al máximo la mentalidad orwelliana del régimen, los inocentes serán los culpables, las víctimas serán los agresores y cuando se reclame en el dialogo, la respuesta será: ustedes pidieron justicia.
En la historia de las represiones ciudadanas, en tiempos de paz, los Ortega Murillo han superado en violencia homicida a los tres Somoza y a cualquier otro dictador. Zelaya, quien cayó en 1909, jamás mató a un solo manifestante.
La situación de Nicaragua refleja una crisis política y del Estado de Derecho, pero sobre todo pone en evidencia una profunda crisis de los Derechos Humanos.
La chispa, pero solamente la chispa que incendió la pradera, fueron las reformas al Instituto de Seguridad Social (INSS)
Estoy viva porque, de todos los tratamientos que me ofrecieron, escogí aquel cuyas estadísticas de desterrar al monstruo, eran más eficaces
¡Ay! ¡Ay! La patria llorando está. Parecen gritos de parto, los que se oyen por allá. Ningún dialogo tiene sentido sin justicia para estos muertos.
En esta insurrección cívica que aún no termina, hemos visto escenas que jamás se han visto ni en las películas, como la población civil en actitud verdaderamente cristiana y solidaria, devolviendo a los supermercados Palí el botín que los vándalos, a la vista y paciencia de la Policía, se habían llevado a sus casas.