Carlos Andrés Pérez (CAP), el presidente que murió dos veces 

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Con este evocador título, Antonio Ledezma,  una de las figuras más cercanas  políticamente hablando  a la  Premio Nobel de la Paz 2025 y libertadora de Venezuela, María Corina Machado, da inicio a su libro biográfico sobre Carlos Andrés Pérez (CAP, 1922-2010), atrayente y controversial representante del presidencialismo hispanoamericano quien, queriendo dar más de sí mismo desde la vida pública en bien de su pueblo —merece reconocerlo—,  y tomando distancia en gran medida de los vicios típicos y atavismos criollos de quienes han llegado al poder, descuidó un aspecto esencial de su propia gestión: cuidar de sus propios huesos hasta de su propia sombra y  de su propia vida aun de algunos cercanos a su partido, quienes al final lo llevaron al derrumbe, a la pobreza en sus últimos días  y a la muerte en el exilio en Miami. 

Ledezma ha elaborado esta biografía con una narrativa eventualmente lineal sobre la vida pública administrativa de CAP, quien al igual que otros hombres montados en la silla presidencial, logran mantener un dominio y conocimiento ciudadano, popular, esencial para hacer que fluya la leyenda desde la propia gestión doméstica al entremezclarse con sus conciudadanos. Con nombres y apellidos preguntaba por aquellos a quienes había conocido en una sola ocasión. Preguntaba por sus parientes, amigos y sus estados de salud como si fuese uno más de la familia o del entorno y no desde la perspectiva de giras de campaña electoral o de agenda presidencial.   

Esto le valió en gran medida liderazgo desde su primer período (1974-1979) y en el segundo (1989-1993) ambos con el partido Acción Democrática (AD), período que  no pudo concluir debido a las acusaciones por malversación de fondos públicos y corrupción que culminaron con su destitución. 

Pero más allá de sus rasgos personales y empatía popular, CAP resultó ser un hombre con una agenda cargada tanto a lo interno del país como a lo externo, habiendo hecho cosas buenas y malas al respecto.  Y es ahí precisamente, donde se torna difícil llevar a cabo una valoración, positiva o negativa en su administración. Es decir, en otras palabras, hizo cosas buenas y cosas malas, precipitado quizás en apoyar algunas estrategias nacionales como internacionales. De ahí que el mito sobre su gestión crezca o se juzgue peyorativamente en el transcurso del tiempo. 

Por ejemplo, se encaramó en la bota siniestra del castro comunismo latinoamericano, de moda a finales de la década de los 70 y como tantos otros (entre ellos los expresidentes Jimmy Carter de Estados Unidos, Rodrigo Carazo Odio de Costa Rica o José López Portillo, citando  a algunos, para apoyar con su diplomacia (petrolera, como después lo hizo Hugo Chávez), para apoyar la caída del presidente Anastasio Somoza Debayle y propiciar el atraco guerrillero de los sandinistas al poder en Nicaragua. 

Craso error que muchos nicaragüenses jamás le perdonarán, aunque luego, como se dice popularmente, “se reivindicó” al apoyar al gobierno de la presidenta Violeta Chamorro (q.e.p.d.) en Nicaragua siendo este respaldo en las acusaciones de sus detractores, una de las causales que lo llevaron a su desplome. 

Venezuela es una de las pocas naciones que no ha tenido una tradición partidaria ideológica de derecha, sus partidos han sido por decirlo de una forma “centristas” tirando más a la Social Democracia y a la Democracia Cristiana, a excepción de caudillos y mandatarios como Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. 

Estos, no obstante, al igual que otros en el pasado heredaron al país de prosperidad económica y modernidad, de lo que no han sido capaces las izquierdas ni los regímenes socialistas de poder haber hecho ni en ese país ni en Latinoamérica en general, mucho menos con los tiranos Hugo Chávez y Nicolás Maduro, personajes  inhumanos y verdaderos ineptos, al igual que Fidel Castro. 

En este sentido la gestión de CAP fue visionaria al apoyar la descentralización del Estado y otras medidas económicas en conjunto con el Fondo Monetario Internacional (FMI) lo que algunos interpretaron como un giro hacia la derecha. 

Algo que me llamó la atención en estas celebradas memorias es el poco ahondamiento de parte de Ledezma, en señalar, por ejemplo, a Henry Ramos Allup y a otros miembros del partido (AD) en la conspiración que provocó la renuncia de CAP, como lo demuestra el economista Miguel Rodríguez. 

Es obvio que esta fue producto de un proceso sumamente complejo y de muchas arterias confabulatorias a las que el victimario no supo prevenirlas.  Sin embargo, para Freddy Solórzano, un operador político activo de la diáspora venezolano en Miami comenta que “sería un grave error al final de cuentas y en este crucial momento de la pronta llegada de la libertad valorar negativamente a CAP”. 

Recomiendo  la lectura de este libro, Carlos Andrés Pérez, el presidente que murió dos veces, del escritor y político Antonio Ledezma a quienes se interesan en  la política, y sobre todo a aquellos que aspiran a llegar a ser presidentes de la República, pues se aprende mucho de la tenacidad, el arrojo, la holística cotidiana, la valentía, los errores, el emprendimiento, la pifia, la creencia de ser “intocable” y  a la vez la humildad para enfrentar cada una de las adversidades de quienes se juegan la vida por llegar a ejercer este cargo.  Eso sí, con la salvedad de evitar una segunda muerte, como le ocurrió al dos veces presidente de Venezuela.  

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Miami. Columnista internacional y fundador del Partido Libero Conservador Clásico (OPA). 

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