Exembajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK). Fue destituido como embajador ante la OEA en 2022, después de haber denunciado los crímenes cometidos por la dictadura de Nicaragua. Fue desnacionalizado y actualmente vive en el exilio.
La crisis de refugiados venezolanos es la más grande del mundo con 7.1 millones de personas, esto supera a Ucrania con 6.8 millones, Siria 6.6 millones y Afganistán 2.7 millones. La gran diferencia es que Venezuela no es una zona de guerra o posguerra, sino un país bajo una dictadura viciosa, corrupta y criminal.
El liderazgo de Estados Unidos es transcendental y apremiante ante el fortalecimiento de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, que gustan de los dólares del “imperio”, pero maldicen los principios democráticos y desdeñan la observancia de los derechos humanos.
Los Estados miembros de la OEA, en su abrumadora mayoría, coinciden en que la situación de Nicaragua es demasiado rampante y atroz para ser obviada en este foro hemisférico. Este pequeño, pero relevante gesto, me hace creer que hay luz al final del túnel y que quizás no todo este perdido en la 52° Asamblea General de la OEA.
“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.
Aunque las palabras de Murillo hablan de paz y espiritualidad, lo cierto es que ella personalmente ha desatado una cacería infernal contra la libertad de prensa y la libertad religiosa.
En su primera semana en el poder, el exguerrillero del M-19 se ha alejado mucho de la OEA y se ha acercado demasiado a los gobiernos totalitarios de La Habana y Caracas, y el viernes 12 de agosto no tuvo el liderazgo suficiente para condenar de viva voz a la dictadura de Daniel Ortega en Managua