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La Policía al servicio de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo es la que generalmente prohíbe las actividades religiosas de Semana Santa en toda Nicaragua. “Se presenta el jefe policial o sus subalternos a decirle al sacerdote que tienen prohibidas las actividades religiosas y que todas deben ser realizadas adentro del templo”, explica la abogada e investigadora Martha Patricia Molina en un informe que expone la persecución del régimen.
La investigadora lleva más de seis años estudiando la represión de la dictadura en contra de la Iglesia católica. Desde 2019 ha documentado un total de 27,286 procesiones y actos de piedad prohibidos en tiempos de Cuaresma.
Solamente en la Cuaresma de 2026, que acaba este jueves 2 de abril, la dictadura ha prohibido 5,738 procesiones religiosas, y un total de 409 parroquias a nivel nacional se han visto afectadas por estas medidas represivas en contra de la fe. Esto sin contar a las cuasiparroquias ni las filiales porque no se cuentan con datos oficiales, además de otras actividades paralelas que hacen las parroquias, señala Molina.
Entre las actividades religiosas prohibidas para esta Semana Santa se encuentra el viacrucis penitencial organizado por la Arquidiócesis de Managua. Esta solía ser una actividad religiosa multitudinaria encabezada por el cardenal Leopoldo Brenes sobre la carretera a Masaya hacia la Catedral Metropolitana. En los últimos años ha quedado acorralada dentro de lo predios de la catedral.
El sacerdote Benito Martínez valora sobre la prohibición de la Semana Santa en Nicaragua que en el país se vive “un cristianismo de catacumbas, silenciado”. Sin embargo, también mencionó que a la Iglesia católica “cuando más se le hostiga, cuando más se le persigue, cuando más se le calumnia, cuando más se le ataca, es cuando más florece”.
El vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, declaró el pasado martes que “una vez más este año, la dictadura Ortega Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a profesar su fe de esta manera al prohibir tales procesiones públicas”.
“Nicaragua ha acogido históricamente algunas de las procesiones más bellas y famosas de la región (por ejemplo, en Granada y León) y espero el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa”, señaló el funcionario estadounidense.

Ante esto, la dictadura reaccionó con un comunicado negando las acusaciones y asegurando que “en toda Nicaragua se realizan miles de actividades religiosas, católicas y de Iglesias cristianas y evangélicas, ritos y cultos propios de la Semana Santa, a los que con fervor asistimos, cumpliendo con nuestras tradiciones como pueblo de Dios”.
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Sin embargo, la investigación de Martha Patricia Molina pone en entredicho las afirmaciones del régimen y en su lugar exponen el aparato de represión que la dictadura usa contra los creyentes y la Iglesia católica.
Los obligan a pedir permiso
Este año la Cuaresma inició el 18 de febrero y desde ese mismo día “los miembros de la Policía han llegado a solicitar a varias parroquias de diferentes diócesis y arquidiócesis el programa de Semana Santa”, indica la investigadora. Esto lo hacen para tener un registro y control de las actividades planificadas en cada parroquia.
En algunas ocasiones, según los hallazgos de Molina, los policías indican a los párrocos que deben escribir una carta al jefe policial de la localidad para pedir una autorización que les permita realizar las actividades previstas. “En ella tienen que informar cuantas docenas de cohetes utilizarán y quiénes serán las personas encargadas de manipularlas”, apunta.
Entre las prohibiciones de la dictadura para que los fieles católicos vivan la Semana Santa está el impedimento de que se hagan en la calle o en los alrededores de la parroquia.
Las actividades como procesiones, viacrucis, oraciones y demás deben ser realizadas dentro del perímetro del templo. “Pocas parroquias tienen permitido hacer un recorrido alrededor de la manzana del templo”, indica la investigadora Molina.
Por otro lado, y de manera contradictoria, la dictadura ha instruido a algunas Alcaldías en todo el país que convoquen a actividades religiosas por la Semana Santa. Esto lo hacen sin participación y sin autorización de la Iglesia católica.
Sin misas crismales
Molina también indica que, por cuarto año consecutivo, las diócesis de Jinotega, Siuna, Matagalpa y Estelí no celebrarán Misa Crismal “debido a las prohibiciones de la dictadura Ortega Murillo”.
Las misas crismales suelen ser presididas por el obispo de la Diócesis en cada Jueves Santo. En esta se consagran el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los enfermos y catecúmenos. Además, los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales ante su obispo.
En los casos de estas diócesis es necesario recordar que sus obispos han sido desterrados por la dictadura Ortega Murillo. Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador de la Diócesis de Estelí fue desterrado hacia Roma en enero de 2024 tras permanecer casi dos años encarcelado. Junto a él también fue expulsado del país monseñor Isidoro Mora, obispo de Siuna.
De igual manera, en noviembre de 2024, la dictadura desterró al obispo de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Carlos Herrera, después de que este se quejara de que el ruido de los parlantes de una actividad sandinista le impedía celebrar una misa.