Premiar a los mejores
¿Qué pasaría si se eliminaran del sistema escolar los exámenes y se garantizase a sus alumnos su promoción automática? Posiblemente muchos —sobre todo los más flojos— saltarían de júbilo: adiós angustias; adiós noches de desvelo buscando ponerse al día. Pero después vendría el desplome brutal en los rendimientos académicos.