Las propuestas sobre la transición a la democracia en Nicaragua

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Está claro que no sería por falta de propuestas y planes que no habría una transición democrática en Nicaragua.

En realidad, no hay necesidad de tener una licenciatura o doctorado en ciencias políticas, ni una larga e intensa experiencia política, para saber que la transición de la dictadura a la democracia es inevitable.

Claro que a veces resulta que la transición es de una a otra dictadura. Así ocurrió en la Nicaragua de 1979, cuando la dictadura somocista fue sustituida por la sandinista. Pero es obvio que ahora ese no sería el caso. Y de todas maneras, de lo que se trata es de que un régimen autoritario, por mucho que dure siempre termina por ser sustituido por un nuevo gobierno que generalmente es democrático.

De manera que por muchos esfuerzos que hagan los codictadores de Nicaragua y sus secuaces para mantenerse por siempre en el poder y prolongarlo mediante la combinación de la cruda represión con reformas legales y constitucionales, en algún momento tendrán que irse por las buenas o por las malas. Solo es cuestión de tiempo.

Esto lo saben muy bien las personas que se dedican a la política, ya sea como activistas opositores a la dictadura o como analistas democráticos e independientes. Inclusive, algunos gurúes políticos vaticinan cómo caerá la dictadura sandinista: por implosión, o sea su propio desplome por el estallido de sus contradicciones inherentes; por la presión económica y política internacional, en particular del Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) y sus aliados en el sistema interamericano; por una acción “extractiva”, como la que sacó del poder al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero del corriente año; por negociación de representantes de la dictadura con EE. UU. y la misma oposición nicaragüense, obligados por la presión externa y la agudización de sus problemas internos, etc.

Pero como sea que vaya a terminar la dictadura, es obvia la necesidad y la importancia de tener a mano un plan para implementar la transición democrática. Como en efecto lo están proponiendo los diversos grupos opositores en el exilio.

Hasta ahora, la principal propuesta transicional que se ha presentado públicamente es la denominada “Nicaragua: transición ordenada desde la dictadura hacia la democracia”, que es respaldada por una docena de partidos y movimientos políticos en el exilio que se identifican como de centroderecha.

También el denominado Espacio de Diálogo y Confluencia de Actores Nicaragüenses, que no se identifica ideológicamente de manera explícita, pero públicamente es considerado como de izquierda democrática, presentó su propia propuesta de transición, con el título “Bases Esenciales para la Refundación del Estado-nación: Construyendo un Nuevo Acuerdo Social y Político por Nicaragua”.

Anteriormente, un grupo de 27 ex presos políticos, activistas y abogados habían dado a conocer un Plan Especial de 12 Puntos, que igual que las otras propuestas menciona una serie de reformas legales que serían indispensables para desmontar el sistema represivo de la dictadura e impulsar el cambio por medios pacíficos.

Seguramente hay, o habrá, más propuestas de transición democrática, porque los opositores nicaragüenses en el exilio están dispersos en distintos grupos y plataformas. Pero prácticamente todos coinciden, o coincidirán básicamente, pues a lo que aspiran todos es a la recuperación o reconstrucción de la democracia.

Y la verdad es que podría ser un solo plan de transición, si los líderes de los diversos grupos dejaran de aferrarse a sus ideologías particulares. De esa manera podrían unificar las distintas propuestas en un solo programa de transición democrática. O por lo menos reducirlas a dos, una de centroderecha y la otra de izquierda democrática, para que resulte menos complicado escoger cuando de verdad sea posible impulsar el proceso de la transición. O sea, a “la hora de los hornos” como dijera José Martí, cuando llega el momento de pasar de las palabras y las propuestas a la acción transformadora.

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