Lukashenko es conocido como el último heredero de la Unión Soviética. PRESIDENCIA DE BIELORRUSIA

Lukashenko es conocido como el último heredero de la Unión Soviética. PRESIDENCIA DE BIELORRUSIA

Lukashenko, el despiadado dictador de Bielorrusia que se alió con Ortega y Murillo

Es el principal aliado de los Ortega Murillo en Europa y muchos de los métodos de represión transnacional que aplica hoy la dictadura nicaragüense ya habían sido aplicados por Lukashenko en su momento.

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Es conocido en Europa como «el eterno dictador», pero también le llaman «el último dictador de Europa». Alexandr Lukashenko lleva más de tres décadas en el poder. Asumió la presidencia de Bielorrusia en 1994 y, al igual que Daniel Ortega lo hizo en Nicaragua, desmanteló el Estado, reprimió a sus detractores y terminó convertido en un tirano. 

En Bielorrusia, Lukashenko ha encarcelado a líderes opositores y candidatos electorales previo a celebrar elecciones; ha ilegalizado partidos políticos; ha desnacionalizado a detractores y ha expulsado del país a quienes le resultan incómodo. Llama «traidores» y acusa de organizar «un golpe de Estado» a los que se le oponen. Un guion similar al que aplica el régimen Ortega Murillo en Nicaragua. 

«No hay perdón para los traidores. Aquellos que intentaron dar un vuelco al país no tendrán perdón. Los detectamos por decenas y por cientos. Ilegalizamos todas las organizaciones financiadas desde el exterior y que preparaban una rebelión y un golpe de Estado», dijo Lukashenko en noviembre de 2021 tras cancelar a los partidos opositores. 

Alexandr Lukashenko lleva más de tres décadas en el poder. ARCHIVO

Alexandr Lukashenko es el principal aliado de los Ortega Murillo en Europa. Una relación que debe ser vista «con especial preocupación por la comunidad internacional debido al aumento de los casos de represión transnacional por parte del régimen Ortega Murillo, pero también del régimen de Alexandr Lukashenko», valora la experta en relaciones internacionales, Alexa Zamora. 

El 2 de octubre de 2026, Laureano Ortega Murillo prometió en Minsk, la capital bielorrusa, «exclusividad» para las empresas de ese país a cambio de más créditos para Nicaragua. “Con la condición de que exista financiación por parte de Bielorrusia, mantendremos el derecho de exclusividad para las empresas bielorrusas en la construcción y en otros tipos de actividades”, dijo el hijo el hijo de la pareja dictatorial tras una reunión con funcionarios de Lukashenko. 

Además, Laureano firmó un contrato para que Nicaragua adquiriera 247 ambulancias fabricadas por la empresa estatal bielorrusa MAZ. El acuerdo, suscrito durante una visita de una delegación nicaragüense a Bielorrusia, amplió una relación que en menos de tres años convirtió al país europeo en uno de los proveedores de equipos financiados mediante créditos para distintas instituciones nicaragüenses. 

Aunque no divulgaron el valor de las ambulancias ni las condiciones del crédito, la compra podría ser de hasta 64 millones de dólares según detalló LA PRENSA. De acuerdo con medios de comunicación rusos, Nicaragua es el principal comprador de vehículos bielorrusos en América Latina. 

Laureano Ortega Murillo reunido con el Canciller de Bielorrusia, Maksim Ryzhenkov
Laureano Ortega Murillo reunido con el Canciller de Bielorrusia, Maksim Ryzhenkov, octubre 2026. Foto tomada de las redes sociales de la Cancillería de Bielorrusia

Las ambulancias llegaron a Nicaragua el 6 de octubre y El 19 Digital informó que ambos regímenes acordaron ampliar el programa de créditos para financiar más maquinaria y equipos, con posibles aplicaciones en carreteras, hospitales y otros proyectos de infraestructura. 

Laureano, pieza clave 

Nicaragua y Bielorrusia mantienen relaciones diplomáticas desde mayo de 1994, cuando doña Violeta Barrios de Chamorro era la presidenta del país; cuando Daniel Ortega era oposición y organizaba asonadas por cualquier motivo; y cuando Lukashenko aún no había llegado al poder y era un parlamentario de discurso populista con miras hacia la presidencia de su nación. 

Las relaciones entre ambos países comenzaron a tomar fuerza en 2023, después de una reunión entre Laureano Ortega Murillo y el mismo Lukashenko ocurrida en Minsk. De ahí, Nicaragua adquirió maquinaria para construcción, vehículos para la Policía y el Ejército, camiones para las alcaldías y acuerdos en temas financieros y de comunicación. 

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En ese entonces, Laureano fue acompañado por el canciller Denis Moncada y otros funcionarios nicaragüenses, pero en julio de 2024 Daniel Ortega otorgó a su hijo plenos poderes para suscribir una «hoja de ruta» destinada al desarrollo de la cooperación económica y comercial entre Nicaragua y Bielorrusia. 

Esa autorización quedó registrada en el Acuerdo Presidencial 111-2024, publicado en La Gaceta, Diario Oficial. Desde entonces, Laureano Ortega Murillo ha estado al frente de la relación entre Nicaragua y Bielorrusia. 

Laureano Ortega Murillo en Managua junto a Alexander Egorov, Jefe Adjunto de la Administración de Lukashenko. EL 19 DIGITAL

Han sido varias visitas en los últimos años de funcionarios nicaragüenses a Bielorrusia y viceversa. La última fue inicios de este mes encabezada por Laureano, quien estuvo acompañado del presidente del Banco Central de Nicaragua, Ovidio Reyes; el ministro de Industria y Comercio, Erwin Ramírez; el inspector general del Ejército, Marvin Corrales; el diputado Wálmaro Gutiérrez; y otros funcionarios. 

«Bielorrusia ocupa ahora un lugar cada vez más visible en la agenda exterior del gobierno nicaragüense», señala un exdiplomático que solicita no ser mencionado y considera a Laureano Ortega Murillo como «pieza clave» de la relación entre Minsk y Managua. 

«Laureano tiene desde hace un tiempo más poder que los cocancilleres. Es el hijo de la pareja dictatorial y el presunto sucesor. Por tanto, que sea él el que esté al frente de esa relación con Bielorrusia, pero también lo ves con Irán, con China, con Rusia, quiere decir que la familia dictatorial prefiere manejar esas relaciones con cierta cercanía y no se las deja a cualquier funcionario», señala el experto. 

Lukashenko, «el último dictador europeo» 

Aleksandr Lukashenko fue criado por su madre en un pueblo pobre al este de Bielorrusia. En 1975 se casó por primera vez con Galina Radzivonauna, con quien tuvo dos hijos: Victor y Dmitry, quienes han sido funcionarios en su administración. 

A finales de 2004, el dictador bielorruso dio a conocer a su tercer descendiente, Nikolai, de quien por años se desconoció quién era su madre hasta que se descubrió que era un hijo que tuvo con Iryna Abelskaya, su médico personal. 

Algunos medios de comunicación europeos señalan que Nikolai está siendo preparado para ser el sucesor de Lukashenko. En una ocasión visitó al Papa Francisco, se le ha visto participando en ejercicios militares y reunido con Vladimir Putin, a quien en una ocasión le mostró su pistola bañada en oro. 

El mismo Alexandr Lukashenko ha admitido que es autoritario. “Un estilo de gobierno autoritario es característico de mí, y siempre lo he admitido. Hay que controlar el país, y lo principal es no arruinar la vida de las personas”, señaló en una entrevista en 2003. 

Se muestra a sí mismo como un ateo ortodoxo, conservador, que le encantan las motocicletas, que juega hockey y desprecia a los homosexuales. En 2012 dijo a la prensa que “es mejor ser un dictador que ser gay” y anteriormente ya había declarado que: “no me gustan los gays”.  

Lukashenko llegó a la presidencia de Bielorrusia en julio de 1994, después de ganar las primeras elecciones presidenciales en este país tras la caída de la Unión Soviética en 1991. 

«Uno de los factores que provocaron su victoria era que la gente quería algo nuevo en política, pero no cambios que fueran tan dolorosos como los ocurridos en Rusia, y Lukashenko prometía todo a todo el mundo de forma convincente», explicó en 2024 a RTVE, de España, Arkady Moshes, analista del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales. 

Una vez en el poder, a través de reformas y represión Lukashenko desmanteló el frágil estado bielorruso y concentró el poder en la Presidencia, es decir, en él mismo. Desde entonces se ha reelegido en seis ocasiones y ha sido el único presidente que Bielorrusia ha conocido desde que es un país independiente. 

«Era un populista, con su bigote y peinado aparentaba al típico hombre tradicional soviético. Y la gente en esa época tenía un poco de nostalgia por todo lo que representaba la Unión Soviética», declaró a RTVE en 2024 el profesor Konstantin Ash, de la Universidad Central de Florida. 

Lukashenko le regaló un fusil de asalto al dictador norcoreano Kim Jong Un. PRENSA BIELORRUSA

Además, Lukashenko se mostró cercano a Rusia y a Vladimir Putin desde el primer momento. Se aseguró de ser el único interlocutor válido de su país para Moscú reprimiendo tanto a sus detractores como a los grupos ajenos a su partido que también era prorrusos, pero no eran pro Lukasehnko. 

Por otro lado, Rusia también representó un benefactor económico para Lukashenko en sus primeros años. Casi como lo fue Venezuela para Nicaragua en su momento. 

La alianza de Lukashenko con Rusia sigue viva hasta estos días, hasta el punto en que permite que las fuerzas de Putin utilicen el territorio bielorruso para apoyar la invasión de Ucrania desde febrero de 2022. 

También se le ha visto cercano con Kim Jong Un, el dictador de Corea del Norte a quien Lukashenko en persona le regaló un fusil de asalto en una ocasión.

Similitudes entre Lukashenko y los Ortega Murillo 

Cuando la pandemia del Covid-19 asoló al mundo, en Bielorrusia no se emitió ninguna orden de confinamiento o de cierre de fronteras, al igual que hicieron los Ortega Murillo en Nicaragua. Lukashenko dijo públicamente que el coronavirus era «invento» y posteriormente aseguró que dio positivo y que venció el virus ya que era asintomático, «al igual que el 97% de la población». 

Lukashenko llegó a decir que la cura del virus no estaba en esperar una vacuna o un medicamento, sino en “trabajar duro, beber vodka, ir al sauna o jugar hockey”. E insistió en el vodka. «La gente no sólo debe lavarse las manos con vodka, también debe envenenar al virus con él». 

En Nicaragua también se llegó a minimizar la crisis mundial del coronavirus y los Ortega Murillo incluso organizaron aglomeraciones llamadas «el amor en tiempos del Covid-19»; se manipularon las cifras de muertos y jamás se promovieron medidas de protección contra la pandemia. 

Haber minimizado al Covid-19 no es lo único en lo que se parecen los Ortega Murillo con Lukashenko. Un Grupo de Expertos de Naciones Unidas para Bielorrusia ha señalado que en ese país se han cometido crímenes de lesa humanidad, así como casos de tortura, violencia sexual, prisión por cuestiones políticas y discriminación a las personas homosexuales. 

En agosto de 2021, la maquinaria de Lukashenko aprobó disposiciones legales para retirar la nacionalidad a los ciudadanos bielorrusos que hayan sido condenados por ciertos delitos de «participación en una organización extremista» o «grave perjuicio a los intereses de Bielorrusia». 

Luego, en diciembre de 2022, aprobaron una ley para retirar la ciudadanía a los bielorrusos residentes en el extranjero que sean condenados por los mismos delitos. Bajo esta figura, muchos opositores exiliados fueron despojados de su nacionalidad. 

«Si te fijas bien, es muy probable que los Ortega Murillo se hayan fijado en lo que hizo Lukashenko primero para desnacionalizar a los nicaragüenses opositores», advierte el exdiplomático, mientras que Alexa Zamora señala como «preocupante la coordinación de la estrategia de represión y cómo estos regímenes exportan estos modelos». 

Lukashenko se ha expresado despectivamente de opositores y homosexuales. ARCHIVO

Uno de los casos más recientes es el del Premio Nobel de la Paz, el bielorruso Ales Bialiatski, cuyo pasaporte fue anulado en abril de este año. Bialiatski es un defensor de derechos humanos que fue un preso político de Lukashenko y terminó siendo expulsado hacia Lituania en 2025 tras purgar dos años de prisión. 

“Esta es otra forma de represión transnacional destinada a complicar la vida de los presos políticos deportados fuera del país”, detalló Bialiatski a medios de comunicación. 

Las desnacionalizaciones no son la única medida que podría haber sido copiada por los Ortega Murillo de Lukushenko. En 2020, cuando el régimen de Lukashenko se tambaleó durante un proceso electoral con opositores que amenazaban su poder, decidió encarcelar al principal líder Serguéi Tijanovski. 

Esto provocó que la esposa del opositor, Svetlana Tikhanovskaya, asumiera la representación electoral de su esposo. Lukashenko igual se quedó nuevamente con la presidencia y Tikhanovskaya terminó saliendo al exilio en 2023 y fue condenada a 15 años de prisión por «alta traición». 

En 2021, los Ortega Murillo fueron todavía más implacables. Ordenaron el encarcelamiento de siete precandidatos presidenciales que se atrevieron a desafiarlos electoralmente ese año. Todos estuvieron casi dos años encarcelados hasta que fueron desterrados hacia Estados Unidos en febrero de 2023 y despojados de su nacionalidad. 

Algunos opositores bielorrusos también han sido asesinados en el exilio en circunstancias extrañas que solo apuntan hacia Minsk. Por ejemplo, en agosto de 2021, el opositor Vitali Shishov fue encontrado muerto en un parque en Kiev, Ucrania después de un día desparecido. Él se encontraba exiliado en ese país y era el director de la Casa Bielorrusia en Ucrania. 

Lea también: El sube y baja de las alianzas «estratégicas» de Ortega y Murillo

Años atrás, también en Kiev, el periodista bielorruso Pavel Sheremet, crítico de Lukashenko, fue asesinado con un coche bomba en julio de 2016. Según publicó la BBC en 2020, filtraciones de audios de los servicios secretos de Bielorrusia grabados en 2012 revelaron que el régimen de Lukashenko había planificado explícitamente su asesinato mediante el uso de explosivos. 

Los asesinatos transfronterizos también han sucedido con opositores nicaragüenses exiliados principalmente en Costa Rica, como los casos de Roberto Samcam, Jaime Luis Ortega, Rodolfo Rojas Cordero, y atentados de los que han sobrevivido Joao Maldonado y más recientemente Reinaldo Picado. 

Para el exdiplomático, además de los espejismos represivos de ambos regímenes, «la relación con Lukashenko también tiene una dimensión política. Ortega y Murillo han encontrado un interlocutor que comparte su rechazo a las críticas occidentales y mantiene una estrecha alianza con Moscú». 

Por su parte, Alexa Zamora considera necesario «tomar acciones en la misma medida que estos dictadores colaboran por parte de los países que creen en la democracia y la defensa de los derechos humanos».

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