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El 1 de marzo se conmemora el Día Nacional del Periodista en Nicaragua, una fecha que para cientos de periodistas se vive lejos del país, en un exilio que se ha prolongado, en medio de redacciones improvisadas, con el lastre del duelo y el desarraigo, la incertidumbre económica, y las maletas repletas de añoranzas y esperanzas.
Desde el 2018 el periodismo independiente en Nicaragua ha sido marcado por el desplazamiento forzado de más de 293 periodistas, en un contexto marcado por la persecución estatal, las amenazas y la represión transnacional, pero también la valentía y resiliencia de un gremio que sobrevive en medio del malabarismo que representa continuar informando desde el exilio.
El exilio ya no es una transición temporal; se ha convertido en una realidad estructural para los periodistas nicaragüenses, que se encuentran informando en contextos de riesgo y desplazamiento enfrentando múltiples obstáculos que van desde la falta de respuestas institucionales a su estatus migratorio en los países de acogida, las precarias condiciones laborales ante la falta de sostenibilidad de los proyectos periodísticos; especialmente aquellos que tenían un enfoque comunitario, el fraccionamiento familiar, la falta de relevo generacional, entre otras tensiones propias del exilio.
El Diagnóstico situacional de periodistas nicaragüenses en el exilio 2025, que publicó la Asociación de Periodistas y Comunicadores de Nicaragua (PCIN) bajo el auspicio de Reporteros Sin Fronteras (RSF), en noviembre del año pasado, refleja por una parte las precarias condiciones en que se ejerce periodismo en el exilio, pero también la resiliencia y la aspiración que tienen los hombres y mujeres de prensa para continuar contando historias.
Los resultados del Diagnóstico tienen como parte sustancial el análisis de una encuesta aplicada a una muestra de 160 personas asociadas al periodismo: directores de medios, editores, periodistas, fotorreporteros, entre otros que se encuentran en situación de exilio; de la cual se obtuvo un total de 112 respuestas para una participación de un 80 por ciento de la muestra. Además, se profundizó en el análisis de los datos cuantitativos a través de entrevistas a profundidad y grupos focales.
El Diagnóstico reveló que la persecución política estatal (74 por ciento) fue la principal razón para exiliarse, siendo las dos grandes olas de exilio el periodo de abril 2018-diciembre 2018 y entre mayo y diciembre del 2021.
El 56 por ciento de las personas encuestadas, es decir, cinco de cada diez personas, continúa ejerciendo periodismo en el exilio, sin embargo, solamente el 20 por ciento siente que puede ejercer el periodismo con plena seguridad y libertad.
El exilio también ha obligado a los periodistas a dobles jornadas: un 59 por ciento de las personas encuestadas, seis de cada diez, ha tenido que combinar el ejercicio periodístico con otras áreas muy distintas como servicios de hostelería, trabajo doméstico remunerado, en el sector construcción, operadores de taxis, o emprendiendo con pequeños negocios, lo que implica un desgaste emocional y físico. Junto a esta carga, la mayoría de personas encuestadas (91 por ciento), nueve de cada diez, mencionó que también dedican tiempo a tareas domésticas no remuneradas como limpiar, cocinar, lavar ropa, planchar, cuidar de menores de edad para aquellos que han tenido la fortuna de lograr la reunificación familiar.
Pese a todo el esfuerzo por la sobrevivencia económica en el exilio, los salarios no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de vivienda, alimentación, salud, vestimenta, recreación, entre otros. Para algunos periodistas el pago del alquiler se ha convertido en una prioridad, que incluso sobreponen ante la necesidad de recibir atención médica por enfermedades que han suscitado o que se han agravado en el exilio.
Las personas periodistas han mostrado ser unos verdaderos malabaristas de la profesión, al no abandonar un oficio y lidiar al mismo tiempo con los distintos roles que les impone el exilio. Y llámese testarudez, determinación o romanticismo, pese a las precarias condiciones, el 85 por ciento, ocho de cada diez personas encuestadas, dice que le gustaría continuar ejerciendo el periodismo a largo plazo.
Sin embargo, la resiliencia no puede convertirse en el modelo de sostenibilidad del periodismo independiente en el exilio. No basta solo el aplauso, el reconocimiento y la admiración ante la valentía de este gremio, también hay que aferrarse a la sobrevivencia de estos proyectos periodísticos como un aliento para la construcción de la democracia en Nicaragua.
Es posible que este 1 de marzo, Día Nacional del Periodismo, no haya mucho que celebrar, pero sí es un día para reconocer la templanza de un gremio que se niega a apagarse, que ha reinventado la profesión, que ha sido capaz de construir nuevas narrativas y formatos innovadores para continuar ejerciendo la profesión.
También es una fecha para recordar que las respuestas institucionales no pueden estar basadas simplemente en la resiliencia de los periodistas en el exilio, y que es necesario promover y gestionar recursos para garantizar las condiciones mínimas y dignas para ejercer el periodismo; no como un gesto humanitario, sino como una inversión directa en el derecho a la información.
La autora es periodista y comunicadora social. Ha trabajado en proyectos de cooperación internacional sobre derechos humanos, acceso a la información y calidad periodística. Sus líneas de investigación incluyen periodismo en exilio, desinformación y nuevos entornos digitales. Persona refugiada temporalmente.