Los republicanos se movilizaron este domingo para evitar una derrota contundente en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, en las que los demócratas buscan hacerse con el control del Congreso e imponer, por primera vez en los últimos años, un contrapeso político a Donald Trump.
Las encuestas indican que es casi seguro que los demócratas arrebatarán la mayoría a los republicanos en la Cámara de Representantes y que incluso tienen posibilidades de ganar el Senado.
Sin embargo, tras una década en la que Trump ha desafiado las normas políticas y dos años de un segundo mandato en los que ha ignorado sistemáticamente todas las normas, los demócratas siguen inquietos.
«Optimistas hasta el punto de sentir náuseas», describió el senador demócrata Raphael Warnock en la CNN el aire politico ambiente que se respira.
Trump encabezó mítines en Iowa y Kansas, estados donde, en circunstancias normales, su partido debería tener la victoria asegurada sin necesidad de un impulso presidencial.
Además de lanzar afirmaciones alarmistas —como que los demócratas convertirán al país en comunista—, Trump ha prometido entregar 5.000 dólares a cada ciudadano si su partido resulta ganador.
«Me siento bien», declaró a periodistas el sábado por la noche en su exclusivo club de golf en Florida. «Al país nunca le ha ido mejor».
No obstante, Trump es el presidente estadounidense más impopular de las últimas décadas. Si bien sus esfuerzos pueden movilizar a su base más radical de seguidores de derecha, una mayoría creciente le ha dado la espalda.
Un sondeo de NBC News publicado el domingo mostró que el 60% de los estadounidenses desaprueba la gestión de Trump, especialmente debido a los altos precios, agravados por la guerra que mantiene contra Irán desde hace ocho meses.
La votación anticipada ya ha registrado una cifra récord: 53 millones de personas han emitido su voto en todo el país.
— Un freno al poder de Trump —
Una Cámara de Representantes bajo control demócrata impondría verdaderos límites políticos a Trump.
El segundo mandato del republicano se ha caracterizado por una expansión implacable del poder presidencial.
Trump ha derribado incluso parte de la Casa Blanca para construir un salón de baile, ha colocado su imagen en billetes y edificios oficiales, ha desestabilizado la economía global mediante aranceles de gran alcance y ha amenazado con invadir o anexionar Canadá y Groenlandia.
Ganar la Cámara de Representantes otorgaría a los demócratas un poder considerable. Tendrían el control del presupuesto y asumirían la dirección de comités encargados de investigar acusaciones de corrupción, los vínculos de Trump con el delincuente sexual Jeffrey Epstein y otros asuntos explosivos.
La gran incógnita electoral reside en quién ganará el Senado, donde los republicanos tienen una mayoría ajustada. Solo un tercio de los 100 escaños del Senado está en juego en las elecciones del martes, y pocas de estas contiendas se consideraban favorables para los demócratas.
Sin embargo, en estados profundamente republicanos como Texas y Kansas, los encuestadores señalan que las probabilidades de un cambio a favor de los demócratas son reales.
Un Senado bajo control demócrata tendría la capacidad de bloquear los nombramientos judiciales de Trump, especialmente los destinados a la Corte Suprema.
— ¿Aceptará Trump los resultados? —
Dada la importancia de lo que está en juego, estas elecciones de mitad de mandato han registrado un gasto de unos 11.000 millones de dólares en publicidad, gran parte de los cuales provienen de donantes individuales.
Elon Musk, un estrecho aliado de Trump que encabezó el llamado DOGE —una instancia creada por Trump para achicar el tamaño del gobierno federal—, ha aportado casi 500 millones de dólares para favorecer la elección de candidatos republicanos.
Las campañas también se han caracterizado por un lenguaje feroz e insultos; un ejemplo de ello son las reiteradas afirmaciones falsas de Trump, quien calificó a Abdul El-Sayed —candidato demócrata al Senado por Michigan— de «yihadista».
Sobre todo el proceso planea la preocupación de que los republicanos se nieguen a aceptar una derrota, lo que podría desencadenar una crisis constitucional similar al intento de Trump de revertir su derrota en las elecciones presidenciales de 2020 ante Joe Biden.