Los perros ocultan el dolor por instinto, es su mecanismo de supervivencia. Es parte de su herencia de animales de manada: mostrar debilidad frente a un posible depredador (o incluso frente a otros miembros del mismo grupo) los volvía un blanco fácil o los hacía perder estatus. Por eso, cuando el perro muestra su dolor, ya sea cojeras, dolor, aullidos o pérdida de apetito, muchas veces el dolor crónico en perros lleva mucho más tiempo de lo que creemos, y es ese precisamente el problema, el sufrimiento pasa desapercibido hasta que ya es muy grave.
Cambios en el apetito y en el sueño
No es estrictamente pérdida total del apetito, se puede reflejar en comer más (o menos), más rápido (o lento), mostrar menos entusiasmo por premios o snacks que antes añoraba, entre otras cosas. Si te preguntas por qué mi perro no quiere comer, estas pueden ser las primeras fases antes de la pérdida de apetito total.
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El sueño también cambia en ambas direcciones, dormir más (usualmente para conservar energía) o menos, con despertares repentinos e inquietos. En ambos casos, es un cambio gradual, no de golpe, por eso en la mayoría de los casos pasa desapercibido hasta que ya es un proceso crónico.
Cambios de carácter que se confunden con «se puso arisco» o «de mal genio»
Un perro que normalmente se deja querer y es juguetón, empieza a aislarse, deja de jugar, se vuelve fácilmente irritable o incluso agresivo. En situaciones de dolor, rechaza que lo toquen en una zona específica del cuerpo por el mismo comportamiento de supervivencia y temor a expresar su dolor y ser rechazado, normalmente es esto y no un cambio de personalidad repentino. Esta es la señal que más se malinterpreta como problema de conducta: el dueño etiqueta al perro como «agresivo» sin entender el cambio debido a una causa física.
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Cambios en el movimiento, mal interpretados como «se está poniendo viejo»
Dificultad para levantarse, perro cojeando intermitentemente (a veces solo se nota en frío o después de dormir, muy similar a los ruidos en los autos, que normalmente se notan al echarlo a andar algunos kilómetros), problemas para subir escaleras, dudar antes de saltar al carro o a la cama, y paseos que se acortan porque el perro empieza a quedarse atrás, si notás que mi perro no quiere caminar como antes, no pensés solo en cansancio, busca el problema real antes de tener esa teoría, porque no siempre es la edad (en algunos casos, claro que influye), a veces es dolor, sea un perro viejo o no, pero este dolor puede ser provocado por un motivo específico, no solo por la edad.
Ningún cambio de comportamiento «es porque ya está viejo» o de un día para otro, antes de ponerle apellido al problema, se debe descartar el dolor oculto en perros con el veterinario de cabecera (lo ideal es tener un veterinario que conozca a tu perro desde hace tiempo), pues asumir que es solo edad o carácter puede retrasar el diagnóstico de algo tratable, a veces por meses, hasta que ya es un problema crónico. Detectar dolor a tiempo siempre es más barato y más simple de resolver que esperar a que el problema se agrave y se vuelva una urgencia, que además pondrá en peligro la vida de tu perro.
El Dr. Carlos Ramírez es médico veterinario de la Universidad Católica en Temuco, Chile. Ha ejercido en Chile, Nicaragua y Canadá. Para consultas, escribir a [email protected]