Abril es un mes memorable en la historia de la lucha por la libertad y la democracia en Nicaragua.
El 19 de abril estalló la rebelión popular nacional de 2018, que se prolongó durante tres meses hasta que fue ahogada en sangre por la dictadura de Ortega y Murillo, con el saldo de más de 350 persona asesinadas.
El 4 de abril de 1954 se produjo una conspiración armada cívica-militar contra la dictadura somocista. Aquella otra rebelión de abril también terminó, como la de 2018, con la masacre de los rebeldes, pero con muchos menos muertos, porque la dictadura de ahora es peor que como fue la somocista.
Pero abril no es solo el mes de conmemoración de alzamientos heroicos y represiones sangrientas de dictaduras que celebran en este mes la paz —su paz— de los cementerios. Ni es únicamente la ocasión para rendir merecido homenaje a la memoria de las víctimas y renovar el compromiso de seguir luchando hasta que Nicaragua sea un país libre democrático.
En abril se conmemora una gran victoria, cívica y pacífica, pero también gloriosa, de la misma lucha libertaria nacional que comenzó hace mucho tiempo y todavía no termina.
Hace 36 años, el 25 de abril de 1990, doña Violeta Barrios de Chamorro (q.e.p.d.), la primera mujer presidenta electa popularmente en un país de las Américas, tomó posesión de la Presidencia de Nicaragua después de derrotar en las urnas electorales a Daniel Ortega y su Frente Sandinista.
Gracias a aquella épica victoria cívica de doña Violeta y la Unión Nacional Opositora (UNO), comenzó una transición democrática que fue muy difícil, pero exitosa hasta donde lo permitieron las circunstancias de Nicaragua y su entorno internacional.
Ahora, bajo el yugo de una segunda dictadura sandinista que dura ya casi 20 años, se habla mucho sobre la posibilidad de que haya una nueva transición democrática en Nicaragua. Esto por la coyuntura internacional hemisférica favorable al cambio democrático en los países donde permanecen las dictaduras, como Nicaragua.
De manera que es importante que los dirigentes opositores en el exilio analicen, sin apasionamiento y con respeto a la verdad histórica, la experiencia de la transición democrática que comenzó en 1990, para lo que pudieran aprender de ella.
Todavía viven personas que participaron en la transición democrática que comenzó en abril de 1990. Pero sobre todo hay una abundante documentación escrita en libros de diversos autores, y sobre todo en los archivos de periódicos de la época, como LA PRENSA, que se han podido conservar a pesar del esfuerzo de la dictadura por borrar la memoria histórica de Nicaragua y sustituirla con su propio relato mentiroso.
En la transición democrática de Nicaragua que lideró doña Violeta durante los seis años y nueve meses de su gobierno, hubo aciertos y errores como en toda obra humana y particularmente en las acciones políticas. Hay que analizarlos de buena fe, para poder identificar los que pudieron ser evitados y no repetirlos. Para determinar qué cosas importantes y necesarias para la transición democrática no se hicieron, por omisión o porque las condiciones del país y del entorno externo no permitían hacerlas. Y para repetir, en lo que pueda ser repetible, todo lo bueno que se hizo en la transición democrática que lideró doña Violeta y que fue exitosa en lo fundamental.
Ciertamente, el legado de doña Violeta es grandioso. Dejó a Nicaragua en paz y con democracia. Con plenas libertades y derechos para todos los ciudadanos, sin distingos políticos. Sin presos políticos ni perseguidos ni desterradas. Sin personas ni empresas confiscadas. Con los poderes del Estado separados e independientes. Con la autoridad militar y policial subordinada al poder civil. Con una economía dinámica que sustituyó el desastre económico del socialismo sandinista. Y etcétera.
Todo eso, y más, que hizo el gobierno de doña Violeta y lo continuaron los otros dos gobiernos democráticos que hubo en Nicaragua hasta enero de 2007, habrá que comenzar a hacerlo de nuevo. Cuando termine la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo y a partir de que comience la inevitable nueva transición democrática en Nicaragua.