La franqueza política de la diplomática Franceschi

La diplomática estadounidense Natasha Franceschi, nominada por el presidente Donald Trump para ser embajadora de Estados Unidos (EE. UU.) en Nicaragua, compareció este jueves 24 de septiembre ante el comité del Senado que debe confirmar su nombramiento. O rechazarlo, si tal fuese la decisión senatorial.

Como ha informado LA PRENSA, “Franceschi es la segunda diplomática propuesta de Donald Trump para ocupar la vacancia en la Embajada de EE. UU. en Managua tras el cumplimiento de la misión de Kevin Sullivan el 19 de mayo de 2023. Antes de que Sullivan culminara su misión, el gobierno estadounidense designó a Hugo Rodríguez, pero el régimen le retiró el beneplácito el 28 de julio de 2022 por haberlos calificado como una dictadura”.

La señora Franceschi fue aceptada en principio por el régimen de Nicaragua, o sea que le otorgó el beneplácito de acuerdo con la costumbre diplomática. Pero los codictadores se lo podrían retirar, como lo hicieron en 2022 con Hugo Rodríguez, si valoran que lo dicho por ella en la audiencia del comité senatorial fue “injerencista, irrespetuoso y nada diplomático”. Pues eso fue lo que dijeron de Rodríguez para justificar la cancelación del beneplácito que habían dado a su nominación por parte del entonces presidente Joe Biden.

En su presentación ante el comité del Senado, la señora Franceschi dijo que si la confirman como embajadora de EE. UU. en Nicaragua mantendrá “la presión diplomática para alcanzar una solución en Nicaragua que impulse la prosperidad y la seguridad de Estados Unidos”. Explicó que a lo largo de su carrera ha trabajado en los temas que definen su nominación: “Cómo traer a los autoritarios a la mesa de negociación, trabajar con gobiernos comprometidos con la paz y la estabilidad para alejarse de regímenes brutales y dar voz a la voluntad de las personas que sufren bajo la tiranía”. Aseguró que “el estatus quo en Nicaragua es intolerable para su pueblo, sus vecinos y los Estados Unidos”. Advirtió que “Estados Unidos no tolerará amenazas ni abusos contra sus ciudadanos e intereses”; y expresó que “Nicaragua debería regresar a la comunidad de naciones prósperas de las Américas, libre del totalitarismo”.

Más claro no canta un gallo, dice la conocida expresión popular, que se refiere a que algo que por sí mismo es tan obvio y evidente no requiere explicación ni interpretación. Además, lo dicho por la diplomática Franceschi a los senadores estadounidenses es congruente con la estrategia política que su gobierno está ejecutando en relación con el régimen de Nicaragua.

Sin embargo, las palabras de la señora Franceschi también podrían entenderse como un mensaje político a Daniel Ortega y Rosario Murillo, de que llegaría a Nicaragua para promover el diálogo y la negociación, y procurar acuerdos satisfactorios para las partes.

Como sea. La verdad es que si Ortega y Murillo actúan con sensatez y pragmatismo, y quisieran distender y hasta mejorar su relación con EE. UU., le tomarían la palabra a la señora Franceschi y confirmarían su aceptación como la próxima embajadora de EE. UU. en Nicaragua.

Pero si se aferran a su obsesión totalitaria, y se dejan llevar por sus humores ideológicos y sus caprichos políticos, acusarían a Franceschi de injerencista y le cancelarían el beneplácito diplomático.

La diplomática estadounidense ha puesto la pelota en la cancha de la dictadura. Veremos a qué quieren seguir jugando políticamente los codictadores en su relación política con EE. UU.

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