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Como un conejo sacado del sombrero de un mago, la dictadura Ortega Murillo mostró su más reciente acto de ilusionismo: las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Atrás quedaron el satélite de telecomunicaciones, la Refinería Supremo Sueño de Bolívar, y el faraónico Gran Canal Interoceánico, que según los planes originales debería estar en su sexto año de operaciones.
Además de la poca probabilidad de que las ZEE se materialicen, queda en duda si ayudarían a resolver los problemas más agobiantes de los nicaragüenses. Sobre todo, las que han sido entregadas a empresarios chinos, contribuirán poco o nada a generar empleos y fuentes sostenibles de ingresos que constituyen de lejos, las más apremiantes necesidades de los nicaragüenses.
Las ZEE son el eje principal del desarrollo de China, pero no pueden funcionar en Nicaragua por la ausencia de condiciones que en algunos países garantizaron su éxito.
Los chinos comprendieron que su economía centralizada no generaría el crecimiento que demandaba su población. Copiando a otros países asiáticos, China adoptó una agresiva política de atracción de inversiones, basada en incentivos a la inversión extranjera, que ofrecía un ambiente de negocios propicio, con reglas claras, estables y de respeto a la propiedad privada, siempre y cuando fuese compartida con el Partido Comunista. Promovió la apertura de los mercados, la inversión en alta tecnología y aprovechó la abundante mano de obra barata que tenía en ese momento.
Nicaragua no ofrece esas condiciones, y ningún inversionista serio se establecerá en un país donde las reglas, incluso la Constitución, cambian constantemente, confiscan propiedades y no existe Estado de derecho.

ZEE fuera de China
Con sus acciones, la dictadura está cerrando puertas comerciales y las inversiones en alta tecnología se están dirigiendo a lugares más seguros con los que Nicaragua no puede competir por falta de condiciones. Los que quizás llegarán a Nicaragua son inversionistas chinos, como los que están esparcidos por todo el mundo, que han generado resultados muy negativos.
Una característica común de las ZEE que funcionan fuera de China, pero están controladas por ellos, es el aislamiento del enclave con la economía local. Importan de China la mano de obra y todo lo necesario para operar. La contratación de trabajadores locales y la interconexión con el país huésped es casi inexistente.
Pero lo más preocupante es la desigualdad que generarán. Mientras los inversionistas locales enfrentan acoso fiscal por parte de la Dirección General de Ingresos (DGI) y la Dirección General de Servicios Aduaneros (DGA) que imponen reparos millonarios y dudas de valor excesivas, los inversionistas chinos gozarán de exoneración plena. Mientras los pequeños, medianos o grandes empresarios nicaragüenses retendrán el IVA que cobren a sus clientes y paguen el Impuesto sobre la Renta (IR), los chinos no tendrán esos compromisos fiscales.
Los dueños de negocios locales pagarán la energía más cara de Centroamérica, y a los chinos se las subsidiarán, y hasta tendrán a disposición terrenos públicos para establecer sus negocios, mientras los empresarios locales los tendrán que comprar a precio de mercado y pagar los impuestos respectivos. Además de la injusticia que acarrea esta discriminación, introduce distorsiones a la economía, al generar reglas desiguales para los empresarios que deberían tratarlos sin sesgo ni exclusión.

ZEE no resolverán los problemas
Las ZEE generarán menos beneficios que los anunciados por funcionarios de la dictadura, que auguran tasas de crecimiento de hasta 8 % anual; proyección que dista mucho de la realidad y del actual crecimiento generado por el buen desempeño de las exportaciones y las remesas familiares, variables cuya sostenibilidad futura está en riesgo.
Además, de concretarse el cierre del mercado estadounidense, por las restrictivas reglas de origen, las ZEE no podrán convertirse en plataformas para exportar productos chinos y tendrán que buscar otros mercados.
También acarrearán los mismos costos asociados con las intervenciones chinas, que son el alto endeudamiento producto de su diplomacia de la deuda, daños ambientales y abusos laborales.
La Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) considera que Nicaragua, para prosperar, necesita mucho más que el espejismo mágico de unas ZEE que no son otra cosa que zonas francas de grandes dimensiones. En la historia de las naciones desarrolladas ha quedado demostrado que lo han logrado mediante procesos de creación de leyes y reglas claras, predecibles, estables e iguales para todos, sin discriminación económica ni sesgos de ninguna índole, con transparencia y atacando la corrupción.
Para que Nicaragua prospere, hay que invertir en educación de calidad, para tener personas altamente capacitadas y productivas, que puedan acceder a empleos y salarios de calidad. Pero también es indispensable que haya irrestricto respeto a los derechos, de propiedad, individuales, políticos y sociales. Pero en estos momentos en Nicaragua no se cumple ninguna de estas condiciones, por tanto, no existe ninguna posibilidad de que las ZEE ayuden a resolver los graves problemas que enfrentan los nicaragüenses.
*Este artículo se publicó originalmente en: www.cdnicaraguense.org
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Concertación Democrática Nicaragüense (CDN)-Monteverde