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Cuando me preguntan qué habilidades se deben tener para sobrevivir, siempre digo: conducir, nadar y hablar inglés, pero recientemente he aprendido que la primera habilidad que debemos desarrollar es leer, es como la llave maestra para aprender otras cosas, pero también para desenvolvernos en un mundo cargado de información.
Desde lo más básico como leer un manual de instrucciones o llenar un formulario hasta cursar la educación formal o cursar talleres, seminarios que nos vayan haciendo únicos.
Me sorprende encontrar a estas alturas del campeonato personas mayores, jóvenes que aún no saben leer y escribir, firmando con sus iniciales y aquellas letras como los trazos que mi mamá me ayudaba a hacer en primaria.
Recientemente conocí dos casos, una mujer emprendedora que desarrolla un negocio sin saber leer, pero claro al estar en un taller, solicitó apoyo con la tarea o el ejercicio que ponía la facilitadora y me llamó tanto la atención cómo había logrado salir adelante sin saber leer.
Comentando estos casos conocí a alguien que aprendió cuando era preso político sus primeras letras. Esto me lleva a la conclusión de que los programas de apoyo deberían volver a lo básico, al desarrollo de habilidades que te permitan crecer como persona, como profesional.
El internet es muy intuitivo y permite conseguir información de manera sencilla, pero si no sabes buscar, si no sabes el lenguaje, cómo preguntarle a Chat GPT, porque ya va quedando en el pasado aquello de navegar en Google.
Y debemos hacer énfasis en que se trata de saber leer, no solo pasar a voz lo que está en tinta, sino comprender lo leído. De esto he escrito antes, cuando recuerdo los informes regionales que colocan a los alumnos de primaria en uno de cuatro pisos y Nicaragua siempre anda entre el sótano y la planta baja.
Lo más peligroso de tener aún personas que no sepan leer es que las autoridades asuman que el analfabetismo ya no existe, que los cooperantes y proyectos piensen en la alfabetización digital cuando aún hay gente que no sabe cómo navegar en un libro tradicional.
Es triste creer que diseñar proyectos para enseñar a leer sea retroceder, pero es que realmente no avanzamos o no lo hicimos como debíamos si dejamos a grupos poblacionales atrás.
Tres recomendaciones que haría a las autoridades: Si tienen un formulario o proceso que incluya leer, pregunte a sus usuarios si saben cómo hacerlo, dos si desarrollan un proyecto consideren que sus beneficiarios además de una lámina de zinc y un chanchito necesitan saber leer para firmar los acuerdos, y recuerden que cuando se trata de hacer un índice regional los exámenes no se realizan solo con alumnos de las mejores escuelas, son con muestras varias que incluyen a las regiones más alejadas.
Leer nos ayuda a crecer porque nos permite adquirir conocimiento y el conocimiento es poder, quizá por eso es que tantos años y campañas de alfabetización después seguimos hablando de este tema.
Decir cuál es el índice de analfabetismo en Nicaragua es muy complicado porque hace mucho no hay cifras creíbles. Porque si me encuentro nicaragüenses que aún no aprendieron sus primeras letras es porque lo de territorio libre de analfabetismo no fue más que un discurso bonito.
Una de las recomendaciones para la población de a pie es si conoces a alguien que no sepa leer enséñale, estarás dando las llaves para que esa persona pueda abrir otras puertas y una vez que puedes adquirir conocimiento por tu cuenta, el cielo es el límite.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.