La elección reciente de la diplomática costarricense Lina Ajoy Rojas como secretaria general del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) se suma al momento de mayor presión internacional que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha enfrentado en años, según el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam).
Para la socióloga Elvira Cuadra, directora del Cetcam, la elección de Ajoy Rojas representa «un revés diplomático regional para los Ortega Murillo”, pero abre la puerta a que los países miembros del organismo regional tomen decisiones sobre asuntos que estuvieron paralizados por la falta de consenso para elegir a un secretario general.
Un cambio en el reglamento del SICA, realizado por los cancilleres en mayo, permitió que la escogencia se pueda hacer con la mayoría de miembros y no por «consenso», tal como se hacía antes. Con esta medida se quitó a la dictadura nicaragüense la posibilidad de bloquear la elección, que era la situación en que se encontraba desde 2023 cuando ocurrió la salida de Werner Vargas.
SICA estuvo paralizado
“El SICA estaba paralizado. El momento regional es un momento importante por varias razones: primero, porque las políticas migratorias y las políticas de seguridad de Estados Unidos hacia la región requieren posiciones de consenso de los países. Segundo, porque el proceso de suscripción y de avance en el acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Centroamérica también está en un punto que necesita posiciones de consenso de la región. Eso no se había logrado por ese problema de la Secretaría General, y porque entonces no había una contraparte técnica para llevar adelante algunas de esas decisiones”, explica Cuadra.
De hecho, en su primer mensaje tras el nombramiento, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado felicitó a la nueva secretaria general y expresó su interés de trabajar juntos para garantizar la seguridad, fortaleza y prosperidad de Estados Unidos, así como «exigir responsabilidades al régimen represivo de Nicaragua».
La Administración de Donald Trump mantiene bajo la lupa a la dictadura, a la que ha reclamado la libertad de los presos políticos y el restablecimiento de los derechos humanos, mientras las alianzas con Rusia y China de Ortega y Murillo han llamado la atención en Washington, a medida que Estados Unidos ha venido aplicando la doctrina llamada «Donroe» que plantea alejar a esas potencias que considera enemigas.

El 25 de mayo, la dictadura reclamó el cargo para un nicaragüense y denunció que era objeto de un bloqueo injustificable, tres días después de que Costa Rica presentara su terna de candidatos al cargo. A pesar de que los «cocancilleres», Valdrack Jaentschke y Denis Moncada, representantes de la dictadura, participaron en la sesión virtual donde Ajoy fue elegida, la reacción del oficialismo ha sido el silencio sepulcral.
De acuerdo con la directora del Cetcam, el reclamo del régimen ya no tenía cabida, porque este período le correspondía a Costa Rica. Sobre el silencio en que permanecen, Cuadra cree que se puede deber a dos razones: por un lado a que “realmente sintieron la presión del resto de los países centroamericanos” y no encontraron “ningún tipo de apoyo a sus posiciones”, y por el otro, es que “muy probable que esto también haya sido de alguna manera promovido o empujado por los propios Estados Unidos para destrabar esto del SICA”.
Modalidad del régimen: “Autoaislamiento selectivo”
Agregó que los Ortega Murillo se mantienen en un “autoaislamiento selectivo”, porque mantienen las puertas cerradas a quienes demandan respeto a los derechos humanos y solución democrática a la crisis del país, mientras amplían sus alianzas con países autocráticos como Rusia, China e Irán.
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En las últimas semanas, el régimen ordenó la firma de casi una decena de acuerdos en diversos ámbitos con Rusia, a través de sus hijos Laureano y Daniel Edmundo Ortega Murillo, a quienes la pareja dictatorial les concedió “plenos poderes” para representarlos. El primero de ellos ratificó la «hermandad» con el autócrata Vladimir Putin.
Elvira Cuadra observa este acercamiento del régimen como “actos desesperados” en la búsqueda de respaldo ante el aislamiento internacional en que se encuentra. Más aún a pocos días de que el tema de Nicaragua sea abordado en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que se llevará a cabo del 22 al 24 de junio en Panamá.

Aunque Nicaragua ya no es parte de la OEA, Cuadra cree que, de haber una declaración o una resolución, “evidentemente tendrá un costo político para el régimen”.
SICA y el deber democrático
Un exembajador de Nicaragua destacó que la elección de Lina Ajoy en el SICA debería ser el “punto de partida para que los presidentes exijan que Nicaragua vuelva al redondel de sus compromisos democráticos, contenidos en el Protocolo de Tegucigalpa y en la Carta Constitutiva del SICA”.
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El exdiplomático resalta que los fundamentos para “una integración genuina” son el respeto a los derechos humanos y a los principios democráticos. “No habrá integración económica si no pasa por lo político”, afirmó.
Para este experto, la comunidad internacional y organismos como Naciones Unidas y la OEA “comparecen (en los últimos años) ineficaces e ineficientes de parar el abuso de poder, las arbitrariedades, los crímenes de lesa humanidad, las canalladas” que han cometido los Ortega Murillo.
“Estos son los Atila (temido líder de los hunos) del siglo XXI: destruyen, pretenden llamar la atención del mundo con ese modelo entre comillas, y no veo hasta hoy ninguna fuerza institucional, de derecho internacional o una fuerza bruta que sea capaz de frenarlo”, concluyó el exembajador.