Trabajadores del Estado fueron obligados a asistir al acto central del 47 de la Revolución sandinista. Tomada de El 19 Digital

Trabajadores del Estado fueron obligados a asistir al acto central del 47 de la Revolución sandinista. Tomada de El 19 Digital

Incomunicados: así vivieron los trabajadores públicos el 19 de julio en la plaza

Trabajadores públicos obligados a asistir al acto del 19 de julio en Managua relatan el estricto control al que fueron sometidos, la falta de señal en sus celulares y su asombro al escuchar a Daniel Ortega afirmar que en Nicaragua ya no se celebrarán elecciones

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Luisa, es una doctora del Ministerio de Salud (Minsa) que tuvo que asistir obligatoriamente el 19 de julio a la Plaza de la Fe, en Managua, donde los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo se hicieron presentes para celebrar el 47 aniversario de la Revolución Sandinista. Ella al igual que decenas de asistentes reaccionó sorprendida a la sentencia que hizo el dictador de que no se celebrarán más elecciones en el país.

«Los que estaban a mi lado, se asustaron como yo, y se escuchaba decir entre murmullos ‘ah, ahora, no va haber elecciones, ¿cuál será el miedo?’. Otra reacción que más se pudo notar fue ante la forma en que Rosario trata a Camila Ortega Murillo, unos se reían, otros aplaudían por los gestos que hacía Rosario y otros sentían lástima por Camila», contó Luisa a LA PRENSA.

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Manuel, un trabajador del Poder Judicial, secundó la reacción que experimentaron. «Todos nos asustamos cuando dijo que no iban a haber más elecciones», contó.

«Aquí no volverán a haber elecciones. No volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder», fue parte de las declaraciones de Ortega durante el marco de la celebración del 19 de julio, fecha en que los sandinistas celebran la caída del dictador Anastasio Somoza Debayle y el ascenso al poder del sandinismo.

Sin cobertura para los celulares y sin permisos para ir al baño

Muchos fueron convocados desde horas del mediodía en las sedes de las instituciones y fueron movilizados en buses. Entraron por la parte trasera del Puerto Salvador Allende, donde les escanearon sus cédulas de identidad y sino aparecían en la lista de invitados no los dejaban entrar.

Para entrar a la plaza donde se realizó el acto central, los trabajadores tuvieron que pasar varios filtros. Primero fueron revisados, luego se ubicaron dentro de la plaza pasadas las 5:00 p.m., sin música hasta la llegada de los dictadores.

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«Ahí quitaron maquillaje, gorras, chaquetas, todo quedaba decomisado ahí. Desde que entraste a la plaza ya no tenías señal, no te podías comunicar, hasta que terminó nos abrieron nuevamente la señal» dijo Luisa.

«Pasamos como por tres filtros para entrar y habían unos grandes paneles que desde ahí se cortaba la señal de los celulares. No había cobertura y cada vez que uno intentaba llamar salía un sonido raro», compartió Manuel.

Trabajadores del sector público concentrados en la Plaza de la Fe en Managua. Tomada de El 19 Digital
Trabajadores del sector público concentrados en la Plaza de la Fe en Managua. Tomada de El 19 Digital

Luisa afirmó que había una excesiva seguridad, al punto que ni al baño querían dejar ir a los trabajadores.

«Eso estaba llenísimo de policías no te dejaban salir para nada, ni al baño te querían dejar ir y entonces las mujeres decían: ‘entonces nos orinamos en el calzón’, solo así nos dejaron ir», contó.

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Ante la extenuante jornada, los trabajadores del sector público se mostraban aburridos. «La mayoría estaban aburridos, sentados, a cada rato pasaban diciendo que nos levantáramos, hasta Fidel Moreno (secretario general de la Alcaldía de Managua) pasaba por ahí, diciéndonos ‘levántense, levántense’, pero la gente no quería nada, estaban cansados, rendidos».

Hasta después del discurso del dictador, justo a la hora del desfile, los empleados públicos recibieron agua. Luisa y Manuel salieron de la plaza hasta que los funcionarios y escasos invitados de los Ortega-Murillo que se encontraban en la tarima salieran.

«No nos dejaban salir hasta que se fueran las personas que estaban en la tarima. Abrieron a eso de las 11:00 p.m. y salimos como ganado», relató Luisa.

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