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Managua, oficialmente Leal Villa de Santiago, se localiza en la costa sureste del Lago Xolotlán. Golpeada por las fuerzas de la naturaleza, a causa de los terremotos de 1931 y en 1972, pero orgullosos de su grandeza y capacidad de sobrevivencia.
Lo monumental de la ciudad capital, antes y después del furioso terremoto de 1972, me obliga a hacer muchas anécdotas, de los momentos estoicos y los momentos dolorosos.
Fuimos casi vecinos del Vimsa y la Minicar, en Carretera Sur, y oí los gritos lastimeros de niños, adultos y ancianos por el voraz incendio en el Colegio Divino Pastor del barrio Altagracia, el fuerte sismo y los siniestros incendios que cambió el ánimo de los capitalinos porque los regalos navideños y la cena de pavo relleno no se pudieron efectuar, más que las lágrimas y lutos por la pérdida de sus seres queridos.
Era la madrugada del sábado 23 de diciembre 1972, cuando ocurrió el terremoto espantoso que cambió el rostro a la Novia del Xolotlán que aún no ha sido superada estructuralmente. ¿Qué nos está pasando papá?, exclamamos ante los gritos y llantos de mi hermana menor, Joenn. Se escuchaba en el lugar donde vivíamos el retumbo de la tierra, como el del Vesubio en las ciudades romanas de Pompeya y Herculano.
Mi padre, Marcelo González Rivas, ese mismo día, al amanecer se dirigió a ver a unos parientes por la galletería Cantón. Él vio como en una pesadilla algunos cadáveres tendidos en el piso de las aceras de sus casas. Hay que recordar que la mayoría de las casas eran de adobe, de modo que no podrían soportar ese sismo de 6.2 en la escala de Richter. Por la vulnerabilidad en las construcciones las casas de los capitalinos no resistirían el movimiento terráqueo.
“Unos a la bulla y otros a la cabuya», reza el refrán popular. El supermercado La Colonia que estaba ubicado de los semáforos de Montoya una cuadra arriba, fue saqueado y los que participaron en dicho saqueo iban con las carretillas repletas de mercadería. Aunque debo confesar que no los considero como un acto vandálico porque no se dieron choques.
Por eso asocio con la canción de Carlos Mejía Godoy en Viva Managua: “Francamente da cavanga el olor de la fritanga y el mondongo del colosal, el bochinche en los mesones, las canciones de los pregones del mercado San Miguel, la tortilla con cuajada y la rica carne asada frente al propio Gran Hotel” (…)
¡Oh Managua querida, tu luz todavía nos abriga igual que hace 53 años, pero tus faroles que se apagaron encienden siempre la melancolía de nuestra alma que te añoramos!
A 53 años del terremoto, te seguimos amando nuestra colosal capital.
El autor es periodista.