Anatomía de la crueldad estatal

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El último informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) tiene un título interesante que pocos resaltaron y analiza las desapariciones forzadas y muertes bajo custodia en el país analizando la “anatomía de la crueldad estatal”.

Como ya se ha dicho mucho en medios de comunicación nicaragüenses en el exilio y medios internacionales, hago un resumen de algunos de los hallazgos más importantes.

El documento inicia hablando de la desaparición forzada y es que el Grupo determinó que al menos desde 2023 el Estado de Nicaragua ha recurrido a este método con desapariciones más prolongadas. Aclara que al negar la detención u ocultar el paradero de las víctimas se les deja en una situación de total indefensión. Asimismo, estas desapariciones pueden constituir tortura y generan angustia y graves sufrimientos a las víctimas y sus familiares.

Conozcamos la anatomía. De acuerdo con el GHREN el modus operandi es ocultar a familiares y representantes legales el paradero de las personas privadas de libertad, aunque varíe el tiempo de detención. Documentaron aprehensión sin fundamento jurídico y sin las garantías.

Y si sumamos a que las detenciones son frecuentemente sin orden judicial o fuera de situaciones de flagrancia, es fácil concluir que te detienen porque a alguien le dio la regalada gana. Y en Nicaragua no importa que exista un debido proceso, ya veremos cómo lo reforman, pero mientras no se cumple.

Dentro de este modus operandi otra cosa que da cólera es que se hace difícil detectar quién es la autoridad responsable. Así que ver quiénes son los perpetradores de estas violaciones a derechos humanos no es una tarea fácil.

La manipulación de la imagen de estas personas con las grabaciones y fotografías diciendo “estoy bien” nos hace darnos cuenta de la mentira. Siempre recordaré cuando mostraron a monseñor Rolando Álvarez y un periodista oficialista le dijo “lo veo bien”, respondió: “¿Vos me ves bien?”

Decirle a un privado de libertad “te veo bien” es casi como preguntarle a alguien accidentado con sangre y lesiones “¿te duele?” Pero a eso hemos llegado en Nicaragua. Y a eso le llaman periodismo del poder ciudadano.

El fin de la desaparición forzada no ha sido por la insistencia de organismos internacionales de derechos humanos, a veces decidieron ponerlos en libertad, mandarlos a sus casas con la condición de firmar diario, trasladarlos o expulsarlos del país. Además, el GHREN reporta 8 casos de muertes bajo custodia, de las cuales no se tiene datos oficiales porque no se permiten las autopsias.

Hay casos que he conocido donde se mencionan “suicidios” y hasta entre los mismos reos y trabajadores del sistema penitenciario se dice “lo suicidaron”. Lo que de ser cierto es la confirmación de esta anatomía de crueldad estatal, que pasa de mentir sobre el paradero de las personas, de ocultarlas, de torturarlas, de lastimar a sus familiares con la angustia y la incertidumbre, hasta quitarles la vida a las víctimas.

Esto no pasa en países que desconocemos, pasa en Nicaragua, donde los trabajadores del Sistema Penitenciario circulan por nuestras calles, son nuestros vecinos, donde quienes deciden que te vas a la cárcel son nacidos en la tierra de lagos y volcanes, son seres humanos, pero forman parte de un cuerpo, de una anatomía de crueldad a la que el GHREN llama estatal y muchos la conocen como dictadura.

Esta anatomía de la crueldad es tanta que afecta al mismo cuerpo, y es como las maldades que se reflejan en las marcas de la piel, como en la historia del retrato de Dorian Grey. Y es que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos reportó además que al menos 55 simpatizantes del Frente Sandinista y funcionarios del Estado fueron detenidos arbitrariamente.

Así es esta anatomía de la crueldad, así es la autoridad gobernante, así es Nicaragua en este momento, pero todo cuerpo cambia, muere, se transforma y esperemos que la próxima vez que hablemos de anatomía estatal podemos tener otro panorama, uno de un verdadero Estado, uno que respire democracia.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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