El gobierno hondureño reportó una caída del 90 % en el ingreso irregular de migrantes extranjeros respecto al año pasado, pero advirtió que, pese al descenso general, continúa llegando un flujo significativo de ciudadanos cubanos, que usualmente viajan a Nicaragua gracias a un acuerdo de libre visado La Habana-Managua.
Según datos del Instituto Nacional de Migración (INM), entre enero y el 6 de noviembre ingresaron 32.043 personas en situación irregular, frente a las 345.569 registradas en el mismo periodo de 2024.
Nicaragua, fiel a su política de censura de datos oficiales, no reporta cifras del tráfico de migrantes o las disfraza de «turistas».
Las autoridades hondureñas atribuyen el desplome de la migración irregular al endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos y a mayores controles en México.
Sin embargo, los cubanos ocupan un buen porcentaje de las estadísticas: suman 16.790 viajeros en lo que va del año.
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Cuba y Haití dominan los flujos actuales
El INM señala que los haitianos son el segundo grupo más numeroso con 8.037 ingresos, seguidos por migrantes venezolanos (1.582).
También se registran ciudadanos de Ecuador, China, India, Vietnam, Irán y Nepal, lo que confirma que la región sigue siendo parte de múltiples rutas globales hacia Norteamérica.
Aunque enero fue el mes con mayor afluencia (8.341), la tendencia fue descendente hasta septiembre. En octubre hubo un leve repunte con 4.524 ingresos, y en los primeros seis días de noviembre entraron 1.199 migrantes, la mitad haitianos y 44 % cubanos.
Nicaragua como “puerta de entrada”
El persistente flujo de cubanos preocupa a Honduras por un factor central: Nicaragua mantiene una política de libre visado para ciudadanos de la isla.
Ello convierte a Managua en un punto de llegada accesible para continuar el viaje por tierra hacia México.
El contexto no es nuevo. Antes de enero de 2025, Nicaragua había consolidado un doble papel en la migración irregular hacia Estados Unidos.
Por un lado, vivía su propio éxodo: desde 2018, más de 600.000 nicaragüenses salieron del país huyendo de represión política, crisis económica y falta de libertades, configurando la mayor emigración de su historia reciente.
Por otro lado, se convirtió en un puente regional para migrantes de terceros países, que llegaban de todo el mundo en vuelos chárters.
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OIM lo había informado en agosto
Entre enero y julio de 2025, habían ingresaron a Honduras 21.617 migrantes rumbo a Estados Unidos. La OIM lo informó el pasado 28 de agosto con base en datos del Instituto Nacional de Migración hondureño, citados por la agencia EFE.
La cifra mostraba un patrón claro: el 83% eran cubanos, una mayoría que confirma la presión migratoria sostenida desde la isla y la ruta centroamericana que sigue activa pese a los controles regionales.
El resto de las nacionalidades se distribuyó en márgenes menores pero significativos. Ecuatorianos representaron el 5%. Chinos, el 3%. Y un 9% adicional correspondió a personas de otros países.
El informe de la OIM también registró un movimiento en sentido contrario. En el mismo periodo, 18.291 personas emprendieron el trayecto de regreso hacia Sudamérica. El 96% eran venezolanos y el 4% colombianos.
Un negocio migratorio que benefició al régimen
Entre 2021 y 2024, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo eliminó visados para cubanos, haitianos y ciudadanos de diversos países africanos y asiáticos, lo que impulsó cientos de vuelos chárters a Managua.
Los migrantes pagaban entre 2.000 y 5.000 dólares por boleto, además de tasas y “multas” migratorias. Una vez en Nicaragua, emprendían el viaje terrestre hacia Honduras.
Las cifras muestran que más de 400.000 cubanos utilizaron esta ruta entre 2021 y 2024, generando millonarias ganancias a Nicaragua.
Solo entre enero y octubre de 2023, la Dirección General de Migración de Nicaragua recaudó casi 66 millones de dólares por cargos vinculados a estos flujos.
En 2024, la tendencia continuó pese a restricciones de visa impuestas por EE.UU. a aerolíneas y operadores involucrados.
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Éxodo interno y tensiones con EE.UU.
Mientras Nicaragua facilitaba el tránsito de extranjeros, también expulsaba a su propia población.
La represión posterior a las protestas de 2018, el cierre de ONG y universidades, y el deterioro económico impulsaron a cientos de miles de nicaragüenses a buscar asilo o vías humanitarias en Estados Unidos y Costa Rica.
La combinación de represión y tráfico de personas generó recursos económicos a la dictadura. Las remesas enviadas desde EE. UU. superaron los 4.000 millones de dólares en 2023 y sostuvieron la economía nacional.