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Garvin Enrique Pérez Bermúdez tenía 26 años cuando un accidente de tránsito cambió por completo su vida. La noche del 12 de noviembre de 2020, mientras regresaba a su casa en motocicleta por una calle oscura cercana al edificio Armando Guido, en Managua, cayó en un manjol destapado y salió expulsado contra tres postes del tendido eléctrico.
Desde entonces ha enfrentado seis años de cirugías, dolor permanente, infecciones óseas, pérdida de movilidad en un brazo y una larga batalla para evitar la amputación de su pierna derecha.
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Actualmente tiene 32 años y continúa en tratamiento médico, aferrado a la esperanza de volver a caminar y salir de la silla de ruedas.
“Yo iba transitando con mi moto sobre la marginal de la Policía de la Ajax (Delgado). Eran las 9 de la noche y la calle estaba oscura. Había un hoyo de manjol sin tapa y la llanta delantera de la moto se metió ahí. Eso me sacó como catapultado, para adelante y pegué contra tres postes de luz”, relató Pérez Bermúdez.
Según cuenta, no recuerda el momento exacto del impacto: “Un señor me dijo que caí boca abajo y me estaba ahogando con la misma sangre. Él me dio vuelta y fue ahí donde me llevaron de emergencia al Hospital Manolo Morales”, recordó.

Sin señalización y en plena oscuridad
Garvin asegura que él no transitaba frecuentemente por esa zona y que el manjol sin tapa no tenía ninguna advertencia visible.
En aquel entonces trabajaba como repartidor, realizando entregas y servicios por cuenta propia. Tras el accidente quedó inconsciente y despertó en el hospital rodeado de familiares.
“Cuando abrí los ojos solo escuchaba voces de mi mamá y mi hermano. Yo no entendía qué había pasado. Después me ingresaron al quirófano”, dijo.
El diagnóstico que le cambió la vida
El impacto le provocó una fractura expuesta entre la rodilla y la pierna derecha, además de una severa lesión interna en el brazo derecho.
“Tuve fractura expuesta y el brazo derecho lo pegué contra los postes. Sentía demasiado dolor y no lo podía mover”, relató.
Con el paso de los días, médicos le informaron que había sufrido una lesión del plexo braquial, producto del desprendimiento de arterias nerviosas cercanas a la tráquea.
“Se desprendieron tres arterias que hacen mandar la señal, la movilidad y la sensibilidad del brazo. Al desprenderse al ras de la tráquea ya no podían hacer injerto”, explicó.
Los médicos le advirtieron que la movilidad no podría recuperarse completamente: “El doctor me dijo: ‘Así te va a quedar y ya no lo vas a poder mover de por vida’”, recordó.
Finalmente, especialistas realizaron una cirugía conocida como “fusión de codo”, mediante la cual le colocaron una platina en forma de “L” para mantener el brazo fijo.
“Me dejaron el brazo en posición para poder al menos sostener algo o apoyar un plato. Perdí completamente la movilidad”, contó.
Una lucha de seis años para salvar la pierna
La recuperación de la pierna ha sido aún más compleja. Garvin Pérez ha pasado por múltiples cirugías, colocación de clavos, platinas y fijadores externos.
“La primera cirugía duró siete horas. Me pusieron un clavo desde la pelvis hasta la rodilla, pero el hueso no pegaba”, dijo.
Tiempo después comenzó a sufrir inflamaciones severas, porque el clavo estaba haciendo fricción con el hueso de la rodilla; luego apareció una infección ósea y una fístula que complicó aún más el proceso.
Actualmente utiliza fijadores externos y mantiene tratamiento constante: “Gracias a Dios el hueso ya ha pegado un 50 por ciento. Voy avanzando poco a poco y el doctor dice que la misión es sacarme de la silla de ruedas”, expresó.

Dos días en coma
Garvin asegura que una de las experiencias más duras ocurrió durante una cirugía, cuando sufrió una hemorragia severa.
“Pasé dos días intubado en UCI. Yo miré una luz blanca y la seguí. Cuando abrí los ojos estaba conectado a un montón de aparatos”, recordó emocionado.
Pese al dolor físico y emocional, afirma que no ha perdido la fe: “Dios me tiene aquí por algo. Yo sigo luchando porque quiero recuperarme y volver a trabajar”, sostuvo.
La difícil situación económica
Durante estos años, la familia ha sobrevivido gracias al apoyo de su madre y algunas ayudas solidarias.
“Mi mamá trabaja como afanadora (limpieza). Todo descansa sobre ella que es la única. Hay días que apenas comemos una vez al día”, lamentó.
Garvin explica que los gastos médicos son constantes: gasas, alcohol, yodo, guantes, medicamentos, limpieza de heridas.
“Una gasa pequeña vale 15 córdobas y con una no me ajusta para limpiar los hoyitos de los pines”, detalló.
La situación lo llevó a publicar su historia en redes sociales buscando apoyo: “Yo dije: ‘Voy a publicar porque ya no aguanto más esto en la cabeza’. Pensé que tal vez a alguien le tocaría el corazón”, expresó.
“Mi hija es mi motor”
Garvin asegura que su principal motivación es su hija pequeña: “Yo le digo a mi hija: ‘Vos sos el motor mío. No importa que yo no coma, pero primero sos vos’. Ella es la que me da fuerza para seguir”, afirmó. Añade que necesita pampers y leche para su pequeña hija.
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Aunque el proceso médico continúa siendo lento y doloroso, mantiene la esperanza de volver a ponerse de pie.
“Es duro, pero tengo fe en que voy a salir adelante. Primero Dios, quiero volver a caminar y ayudar a mi familia”, concluyó.
Para ayudar a Garvin usted puede contactarse directamente al teléfono +505 81407472.