Jaime Luis Ortega Chavarría era conocido como el Comandante Halcón. CORTESÍA

Cazar al Halcón: asesinato de un contra en Costa Rica

Jaime Ortega era un artesano desmovilizado de la Contrarrevolución que se exilió en 2018 para proteger su vida y la de su familia, pero una tarde fue acribillado a balazos y su cuerpo quedó entre su sangre y el lodo.

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Dos hombres en una camioneta blanca llevan toda la mañana recorriendo la comunidad El Quebradón, en Upala, al norte de Costa Rica, en busca del artesano nicaragüense Jaime Luis Ortega Chavarría. Quieren hacerle un encargo de figuritas de madera para venderlas como souvenirs, pero no dan con la dirección de su casa. 

–El artesano, ¿dónde es que vive? –pregunta uno de ellos a un campesino 

–Allá, después de la curva –le señala. 

Es una zona de difícil acceso. La calle es de tierra, piedras, barro y en algunos tramos con lodo de las lluvias de días anteriores. Es mediodía del sábado 26 de octubre de 2024 y ya está empezando a nublarse. 

Los hombres finalmente dan con la casa del artesano y le preguntan por él a Martha Rugama, su esposa. 

–Le voy a ir hablar. Ya vengo. –les dice. 

Jaime Luis Ortega estaba recostado después de haber almorzado. Rápidamente se puso una camisa de botones, se acomodó su gorra y salió a ver qué querían los hombres. Era un nuevo encargo para él después de semanas en las que no le caía nada de trabajo. 

–Quiero unas artesanías y unas piezas grandes. 

–¿Cómo sabe usted de mi trabajo? –preguntó Jaime Luis con desconfianza. 

–Don Rafael me lo recomendó. 

–Está bien. Le voy a hacer el trabajo. 

–Pero necesito que vayamos a San José para que tome las medidas de lo que quiero. El lunes puedo pasar por usted y vamos. 

–Va pues. Así quedamos –dijo el artesano. 

–Pero no voy a entrar hasta aquí porque está bien fea esta calle. Sería que usted salga más para allá. 

–Dele pues. Usted me llama y yo salgo. 

Jaime Luis Ortega era artesano de figuras de madera. CORTESÍA

El lunes 28 de octubre, cerca de las dos de la tarde, Jaime Luis Ortega recibió la llamada de ese hombre, que lo estaba esperando en la camioneta blanca a unos 500 metros de su casa, sobre la salida de la calle. Se tardó un poco en salir porque no encontraba su gorra y después su esposa lo hizo regresarse para que llevara su botella de agua. 

Salió de la curva y a lo lejos vio la camioneta blanca estacionada frente a la iglesia evangélica a la que iba cada domingo con su familia. Saludó a unos muchachos que estaban pintando en una casa contigua y llegó al vehículo. 

Jaime Luis Ortega abre la puerta de atrás de la camioneta, pero antes de subirse, del lado del copiloto se baja un hombre vestido de negro, con guantes blancos y el rostro cubierto con un pasamontaña. Saca un arma y le dispara al artesano por la espalda. Jaime Luis Ortega intenta correr, pero el hombre le deja ir una ráfaga de tiros que lo acribilló. 

Fueron cuatro tiros en la espalda, uno en el cuello, otros cuatro en el pecho, uno en los testículos y cinco en las piernas. Quince disparos en total. El gatillero subió rápidamente a la camioneta blanca y huyó junto al conductor. 

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Los vecinos que alcanzaron a ver y escuchar los disparos corrieron hacia donde estaba Jaime Luis Ortega, pero ya era tarde. Estaba sin vida. Su cuerpo quedó sobre la tierra y el barro, en medio de un charco de sangre y lodo. 

Comandante “Halcón” 

La esposa de Jaime Luis Ortega, Martha Rugama, está convencida que quién ejecutó el asesinado de su esposo fue el Ejército de Nicaragua. El motivo fue porque “él pensaba armarse de nuevo porque quería ver libre a su país y se estaba organizando con otra gente”, detalla. 

Jaime Luis Ortega Chavarría tenía 54 años cuando la mataron. Era originario de la isla Mancarrón, en Solentiname, el archipiélago de origen volcánico en el sureste del lago Cocibolca y en donde el sacerdote Ernesto Cardenal formó una comunidad de artesanos. Ahí es donde Ortega Chavarría aprendió a trabajar la madera. 

En 1985, cuando Ortega Chavarría tenía 15 años, fue reclutado por el Ejército sandinista para cumplir con su servicio militar. Él le contaba a su esposa que solamente hizo un año porque luego se cambió de bando y se unió a la Contrarrevolución para luchar en contra de los sandinistas. 

El cuerpo de Jaime Ortega quedó tirado en el suelo. CORTESÍA

En la Contra lo conocían como “Comandante Halcón” y fue uno de los que se negó a entregar las armas en 1990 porque temía que los sandinistas llegaran a matarlo al finalizar la guerra, a como sucedió con varios miembros de la Contra en la década de los noventa. 

Años después, a mediados de los noventa, Ortega Chavarría se unió a la iglesia evangélica y se hizo pastor. Fue de misionero por varias comunidades de Chontales hasta que llegó a El Coral en 1996. Ahí conoció a su esposa. “Mi familia le daba donde quedarse y ahí nos fuimos conociendo hasta que nos juntamos”, cuenta Martha Rugama. 

La pareja se casó e hicieron vida en Solentiname. Para entonces dejó las armas y la política. Su esposa asegura que en esos años se dedicó exclusivamente a la fabricación de artesanías y le iba tan bien que abastecía de souvenirs a varios comercios turísticos tanto en Nicaragua como en Costa Rica. 

Exiliado y refugiado 

Cuando estallaron las protestas en contra de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en 2018, Jaime Luis Ortega no se involucró en nada porque estaba muy ocupado con un pedido de artesanías que le habían hecho de unos negocios de La Fortuna, Costa Rica, asegura su esposa. “Le habían encargado como dos millones de colones (4,000 dólares) en artesanías y estaba trabajando en eso. Él no anduvo en tranques ni nada”, comenta. 

Sin embargo, en la zona ya sabían que él no era sandinista y que había sido contrarrevolucionario por varios años, así que la Policía lo mantenía vigilado. 

“Fuimos a la frontera a dejar el encargo y regresamos, pero después los sandinistas se inventaron que los policías muertos que hubo en Morrito (13 de julio de 2018) habíamos sido nosotros y que habíamos metido armas desde Costa Rica”, cuenta Rugama. 

En aquellos días cada vez que llegaba una lancha a San Carlos, Río San Juan, la Policía buscaba a Jaime Luis Ortega y a su esposa, así que decidieron dejar su casa y a sus tres hijas y salir de madrugada en un bote que los dejó en un punto ciego sobre el San Juan para cruzar a Costa Rica. “Llegamos en lo oscuro, puro lodo”, relata la mujer. 

Días después, la Policía llegó a buscarlos a su casa en Solentiname, pero como ya no estaban, amenazaron a sus hijas y las mantenían vigiladas. Las hijas también tuvieron que salir del país después. A finales del 2018, la Policía se tomó la casa de la familia y les quitó las dos hectáreas de terreno que les había regalado el poeta Ernesto Cardenal a Martha Rugama, porque ella le trabajó durante cinco años haciendo labores domésticas. 

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En esos terrenos montaron su casa, criaron animales de granja y sembraban maíz. “Todo eso nos lo confiscaron”, cuenta Rugama. 

El desconocido Rafael 

La familia se asentó en Upala, al norte de Costa Rica y limítrofe con Nicaragua porque ahí ya tenían algunos familiares y conocidos viviendo. Para sobrevivir, Jaime Luis Ortega siguió haciendo sus artesanías con madera y vendiéndolas a comercios costarricenses. 

Sin embargo, al verse exiliado, su casa robada y su familia también ultrajada, Ortega Chavarría se indignó y se fue involucrando con otros opositores que tenían la idea de tomar las armas nuevamente para derrocar a la dictadura de Ortega y Murillo. 

Las hijas de Jaime Luis Ortega hicieron esta imagen para recordar a su padre. CORTESÍA

En esas andaba cuando conoció a un hombre llamado Rafael. Usaba el cabello corto, moreno, piel arrugada y quemada por el sol. De unos 50 años aproximadamente, lo describe Rugama. Según la mujer, él se infiltró en el grupo con el que andaba su esposo e hizo toda la inteligencia para ejecutar su asesinato. 

“Hasta lo llevó a la casa varias veces y yo le di un teléfono para que me lo reparara porque sabía de eso. Infiltraron a ese hombre y la dictadura de Nicaragua lo mandó a matar a mi esposo”, relata Rugama. 

En el momento no se percataron, pero tiempo después la familia fue atando cabos y recordando que ese hombre hacía comentarios extraños cuando los visitaba. “Aquí ni la Policía entra”, dijo en una ocasión. 

Y cuando el hombre que llegó a buscar a Jaime Luis Ortega el sábado 26 de octubre de 2024 dijo que lo había recomendado Rafael, ahí se convencieron de que ese tipo estaba detrás del asesinato del artesano. 

Martha Rugama señala que tras el asesinato de su esposo ni la familia ni las personas que se juntaban con Ortega Chavarría volvieron a saber de Rafael, por lo cual para ellos es el principal sospechoso. 

Desde que mataron a Jaime Luis Ortega Chavarría su familia tuvo que desplazarse de Upala por temor a que a ellos también los alcance la mano represiva del régimen. Las autoridades costarricenses por su parte aún no tienen a ningún detenido y según le han dicho a Martha Rugama, las investigaciones todavía siguen su curso.

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    Uno más del taller macabro de los Ortega-Murillo y el ejército Orteguista. El FSLN es una organización criminal no muy diferente de los cárteles del narcotráfico.

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