Los dos escritorios que heredé de mi padre

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Mi padre tenía un escritorio grande, metálico, gris, desde donde escribía sus editoriales cuando LA PRENSA estaba en la Calle del Triunfo. En los primeros meses de 1973, después del terremoto cuando LA PRENSA se trasladó al kilómetro 4.5 Carretera Norte, el escritorio se trasladó a su nueva oficina.

El 1 de marzo de ese año, cuando LA PRENSA volvió a circular después de 3 meses de ausencia, mi padre recibió aquel famoso telegrama 22-22-22 del poeta y amigo José Coronel Urtecho que colocó debajo del vidrio como para recordarlo diariamente: “Felicitaciones reaparición La Prensa, para la conciencia del país; cuando La Prensa deja de salir, es como si no ocurriera nada, o todo fuera mentira”.

También tenía bajo el vidrio otro pensamiento premonitorio escrito con su máquina de escribir, posiblemente de su propia cosecha, sobre la lucha entre el poder y la razón: “Tiene poder, quien además tiene la razón. Si se tiene el poder y no se tiene la razón de poco sirve el poder, y si se tiene la razón sin poder, de nada sirve tener la razón”.

En 1977 cuando mi padre formó la alianza pluralista y antisomocista Unión Democrática de Liberación (UDEL) renovó el mobiliario de su oficina de LA PRENSA con nuevos muebles de madera de Pierson y Jackman, y decidió donar su escritorio viejo metálico American Standard a UDEL, donde tenía su otra oficina: la de dirigente político.

El 10 de enero de 1978 Pedro Joaquín Chamorro Cardenal es asesinado en una calle del viejo centro de Managua y Pablo Antonio Cuadra escribe en su editorial en primera página titulado: Su sangre salpica todo Nicaragua: “Ahora todos seremos Pedro”.

En ese entonces mi tío Javier Chamorro, que era el subdirector de LA PRENSA, asume la dirección con Pablo Antonio Cuadra (PAC) y se traslada a la oficina de mi padre, pero las memorias de todo lo que allí estaba le traían tristes recuerdos y es así que un día a mediados de 1978, él decide cambiar el mobiliario y me ofrece el escritorio de mi padre que acepto orgulloso y me lo llevo a mi nueva casa ubicada en Satélite Asososca.

La historia del viejo escritorio metálico de mi padre es la siguiente: un mes y una semana antes de que Somoza abandonara el país, un 11 de junio de 1979, las instalaciones de LA PRENSA son bombardeadas y quemadas por la guardia somocista. Solo quedan en pie dos bodegas porque estaban ubicadas fuera del edificio principal.

En agosto de ese mismo año, fueron llegando a LA PRENSA muchos donativos del sector privado, que se solidarizó con el Diario, que hacía esfuerzos ingentes para volver a circular, hasta que logró imprimir sus páginas en la rotativa del diario “El Centroamericano” de León, que no había sufrido daños en la insurrección, pero había cerrado por motivos financieros.

Los donativos se fueron acumulando en el “Club Nicasio”, transformado en una bodega de recepción de donativos. En ese entonces yo no tenía escritorio en LA PRENSA y trabajaba como fotógrafo en un viejo contenedor de metal ubicado en el patio de LA PRENSA, que también servía de improvisado cuarto oscuro.

Un día fui al Club Nicasio a ver qué podía serme útil, y para mi sorpresa, encontré un escritorio de metal con el vidrio quebrado, cubierto por el polvo y una de sus patas desprendidas debido a los culatazos de la Guardia Nacional, que meses antes había allanado la sede de UDEL. Era un escritorio que instantáneamente reconocí por los dos pensamientos bajo el vidrio quebrado: era el viejo escritorio de mi padre.

Contento procedí a repararlo, reinstalándole la pata desprendida en su lugar y le di a hacer un nuevo vidrio, pero antes con mucho cuidado le saqué el vidrio quebrado los dos pensamientos y los llevé a mi casa, donde por años los atesoré en una pequeña urna.

En ese escritorio fue donde comencé a redactar mis primeros artículos de crítica constructiva al proceso revolucionario, tal como pensé que lo hubiera hecho mi padre. “Ahora todos seremos Pedro”, recordando la frase de PAC.

Mis artículos fueron volviéndose cada vez más críticos a medida que la Revolución se iba desviando de sus principios programáticos originales; con cada uno de ellos iba tendiendo Un cauce hacia la democracia, tal como titulé mi libro, publicado por Editorial LA PRENSA en 1983, ya bajo una férrea censura, por lo que no circuló hace 43 años, pero hoy se puede leer íntegramente digitalizado en el siguiente enlace de la biblioteca virtual Enrique Bolaños Geyer: https://sajurin.enriquebolanos.org/docs/Pedrojoaquinchamorrob-uncaucehacialademocracia.pdf

En noviembre de 1984 tuve que exiliarme en Costa Rica dejando en LA PRENSA el viejo escritorio metálico de mi padre donde tantas veces me había inspirado con su pensamiento y el otro, en el que escribió sus últimos editoriales, viajó con nosotros al exilio, primero a Costa Rica y después a los Estados Unidos.

Ambos escritorios sobrevivieron a la vorágine política de nuestra historia reciente: el primero que dejé en 1984 cuando salí al exilio, lo volví utilizar en LA PRENSA cuando regresé de mi primer exilio a trabajar nuevamente en el Diario como codirector entre 1992 y 1997.

Allí quedó el primer escritorio en uso hasta que en agosto de 2021 el Diario fue confiscado por la dictadura y convertido en un centro cultural que irónicamente lleva el nombre del poeta José Coronel Urtecho, autor de aquel memorable telegrama que mi padre atesoraba debajo del vidrio de su escritorio.

El segundo escritorio, el más “nuevo”, viajó de regreso a Nicaragua con nuestro menaje de casa cuando regresé en 1992 durante el gobierno de mi madre y lo utilicé diariamente —siempre haciendo honor a la memoria de mi padre— desde 1992 hasta el 25 de junio de 2021, día que arbitrariamente me echaron preso y se llevaron mis computadoras.

Allí quedó el segundo escritorio en mi casa de Palma Real 2, donde viví 20 años, hasta que salí a mi segundo exilio a los Estados Unidos el 9 de febrero de 2023 en “el vuelo a la libertad”. Antes de salir del país en abril mi esposa se lo vendió a unos amigos que conocen bien su origen y estoy seguro que sabrán apreciarlo hasta que vengan mejores tiempos a Nicaragua.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.

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