Humberto Belli y la continuidad criolla de los partidos políticos 

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Al analizar el andamiaje político nacional, conviene evitar dos errores: creer que las organizaciones de la sociedad civil pueden sustituir a los partidos políticos en la lucha por el poder, y asumir que los partidos existentes solo necesitan “reconstruirse” para representar genuinamente al pueblo, como sugiere Humberto Belli en su artículo del 10 de noviembre de 2025 en este mismo medio. Ni lo uno ni lo otro. 

Lo más llamativo de la postura de Belli es su visión sobre el espectro político. Parece suponer que, una vez que la dictadura desaparezca, los partidos podrían auto repararse académica y emocionalmente, como un mueble viejo o un carro abandonado. La realidad es distinta. En Nicaragua no existen partidos políticos sólidos: las históricas paralelas de liberales y conservadores fueron destruidas tras el atraco sandinista al poder en 1979; la modernidad contemporánea los pulverizó; y el régimen actual ha abolido toda institucionalidad relevante. 

El país está secuestrado por un sistema que combina políticas económicas capitalistas con un desprecio absoluto por las libertades individuales, públicas y el Estado de derecho, una lógica represiva propia de sistemas estalinistas. Bajo estas condiciones, lo que Nicaragua necesita para aspirar a ser una potencia regional es crear nuevos partidos políticos, no reconstruir los antiguos, que fueron fuente certera para servir a caudillos y a intereses particulares, salvo contadas excepciones. 

Pensar en “reconstruir” los partidos es un error histórico. La herencia partidaria ya cumplió su papel y sería difícil volverla atractiva o eficiente frente a los desafíos de la vida moderna.  El también ex ministro de Educación en el histórico gobierno de la UNO con el triunfo de la presidenta Violeta de Chamorro —aunque aborda con objetividad la figura de Sandino y lo desmitifica al igual que a la izquierda que lo engrandeció—, deja entrever que todos los partidos deberían reconstruirse, lo que puede prestarse a interpretaciones peligrosas. 

De persistir esta lógica, podríamos ver al FSLN promoviendo la democracia occidental y la alternabilidad, mientras antiguos líderes reaparecerían reivindicando postulados postmodernos. La realidad exige nuevos partidos que promuevan libertades individuales, libre mercado, gobiernos limitados y una conciencia ética que sepulte definitivamente al Estado botín. 

Es crucial diferenciar “relevo” de “reconstrucción”. El relevo no significa excluir a las viejas guardias ni medir edades juveniles, sino reconocer que el huracán sandinista destruyó todo. Frente a esta realidad, solo nuevas rutas y nuevos partidos podrán conducir a una democracia sólida y funcional. 

Belli también cita a Simone Weil, filósofa francesa que sostenía que los partidos corrompen la libertad y la justicia. Para Weil, los partidos concentran poder y subordinan a los ciudadanos a intereses internos, en lugar de servir al bien común. (Ella ahí se equivoca pues confunde a estos con entidades delincuenciales, como sucede con tantos regímenes carcomidos por la corrupción). 

Los partidos históricos en Nicaragua requieren de un análisis crítico que contemple su fracaso y su inutilidad, para garantizar democracia, libertades, oportunidades en equitativa igualdad para todos y participación ciudadana. 

Sin embargo, ni Weil ni Belli abordan con detalle cómo construir una sociedad justa y libre sin partidos. Surge entonces la pregunta: ¿quién gobernaría? ¿Sería sólida la estructura institucional sin instancias partidarias? La respuesta no puede depender únicamente de ONG o de plataformas emergentes; la creación de nuevos partidos es indispensable para garantizar gobernabilidad y estabilidad. 

La oportunidad histórica está sobre la mesa. La diáspora y las nuevas generaciones han acumulado fuerza, experiencia y capacidades creativas, tecnológicas y laborales para contribuir al cambio. 

 Lo necesario es fomentar partidos nuevos, aprendiendo de la historia, respetando la libertad individual y ciudadana, promoviendo gobiernos limitados y estableciendo una ética política renovada. Solo así Nicaragua podrá superar la barbarie del régimen sandinista actual y construir un país moderno, libre y competitivo en América. 

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos, columnista internacional y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA). 

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