Ileana Lacayo, al centro, en un homenaje a los periodistas Ángel Gahona y Sergio León. LA PRENSA/CORTESÍA

Muerte y exilio dejan al borde de la extinción al periodismo en Bluefields

Al luto por la muerte de cuatro periodistas reconocidos y populares, se suma el duelo por el exilio y el silencio de decenas de comunicadores de Bluefields que han pausado su carrera.

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Nadie se atreve a llamarle “maldición”. Los más pesimistas lo califican como “tragedia”, los más escépticos lo ven como “cadena de mala suerte” y no hay optimistas que definan lo que ha ocurrido con los periodistas en Bluefields, donde la muerte, el exilio y la censura han marcado el oficio en esta ciudad del Caribe Sur de Nicaragua.

Desde 2018, cuatro periodistas destacados y reconocidos en esta localidad han muerto en circunstancias trágicas: un asesinato, dos contagios mortales y un accidente doméstico.

A la vez, decenas de comunicadores se han exiliado, otros han silenciado sus espacios informativos y no pocos se han retirado hasta de la región, como queriendo evitar que la mala suerte los alcance.

“Yo no sé cómo llamarle a lo que nos ha pasado en el periodismo blufileño, no creo que sea una maldición, quizás, sí puedo decir que es una tragedia”, dice desde el exilio una joven periodista que alguna vez bailó con Ángel Gahona, recibió clases y almorzó con Ileana Lacayo, trabajó y viajó con Sergio León y compartió cabina y consejos con Sixto Chamorro Blandón.

Los últimos cuatro nombres corresponden a los periodistas de Bluefields, notables y entrañables todos, que han muerto desde 2018.

El asesinato de Gahona

La cadena de muertes trágicas en Bluefields comenzó el 21 de abril de 2018, cuando mataron a disparos a Ángel Eduardo Gahona López, quien cubría las protestas sociales y transmitía en vivo a través de Facebook.

Gahona López, entonces de 42 años e hijo de dos pastores de la Asamblea de Dios, era director y fundador, además de periodista, camarógrafo y reportero del medio digital El Meridiano.

Ángel Gahona era esposo y padre de dos hijos que entonces tenían 16 y 5 años. Sus familiares lo describían como un hombre jovial, carismático y de humor constante.

Una hermana suya lo comparaba con un “Rambo” del periodismo: siempre dispuesto a cubrir noticias riesgosas. Según Migueliuth Sandoval, su viuda, nunca demostró miedo: “La adrenalina le corría por el cuerpo”, dijo en una entrevista.

Ese carácter valiente y constante lo había llevado a construir una reputación sólida en Bluefields como periodista emergente en streaming y redes sociales.

Cuando el país se sumió en protestas en abril de 2018, él estaba en la calle cubriéndolo todo, como acostumbraba, hasta la noche del 21 de abril de 2018.

Aquel día, mientras hacía una transmisión en vivo desde el casco urbano de Bluefields, Ángel describía los enfrentamientos entre policías y manifestantes.

Sostenía su celular en la mano derecha, grabando lo que ocurría. A las 6:26 de la tarde, según el registro de la transmisión, se escucharon disparos. Tres impactos de bala lo alcanzaron: uno entró por la sien y terminó alojado en la oreja izquierda; otro atravesó el corazón; el tercero atravesó la muñeca derecha, en la mano con la que sostenía el teléfono.

En el gremio periodístico a nivel nacional, la muerte de Ángel Gahona significó un golpe moral que muchos no anticiparon.

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Los periodistas Ángel Gahona e Ileana Lacayo, bailando en una actividad universitaria en Bluefields. LA PRENSA/CORTESÍA.

Juan Carlos Duarte, periodista de Radio Camoapa, hoy exiliado, dijo a LA PRENSA entonces que “asesinar a un periodista es cometer un doble asesinato”, porque se mata a la persona y se intenta silenciar la verdad. Para él, Gahona representaba “el periodismo insigne de estos últimos años”.

Un periodista que pide no revelar su nombre recuerda a Ángel con afecto. Lo conoció en coberturas, en reuniones de trabajo, en largas esperas frente a oficinas públicas.

Desde un país donde rehace su vida, afirma: “Nunca pensé que el asesinato de Gahona iniciaría la cadena de periodistas muertos en circunstancias trágicas en Bluefields. Es como si nos cayera una condena”.

Con un poco de congoja recuerda los nombres que siguieron: el de Sergio León Corea, muerto por covid en 2020; el de Ileana Lacayo, fallecida también por covid en 2021; y el de Sixto Chamorro Blandón, el Cachorro, quien sobrevivió al dengue y al coronavirus para morir luego en un accidente doméstico en 2022.

“A veces siento que se fueron los más fieras”, dice desde el exilio, y casi musitando comenta que para él Gahona es “imposible de reemplazar”, ya apurado por terminar la llamada mientras se acerca el tren que la llevará del trabajo a su apartamento, ahora muy lejos de Bluefields.

Ángel Gahona, el periodista asesinado en Bluefields durante el inicio de las protestas. LA PRENSA/ CORTESÍA
Ángel Gahona, el periodista asesinado en Bluefields durante el inicio de las protestas. LA PRENSA/ CORTESÍA

La partida de Ileana

Cuando Gahona cayó su propia cámara registró los segundos finales. Murió de inmediato. En el video se oye la voz aterrorizada de una mujer que grita: “¡Ángel, nooo!”

Era la voz y el llanto de dolor de Ileana Lacayo. Como en casi todas las ocasiones cuando había eventos de riesgos, como huracanes, protestas, desastres naturales y quiebres de drogas, ella solía acompañar al cardumen de periodistas blufileños.

Así que ella estaba cerca de su amigo y exestudiante de Comunicación, Ángel Gahona, aquella noche trágica.

Ileana Vanesa Lacayo Ortiz (nacida en Bluefields el 28 de julio de 1974), fue considerada una de las voces más influyentes del periodismo en la Costa Caribe de Nicaragua en los últimos años.

Comunicadora, docente, defensora cultural y formadora de nuevas generaciones, su muerte por covid-19, el 29 de abril de 2021, dejó un vacío que todavía se siente en Bluefields, una ciudad que en menos de tres años vio morir a tres de sus referentes.

Desde Managua, adonde se mudó después de 2021, una antigua colega blufileña de Lacayo recuerda que desde adolescente Ileana descubrió su vocación en la radio local y un carácter decidido y audaz que no se olvida fácilmente.

A los 14 años ya locutaba programas infantiles y comunitarios y en 1990 participó en la toma juvenil de Radio Zinica para anunciar a la población la derrota del sandinismo y el inicio de una nueva etapa democrática, noticia que la dirección del medio se negaba a transmitir en espera de un milagro o de una orden.

Su amiga dice que su firme carácter llevó a Ileana a estudiar Comunicación en Guadalajara, México, de donde regresó decidida a profesionalizar el oficio en su región.

En Bluefields fue corresponsal de LA PRENSA, del otrora Canal 2 y por su preparación bilingüe colaboró con cadenas internacionales como CNN, Telemundo y Teletica.

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Sergio León Corea e Ileana Lacayo, dos referentes del periodismo en Bluefields, que fallecieron a causa del covid. LA PRENSA/CORTESÍA.

Impulsó la creación de programas de comunicación en la BICU y la URACCAN, fortaleció el Instituto para la Comunicación Intercultural y lideró la instalación de la Red de Radios Comunitarias en el Caribe.

A veces maternal, a veces fraternal y en otras protectora, no desoía una denuncia social y corría para acompañar a los colegas en líos judiciales o políticos vinculados al periodismo.

“Nunca voy a olvidar cuando ella llegaba a radio La Costeñísima, donde don Sergio León, a pedir cabina para hacer campañas sociales o colectas para ayuda humanitaria para colegas en apuros o comunidades en desgracia”, recuerda su excompañera de trinchera.

Tras presenciar el asesinato del periodista Ángel Gahona en 2018, Ileana denunció públicamente la responsabilidad policial y rechazó vehemente la acusación oficial y el argumento formal que achacaba el asesinato a dos jóvenes costeños y no a los policías que estaban en la zona el día del crimen.

Esa decisión la convirtió en blanco del régimen. Fue acosada, criminalizada y finalmente empujada al exilio, donde tampoco abandonó el gremio y la vocación.

En Costa Rica trabajó en CEJIL, en proyectos de comunicación de la UCR y articuló la red de periodistas nicaragüenses independientes en ese país. Incluso en el extranjero se mantuvo como puente de coordinación y respaldo para la prensa del Caribe.

Luego de dos años de exilio decidió regresar a Bluefields, donde continuó informando pese al asedio policial y la campaña política de descrédito en su contra desde redes sociales y medios oficialistas… hasta que llegó la pandemia y la voz de Ileana se apagó.

El impacto de su fallecimiento aún golpea a los periodistas jóvenes que Ileana formó en aulas y redacciones.

“Marlon Díaz”, hoy exiliado en Costa Rica y retirado del oficio, asegura que las muertes de Ileana y Gahona le dejaron un “miedo feo” al periodismo y sus consecuencias.

“El vacío de Ileana, Ángel Gahona y Sergio León es profundo, porque nunca los pudimos despedir ni honrar como se merecían, por la represión en Bluefields. Yo fui a la vela de Ileana y al funeral de Sergio, y en ambos casos me tomaron fotos y me publicaron en redes con mala intención. Eso me llenó de miedo y tuve que huir”, dice.

El sentido adiós de BamBam

Cuando Ileana murió de covid, ya Sergio León había muerto de la misma causa, en la misma ciudad.

Sergio Warren León Corea, nacido en Bluefields el 11 de noviembre de 1969, llevaba la huella mezclada de dos raíces frecuentes en la Costa Caribe: el “León” de su madre, Janeth León, y el “Corea” de su padre, Henry Corea, un apellido de antigua presencia creole y la emergente mezcla mestiza en la zona.

Desde pequeño, sin embargo, a Sergio todos lo conocieron por un apodo que nunca abandonó: BamBam. Su madre contaba que esas fueron sus primeras palabras, y él mismo admitía, entre risas, que le sorprendía que no lo hubieran inscrito con ese nombre en el Registro Civil.

La radio fue su primera pasión. Según recordó años después la periodista Ileana Lacayo, ambos coincidieron en la infancia en un programa infantil llamado La Ronda.

El micrófono, desde entonces, se convirtió para él en una herramienta natural. Aunque quiso estudiar Periodismo en Managua, la realidad económica lo llevó primero a obtener el título de Sociología en la URACCAN.

Luego completó sus estudios de periodismo en la Universidad Nacional, dando forma definitiva a la vocación que ya traía desde niño.

Su recorrido profesional empezó en emisoras locales. Antes de los treinta ya había fundado, junto a un colega de Radio Zinica, el Noticiero Independiente, un espacio que rompió con la línea tradicional de las radios de entonces en Bluefields.

Ágil, directo, centrado en sucesos y temas de nota roja, el noticiero se convirtió en un antecedente claro de lo que más tarde sería Tras la Noticia, el programa que lo acompañó la mayor parte de su vida profesional.

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Sergio León Corea, periodista y director de la radio La Costeñísima, falleció el 14 de junio de 2020 tras 12 días hospitalizado. También murieron los periodistas Gustavo Bermúdez (26 de mayo de 2020) e Ileana Lacayo (29 de abril de 2021), todos víctimas del virus. ARCHIVO/ LA PRENSA

En septiembre de 2001 ingresó como corresponsal del Diario LA PRENSA en un período crítico para Bluefields, donde el narcotráfico ganaba terreno y la Policía Nacional operaba entre limitaciones, omisiones y señalamientos.

En mayo de 2004, la masacre policial que dejó cuatro oficiales muertos dentro del propio cuartel evidenció la fragilidad de la seguridad en la región. Sergio cubrió ese caso junto a periodistas de la redacción central y se ganó la amenaza de los narcos.

Esa valentía lo obligó a salir temporalmente de Bluefields varias veces para refugiarse en Managua, mientras las amenazas se calmaban. Pero siempre regresaba.

En 2001, también junto a otros socios, fundó radio La Costeñísima y puso al aire Tras la Noticia.

En adelante, ese sería su proyecto más querido. Con equipos básicos y mucha voluntad, fue construyendo una emisora que se volvió punto de referencia regional. Con el tiempo, incorporó un canal de televisión local, completando así un pequeño sistema de medios comunitarios.

La radio abría a las 6:00 de la mañana. Él presentaba el noticiero, salía después a las calles para reportear y hablar con la gente. La gente lo reconocía y le daba tips, noticias y saludos.

Luego regresaba a mediodía para la segunda edición y, por la tarde, revisaba guiones y notas hasta cerrar transmisión a las 7:00 de la noche.

Trabajar en la Costa Caribe implicaba convivir con amenazas constantes. Sergio, sin embargo, tenía una tolerancia inusual hacia sus críticos.

Permitía espacios pagados donde lo atacaban por su postura editorial, y se negaba a cortar llamadas en las que lo insultaban. “No quiero caer en la trampa de censurar”, solía decir. Esa postura le generó incomprensión entre amigos y colegas.

El año 2020 encontró a Sergio con un diagnóstico complicado: lupus, diabetes e hipertensión.

A finales de mayo presentó los primeros síntomas de covid-19. Aun así, siguió trabajando hasta que su condición se agravó. Fue internado en el Hospital Ernesto Sequeira Blanco, de Bluefields, de donde no salió vivo.

Murió el domingo 14 de junio de 2020 a las 9:35 de la mañana, con 50 años recién cumplidos. Las calles vacías por la pandemia se llenaron de personas que se asomaron a las puertas para despedir el ataúd blanco, mientras patrullas vigilaban los funerales.

Funerales del periodista Sergio León Corea, cuando salía del hospital directo al cementerio tras fallecer de covid-19. LA PRENSA/CORTESÍA.

La muerte del Cachorro

Después de Ángel Gahona, Sergio León e Ileana Lacayo, Bluefields perdió al cuarto de sus grandes veteranos: Sixto Chamorro Blandón, el popular “Cachorro”. Su muerte, el 17 de enero de 2022, cerró un ciclo doloroso para el periodismo costeño.

Sixto estuvo 21 días en cuidados intensivos en el Hospital Lenín Fonseca, en Managua, tras una caída en las gradas de su casa en el barrio Central de Bluefields. Primero lo atendieron en Bluefields, pero su condición se agravó y fue trasladado de emergencia. Nunca recuperó plenamente la conciencia.

“Sixto nació en Chichigalpa, pero su corazón siempre fue de la Costa”, recuerda un amigo, quien lo conoció allá por 1990 en radio Zinica.

“Hay quienes en redes sociales se burlaron de la muerte del Cachorro porque era sandinista, cosa que nunca ocultó, pero tampoco se valió de eso para joder a los otros colegas. Los que lo conocimos supimos que era un buen tipo, alegre y solidario”, dice.

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Tras el fin de la guerra civil, Chamorro entró a radio Zinica y desde entonces fue una de las voces más reconocibles de la ciudad.

En El Noticiero de las 11, sus reportes comunitarios, sus crónicas sobre la vida común y su forma campechana de contar lo que pasaba lo volvieron parte del engranaje periodístico de Bluefields.

“Yo lo vi crecer como periodista y como amigo. Era popular sin proponérselo, querido por la gente sencilla, respetado por los veteranos y admirado por los jóvenes del oficio. Con su muerte, se apagó una de las últimas voces que retrataban el pulso real de la ciudad”, dice este retirado periodista de radio.

“Aquí, de lejos, uno siente que seguimos perdiendo la referencia del periodismo de Bluefields. Y aunque ya no estamos para despedidas, sí estamos para dejar memoria: Sixto, el Cachorro, se quedó viviendo donde siempre quiso: en la memoria de su pueblo que lo conoció”, dice su otrora compañero de radio.

Altar rindiendo homenaje a la periodista Ileana Lacayo, quien murió de covid-19 en 2021. LA PRENSA/CORTESÍA.

Periodismo arrasado en Bluefields

Desde el exilio, lejos de Nicaragua y de su Bluefields natal, el periodista Jesús Salgado observa el derrumbe del periodismo costeño como quien mira, desde una orilla remota, los restos de una casa familiar arrasada por el mar.

Tiene 51 años y una vida entera dedicada a la comunicación social intercultural, la docencia y el periodismo comunitario. “He visto morir a compañeros, amigos y alumnos, víctimas del silencio, de la impunidad y del abandono estatal”, afirma.

Con Ileana Lacayo, su colega y maestra, compartió décadas de trabajo y un sueño común: construir una red de medios comunitarios en la Costa Caribe.

Juntos crearon el Instituto de Comunicación Intercultural de la URACCAN y consolidaron una red de radios en casi todas las comunidades del litoral, desde Bluefields hasta Waspam.

“Ella era como una hermana para mí”, dice ahora, todavía incrédulo. Recuerda que pocos días antes de su muerte, Ileana regresó de Ometepe, donde impartía talleres con mujeres periodistas. Estaba tosiendo, visiblemente enferma, y no lo dejó entrar a su casa cuando él llegó a visitarla para concluir un trabajo del oficio: “Párate, no entres… no quiero contagiarte”.

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Bluefields ya no es la misma, dice. En la Costa Caribe, según Salgado, “ya no hay periodismo”. Lo que queda es un aparato propagandístico que impone “una narrativa basada en la obediencia, la subordinación y la esclavitud mental”.

Los pocos medios digitales independientes sobreviven casi como náufragos, informando desde el exilio, muchas veces con miedo, como le ocurre a él y a colegas como Kalúa Salazar y otros que ya ni siquiera se atreven a firmar sus publicaciones o admitir que están exiliados.

Salgado reconoce que el colapso del ecosistema mediático es casi total. Según sus investigaciones, dos tercios del gremio de Bluefields están fuera del ejercicio libre: exiliados, fallecidos o retirados.

Apenas el 11% continúa dentro del país, sometido a vigilancia y autocensura. Otro tercio trabaja directamente como propagandista del régimen. Y un 14.8 % corresponde a periodistas muertos, entre ellos los cuatro nombres que marcaron la historia regional: Gahona, León, Lacayo y  Chamorro.

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