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De su trabajo, lo que más le gusta a la nicaragüense Gloria Fonseca Álvarez es saber que está trabajando con cosas que nunca podrá ver presencialmente, sino solo a través de unos grandes y potentes telescopios.
Fonseca Álvarez, de 35 años, es astrónoma y trabaja en un observatorio nacional de los Estados Unidos, llamado The Vera C. Rubin Observatory.
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Constantemente, Fonseca Álvarez se ubica detrás de uno de esos enormes aparatos que hay en su centro de trabajo para observar los agujeros negros supermasivos que están en los centros de todas las galaxias del universo.
“Son objetos que emiten mucha energía, pero también están super lejanos. Para mí es emocionante saber que estoy trabajando con cosas que nunca en mi vida voy a poder ver con mis ojos, pero que podemos aprender muchísimo solo con los datos. Es cool (interesante) saber que es una de las cosas más poderosas del universo que puedo observar”, dice la nicaragüense para explicar por qué se decantó por ser astrónoma.

Para dar una idea de las distancias, el agujero negro supermasivo más cercano a la Tierra es Sagitario A* (Sgr A*), ubicado en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Se encuentra a una distancia de aproximadamente 25,600 años luz de nuestro sistema, es decir, a unos 242.2 billones de kilómetros.
El trabajo de Fonseca Álvarez es entender cómo crece la galaxia en que vivimos y cómo evoluciona, para comprender cómo va cambiando el universo. Ella lo explica así:
“La finalidad de lo que hago es que estudio el crecimiento de agujeros negros (para conocer) la edad del universo. Hay agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias y la galaxia crece y también el agujero negro supermasivo crece y ese crecimiento de ambos está relacionado. Entonces, al entender cómo crece el agujero negro, entendemos también cómo crece la galaxia”.
El descubrimiento de una pasión
Los primeros 15 años de su vida, Fonseca Álvarez los pasó en León, Nicaragua, donde nació hace ya 35 años.
Su padre era dueño de una disco móvil y su madre tenía algunos negocios. Ella llevaba una vida normal, saliendo con amigas y estudiando en el colegio La Salle.
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Lo que recuerda de la escuela es que las matemáticas eran su fuerte, tanto que en una oportunidad representó a León en las Olimpiadas de Matemáticas que organiza el Ministerio de Educación (Mined) en todo el país.
A los 15 años, Fonseca Álvarez se trasladó a vivir a Miami, Florida, porque tenía familiares en esa ciudad. Hoy, toda la familia vive en Estados Unidos.
Cuando llegó el momento de ir a la universidad, Fonseca Álvarez no sabía aún que quería estudiar. Se le daban bien las matemáticas, pero no quería algo tan abstracto, sino algo práctico. Pensó que física sería una buena carrera y se matriculó en esa, a pesar de que todavía no tenía una buena razón para convertirse en física.

Sin embargo, dentro de la carrera tenía que elegir una asignatura optativa, de otra carrera, y tomó una clase de astronomía.
“Vi que la verdad me gustaba muchísimo más la astronomía que la física. La física era más como laboratorio y astronomía era usar telescopios, mirar el espacio, por lo menos para mí no hay muchas cosas que sean más emocionantes que estudiar el universo”, cuenta ahora la nicaragüense.
Le ayudó que en la universidad había una comunidad muy activa de astrónomos, incluso, tienen un club al que Fonseca Álvarez se unió.
A partir de esa clase que tomó, la astronomía es la pasión de Fonseca Álvarez. Primero, se licenció en astronomía y astrofísica en la Pennsylvania State University. Después, hizo una maestría en astronomía en la Western University. Y luego, en la Universidad de Connecticut, cursó un doctorado en física con énfasis en astronomía, la tesis fue en astronomía.
Actualmente, Fonseca Álvarez está en Arizona, haciendo un postdoctorado en astronomía en un observatorio nacional de los Estados Unidos.
De esa manera, Fonseca Álvarez no fue la primera en su familia en graduarse en una universidad, sino también la primera en ir a una universidad en Estados Unidos y la primera en obtener un doctorado.
Nada que temer del espacio
Hay imágenes muy bonitas que observar del espacio, cuenta Fonseca Álvarez, como las nebulosas que tanto gustan a la gente.
“La astronomía es una de esas ciencias que son bastante accesibles, porque hay muchísimas imágenes que son lindas. Hacemos mucho esfuerzo en tratar de invitar a las personas del público a que se involucren por lo menos al ver una imagen. Pero sí, hay imágenes lindísimas. A mí lo que me gusta tanto es saber que podemos estudiar cosas que están muy lejos y podemos entender la física de cómo funcionan esos objetos en el universo”, explica la nicaragüense.
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Fonseca Álvarez toma fotos con los telescopios a los agujeros negros supermasivos y luego procesa los datos. Esas imágenes no son tan bonitas como las que ve el público, aclara, sino que en ellas los agujeros negros supermasivos se ven “como un puntito”.

“No es muy impresionante. Lo que hacemos es tomar bastantes imágenes del mismo objeto y podemos ver en esa imagen el brillo que tenía, en otra imagen vemos que tenía otro brillo. Entonces, podemos ver cómo cambia el brillo del objeto y eso nos dice algo de qué tipo de física está pasando”, explica.
Los agujeros negros supermasivos son los objetos más grandes de su tipo en el universo. Tienen una masa que va desde millones hasta decenas de miles de millones de veces la del Sol y suelen encontrarse en el centro de casi todas las galaxias, incluida la nuestra.
A diferencia de los agujeros negros «normales», que se forman cuando una estrella muy masiva colapsa al final de su vida, el origen de los supermasivos sigue siendo uno de los grandes misterios de la astronomía. Los científicos creen que pudieron crecer durante miles de millones de años al absorber enormes cantidades de gas, polvo, estrellas e incluso otros agujeros negros.
Fonseca Álvarez está consciente de que cuando se habla de agujeros negros, a mucha gente le causa temor, pero asegura que no hay nada que temer en el espacio. Los objetos están “tan lejos” que “no hay mucha diferencia entre un agujero negro y el montón de estrellas que están ahí”.
Por el momento, Fonseca Álvarez está trabajando con el Sloan Digital Sky Survey (SDSS), un estudio en el que se utiliza un telescopio con un lente gran angular, con el que ella y su equipo de trabajo han medido las masas de agujeros negros supermasivos a una gran escala. Antes del SDSS, cada agujero negro supermasivo se medía de manera individual.
“Con ese sondeo (el SDSS) pudimos medir las masas de 150 agujeros negros supermasivos y anteriormente solo había como 50. Fue bastante avance en el número de masas que sabíamos y necesitamos saber la masa para entender cómo crecen. Si sabemos cuál es la masa de diferentes objetos, podemos ver la evolución de los objetos”, asegura la astrónoma.
Ayudar a otros centroamericanos
Dos grandes metas persigue Fonseca Álvarez hoy en día. El primero es seguir investigando los agujeros negros supermasivos, especialmente porque ahora se cuenta con mejores herramientas tecnológicas para realizar esos estudios.
“Es una etapa muy emocionante de la astronomía porque hay muchos proyectos que están saliendo que van a cambiar la manera en que hacemos investigación, porque va a haber una cantidad de datos que nunca ha existido. Me gustaría seguir haciendo investigación en agujeros negros supermasivos en esta nueva etapa de la astronomía con los nuevos telescopios que están saliendo”, dice.
El segundo objetivo importante que persigue la nicaragüense es ayudar a otras personas de la región centroamericana, especialmente a nicaragüenses, para que puedan tener las mismas experiencias que ella ha tenido.

“Me encantaría si en el futuro hay programas de astronomía en Nicaragua o en otros países más cercanos. Por el momento estoy trabajando en que por lo menos estudiantes tengan la oportunidad de hacer investigación, vean si le gusta y después hacer contactos para ir a hacer un posgrado en otro país. Tenemos estudiantes que han ido a diferentes países de todo el mundo”, afirma.
Fonseca Álvarez señala que ella ha tenido que vencer muchos obstáculos para convertirse en astrónoma, especialmente por el origen centroamericano que tiene, por ser mujer y también porque es difícil estar cambiando de ciudad al tratarse de una carrera en la que no todo está en la misma universidad.
Hay estudiantes que abandonan la carrera a los dos años, pero ella sigue ahí y además trata de ayudar a otros, pues es la codirectora de Central American Caribbean British Astro Physics, un proyecto para ayudar a jóvenes de Centroamérica y el Caribe que desean estudiar astronomía.
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