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Cada vez más es un reto medir la percepción ciudadana en Nicaragua. Las razones varían, pero las encuestadoras independientes sostienen que pesa la particularidad de la crisis sociopolítica, iniciada con la represión del Estado a las protestas de los ciudadanos en 2018. Aquel ataque dejó al menos 355 muertos, miles de exiliados y decenas de presos políticos, precisamente por expresar sus opiniones críticas contra el régimen de Daniel Ortega.
Olga José María Acuña, presidenta de la firma encuestadora Cid Gallup, con presencia en toda Centroamérica, reconoce que hay retos y la gente responde con cautela en Nicaragua. «La gente es más cauta, pero nosotros somos más cautos también. No preguntamos nada de que vaya a traer problemas (a la población)», dijo a LA PRENSA.
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La situación se vive al límite con un férreo control policial y una cada vez más crecientes denuncias de persecución estatal contra los opositores de Ortega, según organismos de derechos humanos. CID Gallup hizo la última encuesta en junio de 2023. Fue por teléfono.
En el análisis de esta situación se deben tomar en cuenta otros factores. Uno es la afectación a los tomadores de decisiones, que suelen encontrar útiles los diagnósticos independientes. Víctor Borge, director de Borge y Asociados-otra empresa centroamericana dedicada a la Consultoría Política e Investigación Social y de Mercados, y que ha tenido presencia en Nicaragua desde hace más de 30 años- comentó que el hecho de que en Managua «no hay elecciones o una oposición robusta que requiera de información para tomar decisiones.. ha llevado a que se reduzca sustancialmente la investigación y las encuestas de opinión pública relacionadas específicamente con la evaluación de la gestión del presidente, del gobierno».
Como parte de sus hitos, Borge y Asociados es recordada porque fue la única firma encuestadora que predijo el triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro en 1990, mientras las otras empresas de encuestas sostenían que Daniel Ortega prolongaría su primer período de gobierno con una victoria contundente.
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En el contexto actual, la última medición que hicieron fue en 2018. Borge lamenta la situación por la que está pasando el país: «No hay clientes. Al que le interesa esa información no es a la opinión pública, no es al ciudadano nicaragüense intermedio, no es al ciudadano de a pie que está, como decimos en nuestros países, en operación arroz y frijoles, operación tortilla y frijoles, la gente que está en eso no está pensando en encuestas.. se ha minimizado la cantidad de investigación que se hace en Nicaragua en comparación con el resto de los países».
El factor del miedo
Los efectos inmediatos del miedo impuesto como política de Estado es otro tópico de análisis, dado que la población se cuida de hablar de temas que sean críticos al régimen de Nicaragua y eso imposibilita a medir la percepción ciudadana. En 2023, por ejemplo, el Latinobarómetro, un estudio de opinión pública de referencia en América Latina, anunció que no pudieron incluir a Nicaragua en sus estadísticas «porque no hay seguridad física para los encuestadores».
«El régimen de Ortega no permite, (prohíbe) que se pregunten un sinnúmero de temas que comprende el cuestionario. No todas las dictaduras prohíben las encuestas. Pinochet por ejemplo no las prohibía. No le tenía miedo a los resultados», denunció el Latinobarómetro que realiza entrevistas al menos en 18 países.
La maquinaria de mentiras del oficialismo
En medio de esta situación, el régimen de Daniel Ortega impulsa su narrativa sobre un supuesto apoyo popular por medio de MR Consultores, una firma de capital privado, permitida por el régimen que suele sacar conclusiones favorables a la dictadura.
En efecto, la encuestadora realiza ocasionalmente sondeos con preguntas relacionadas a la seguridad del país, la soberanía de la nación, la autodeterminación, entre otras temáticas del lenguaje oficialista. Es representada por Raúl Obregón, quien en 2024 se pronunciaba así sobre Ortega, triturando al mismo tiempo su supuesta imparcialidad.
«Este gobierno tiene una alta legitimidad, desde la perspectiva de la población nicaragüense que vive en Nicaragua; que somos los que estamos aquí», dijo Obregón a los medios oficialistas.
A nadie sorprende. La socióloga nicaragüense y feminista María Teresa Blandón subraya que los gobiernos autoritarios y otros sistemas de poder «nunca van a decir que hicieron esto, o no van a decir si es cierto: Yo reprimí, yo ejercí la violencia desmedida, yo violé derechos humanos». Ellos necesitan construir un relato y divulgarlo para ocultar su carencia, sus equívocos, o abiertamente sus actos contrarios a la ley».
«Esto es una máxima: no hay gobierno autoritario o claramente dictatorial que no recurra a la mentira y al encubrimiento. Y por supuesto que el régimen Ortega-Murillo no es la excepción. Entonces, claro que va a ocultar la verdad y claro que va a intentar silenciar a aquellas voces que le contradicen o que aportan datos que ponen en evidencia sus mentiras».