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México ha entrado en una nueva etapa histórica. Durante décadas, los analistas internacionales hablaron del “potencial” de México. Hoy, ese potencial se ha convertido en poder real. México ya no es solamente una economía emergente o un vecino importante de Estados Unidos. Es una potencia regional con creciente influencia global. Es el socio estratégico más importante para la seguridad nacional estadounidense. Y bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, México está comenzando a ejercer ese papel con una combinación de pragmatismo, firmeza y confianza nacional.
Como afirmó Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Pocas frases describen mejor el momento actual de México.
En medio de crecientes tensiones internacionales, amenazas arancelarias, presiones migratorias, disputas comerciales y crecientes choques diplomáticos con Washington, la presidenta Sheinbaum ha demostrado una capacidad notable para defender la soberanía mexicana sin caer en la confrontación permanente.
Eso no ha sido sencillo. Las relaciones entre México y Estados Unidos atraviesan uno de sus momentos más delicados en años. Las acusaciones estadounidenses contra funcionarios mexicanos vinculados al narcotráfico, las tensiones sobre operaciones de inteligencia, las disputas comerciales vinculadas al acero y las crecientes incertidumbres alrededor de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá en 2026 han elevado la presión política sobre ambos gobiernos.
Sin embargo, Sheinbaum ha evitado convertir estas tensiones en una crisis abierta. Ha insistido en la cooperación, pero también en la dignidad nacional. Ha rechazado la subordinación sin recurrir a una retórica irresponsable. Y ha comprendido algo fundamental: el poder de México ya no depende únicamente de su cercanía geográfica con Estados Unidos, sino de su creciente peso económico, industrial y geopolítico.
México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos. Las cadenas de suministro de ambos países están profundamente integradas. La estabilidad mexicana afecta directamente el empleo, la seguridad energética, el combate al narcotráfico, el manejo migratorio y la competitividad industrial de América del Norte.
Ningún otro país tiene un impacto comparable sobre el futuro estratégico de Estados Unidos. No China. No Rusia. No Europa. México.
Pero el liderazgo mexicano va más allá de la economía. México se ha convertido en una voz indispensable en los grandes debates internacionales sobre migración, comercio, seguridad, energía y soberanía. También está redefiniendo su política industrial frente a las tensiones globales, incluyendo nuevas medidas para fortalecer la producción nacional y reducir vulnerabilidades estratégicas frente al proteccionismo internacional.
Como observó Carlos Fuentes: “México no es una esencia, sino una historia”. Y esa historia ha sido una historia de reinvención.
Como escribió Octavio Paz, México ha sabido mirarse críticamente para poder transformarse. Hoy, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, el país vuelve a reinventarse en el escenario internacional.
La propia presidenta ha entendido que el concepto de soberanía en el siglo XXI no significa aislamiento. Significa capacidad de negociación, fortaleza institucional y confianza nacional. Su reciente defensa pública de que “aquí no mandan intereses extranjeros” refleja una visión política que conecta profundamente con la tradición histórica mexicana.
Al mismo tiempo, Sheinbaum enfrenta desafíos reales. Las tensiones internas sobre reformas judiciales y electorales han generado debate dentro y fuera de México. Algunas propuestas han encontrado resistencia incluso dentro de su propia coalición política. Pero precisamente allí reside una de las fortalezas democráticas de México: el debate político sigue vivo y vigoroso.
He tenido el privilegio de trabajar con México durante más de cuatro décadas. En los años ochenta, dirigí programas de financiamiento del Export-Import Bank de Estados Unidos en México, incluyendo acuerdos con el Banco de México y otras instituciones financieras mexicanas. En los años noventa, trabajé con la Universidad de Wisconsin y el gobierno del presidente Carlos Salinas en el programa de titulación masiva de ejidos. Más tarde, coordiné la cooperación bilateral bajo la Iniciativa Mérida y posteriormente serví como Coordinador Superior de Asistencia Exterior en el Departamento de Estado de Estados Unidos.
He visto a México cambiar profundamente. Pero nunca lo había visto ocupar un lugar tan importante en el escenario mundial como hoy. México ya no busca reconocimiento internacional. México ya ejerce liderazgo. Puede consolidarse como la voz más influyente de América Latina. Puede actuar como puente entre el norte y el sur. Puede convertirse en una fuerza estabilizadora en un mundo cada vez más fragmentado.
Y lo está haciendo. No mediante estridencia, sino mediante confianza. No mediante subordinación, sino mediante liderazgo. Este es un momento en que México no solo participa en el escenario global. Lo está moldeando.
El autor es abogado internacional y ex coordinador superior de Asistencia Exterior del Departamento de Estado de Estados Unidos. Fue coordinador de la cooperación bajo la Iniciativa Mérida y ha trabajado con México durante más de cuatro décadas, incluyendo programas de financiamiento con el Export-Import Bank de Estados Unidos y el programa de titulación de ejidos bajo el gobierno del presidente Carlos Salinas.