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“Luis”, un joven nicaragüense de 25 años, tiene al menos 24 meses viviendo en un shelter, en San Francisco, California, a como se le conoce a los refugios para personas sin hogar, luego de no poder costear el pago de un apartamento tras haber migrado a Norteamérica buscando salvaguardar su vida.
Este joven dice que salió de Nicaragua en abril de 2024, seis años después del estallido social de 2018 cuando miles de manifestantes protestaron pidiendo la salida de Daniel Ortega. Se unió a la Alianza Universitaria (AUN) en donde estuvo por un buen tiempo, hasta que finalmente tuvo que salir de país cuando policías fueron por él.
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“Ahora vivo en un shelter. La situación no fue buena para mí”, dice el joven que aún está a la espera de su permiso de trabajo.
En Estados Unidos, los shelters funcionan como refugios temporales para personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad inmediata. Desde quienes han perdido su vivienda hasta migrantes recién llegados que no tienen una red de apoyo.
Son espacios administrados por gobiernos locales y organizaciones comunitarias que buscan ofrecer lo mínimo indispensable para sobrevivir: una cama, comida, higiene, seguridad y orientación básica.
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Aunque su propósito principal es brindar un techo de emergencia, muchos también sirven como punto de partida para conectar a las personas con servicios de salud, programas de empleo o asistencia legal.
“Luis”, dice que su caso fue uno de esos, donde no todas las puertas se abrieron a su favor y enfrentó obstáculos. Tomó la decisión de irse a vivir a un albergue en el cual permanece después de meses. «He visto y pasado de todo», lamenta. Desde comentarios despectivos, hasta racistas.
El nicaragüense cuenta que en estos centros hay normas que usualmente se siguen al pie de la letra, por ejemplo la hora de llegar al edificio. «Hay una hora especifica donde tenés que estar de regreso», dice. Para ir a otra ciudad, el joven comenta que se debe notificar o pedir un permiso. «De lo contrario todas tus cosas amanecen en la calle».
La llegada de Trump
Sin embargo, el sistema de shelters enfrenta desafíos crecientes. En varias ciudades, la demanda supera la capacidad disponible, especialmente durante el invierno o en momentos de incremento en la llegada de migrantes.
Desde que Donald Trump retomó la presidencia en enero de 2025, las ciudades que albergan a miles de migrantes han enfrentado mayores presiones. El gobierno federal ha anunciado recortes y revisiones en los fondos destinados a shelters, mientras se reactivan políticas más restrictivas para solicitantes de asilo. Esto ha provocado que muchos migrantes permanezcan más tiempo en refugios temporales y ha llevado a varias ciudades a declarar saturación o incluso cerrar algunos centros por falta de recursos.
“Completamente”, hay miedo por estar en los shelters “pero entiendo no pueden entrar acá en California”, dice el joven a LA PRENSA vía telefónica.
Manuel Prado, presidente de la Fundación Nicaragüense Americana para el Desarrollo de la Educación y la Cultura (Funadec), con sede en Texas, señala que los shelters son una opción “fundamental” en el tejido social estadounidense cuando se llega a un país “con un idioma diferente”; pero aconseja buscar círculos nicaragüenses o del país de origen del migrante.
“Usualmente en la desesperación se toman medidas similares, pero hay varias oportunidades”, dijo Prado a LA PRENSA.