Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Cada generación cree vivir una era sin precedentes con desafíos únicos. Pero una y otra vez, los mismos patrones y motivaciones han debilitado e incluso destruido civilizaciones, o las han fortalecido y permitido su florecimiento. Aprender del pasado requiere reconocer sus simetrías y resonancias.
Por ejemplo, el ascenso y la decadencia de las potencias a lo largo de los siglos han establecido algunos principios básicos. El principal de ellos es que cuando una potencia dominante se enfrenta a dos rivales, el rival que no entra en conflicto con la potencia dominante suele ser el que triunfa.
A finales del siglo XVIII, Gran Bretaña se impuso a los Países Bajos (la potencia dominante de la época), mientras que Francia, el otro contendiente, que declaró la guerra contra los Países Bajos, nunca llegó a convertirse en una superpotencia. A principios del siglo XX, Estados Unidos se impuso a Gran Bretaña, en gran medida debido a las guerras entre el Reino Unido y su otro rival, Alemania.
Otra lección es que los imperios colapsan cuando ya no pueden financiar la seguridad de sus territorios y rutas comerciales. La Edad de Oro española llegó a su fin cuando ya no pudo financiar el gasto militar necesario para defender sus colonias. El imperio británico dependía de una supremacía naval que no pudo mantener. La Unión Soviética cayó porque confundió grandeza con exceso de armamento.
Una tercera lección es que, incluso cuando las civilizaciones están preparadas para el éxito, pueden derrumbarse bajo el peso de errores no forzados. Por ejemplo, a principios del siglo XX, Occidente parecía estar preparado para la prosperidad: con la llegada de la electrificación, el automóvil, el teléfono, la radio y el transporte aéreo, el progreso tecnológico se aceleraba, mientras que el círculo vicioso de pobreza y guerra parecía haberse roto.
El comercio global estaba en auge (sobre todo entre Gran Bretaña y Alemania), la democracia avanzaba (incluso en Rusia, donde la revolución de 1905 anunció una nueva era de libertad) y los gobernantes europeos mantenían una buena relación: Jorge V era primo hermano de Guillermo II y Nicolás I (que eran primos terceros). Para 1908, se había diseñado una arquitectura institucional para la resolución de conflictos globales.
Pero la Primera Guerra Mundial interrumpió esta época dorada. Los inventos diseñados para liberar a la humanidad se convirtieron en armas de destrucción, y la ilusión del progreso murió en las trincheras. Durante décadas, Europa se convulsionó con la guerra y el odio, la humillación insoportable y la venganza bárbara. A pesar de la certeza de que esta vez sería diferente, el continente ardió en llamas.
El mundo está experimentando algo similar hoy: deberíamos estar a las puertas de un futuro próspero. El potencial de la humanidad nunca ha sido tan inmenso. La transición hacia energías más limpias podría poner fin a la era de los combustibles fósiles. Los avances científicos podrían cambiar drásticamente nuestras vidas al curar enfermedades que han desafiado el tratamiento, desarrollar una fuente casi ilimitada de energía limpia, liberar a la humanidad de las tareas más arduas y mucho más.
Muchos países han reconocido la importancia de abordar el cambio climático y proteger el planeta. Se están reforestando millones de hectáreas, desde Kivu hasta la Amazonia. El Tratado de Alta Mar busca proteger el 30 por ciento del océano para 2030. Los bancos están incorporando consideraciones de biodiversidad en sus balances. El PIB está dando paso lentamente a otras medidas que valoran la salud, la igualdad y el bienestar. Los jóvenes del mundo se están haciendo oír, las mujeres están accediendo a puestos de decisión y las sociedades, plenamente conscientes de que enfrentan desafíos compartidos, están dialogando.
Y, sin embargo, como a principios del siglo XX, se está gestando el peor escenario posible. El autoritarismo se ha extendido cada vez más, subvirtiendo incluso las democracias más consolidadas. Si no tenemos cuidado, la IA podría destruir miles de millones de empleos, impulsar nuevas armas y erosionar las capacidades cognitivas. El medio ambiente continúa deteriorándose y la crisis climática se agrava debido a los millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero que aún se liberan a la atmósfera. El aumento del nivel del mar, la desecación de los ríos y la pérdida de cosechas han obligado a millones de personas a migrar. Las guerras se multiplican en todo el mundo y los conflictos por la alimentación y el agua están a punto de aumentar.
La mayoría de los gobiernos democráticos están paralizados, posponiendo las reformas necesarias hasta después de las próximas elecciones. Ante el ataque a la globalización, han resurgido el miedo al otro, la nostalgia por una pureza inexistente y el desprecio por el conocimiento. Esto ha generado división, exclusión y desconfianza: las condiciones en las que prospera el populismo. La inteligencia colectiva da paso a la ira individual, tal como ocurrió a principios del siglo XX.
Aún más preocupante, y sin precedentes, es que nos enfrentamos a desafíos comunes —el cambio climático, la pobreza, los riesgos epidémicos y el mal uso de la tecnología, en particular la IA— que afectan a la humanidad en su conjunto. Saturados de pantallas y videojuegos, y aún obsesionados con la rivalidad nacional, olvidamos pensar en el futuro global y permitimos que poderosos intereses nacionales dominen la formulación de políticas. Así es como mueren las civilizaciones. Así es como podría morir la civilización humana.
Para evitar este desenlace, no debemos olvidar las lecciones del pasado. Debemos comprender que es hora de pensar como una sola especie humana y afrontar los desafíos comunes. Debemos construir sobre la cooperación global y no sobre el egoísmo geopolítico de los Estados-nación. Los intereses de las generaciones futuras deben ser prioritarios, lo que implica un nuevo énfasis en el altruismo. Quizás algún día recordemos el 2025 como el año en que la humanidad pudo haber empeorado, pero en cambio, por primera vez en siglos, eligió la vida.
El autor es presidente fundador del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, ex asesor especial del presidente francés François Mitterrand y autor de 86 libros.
Derechos de autor: Project Syndicate, 2025.
www.project-syndicate.org