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Este es uno de los temas que más me cuesta explicar, porque lo aprendí en el camino. Recuerdo haber leído en internet que una vez que avanzas en tu vida laboral solo el veinte por ciento de lo que haces lo aprendiste en la universidad. Pues bien, ser consultora es parte de ese ochenta por ciento que tocó aprender en el camino. Y quiero aclarar que incluso cuando ya te desempeñas en esto vas aprendiendo lecciones que te permiten destacarte, crecer y aprender.
Creo que la primera lección para animarme a las consultorías me la dieron en mi primer trabajo, como pasante en Relaciones Públicas de la Universidad Centroamericana. Mi jefa y madre periodística me enseñó a ir un paso adelante y me señalaba talentos que en ese momento yo estaba descubriendo y nuestro jefe en la casa que usábamos de oficina me dijo “la imagen lo es todo” y aunque era una plática sobre cómo se vestía la gente para los trabajos me di cuenta que también se trataba de crear una marca personal.
Mi vida laboral por años se encaminó al mundo periodístico y lo más que se alejaba era en las relaciones públicas. Pero en un momento había aprendido a organizar oficinas y proyectos de comunicación desde cero. Y pasó lo inesperado. Me ofrecieron trabajar en una consultoría para apoyar a ganaderos y cafetaleros, el donante era uno de los grandes que por supuesto me representó un reto. Sobre todo, porque el diseño del proyecto para trasladarlo a plata era traducir horas de trabajo.
Primera pregunta que me hice antes de comenzar, ¿cuánto vale mi hora de trabajo? Y bueno esta es la parte más difícil, pero básica si quieres ser consultor. Para verlo más sencillo: qué sabes hacer y cuánto cobras por eso.
En otras consultorías con tareas diferentes me di cuenta de esa primera lección de ser organizada e ir un paso adelante. He tenido maestros maravillosos en ese campo, sobre todo mujeres. Una que me hacía pensar en qué escribiría para diciembre desde julio, otra que mantenía un calendario de efemérides para saber cuáles tenían que ver con la empresa o para reírnos por celebrar el día del espagueti.
Teniendo ya las bases de qué sabes hacer, cuánto cobras por ello y si es posible un equipo que te complemente viene la parte que asusta y es dónde. Muchos creen que un consultor nace y le caen las consultorías del cielo, pero no, debes formarte en el camino con habilidades y herramientas que te hacen única y ya que vas en ese camino, sí te fijas en los letreros, en esos anuncios de consultoría, pero también analizas necesidades y ofreces soluciones y por supuesto creas productos que conoces tan bien que sabes a quién vendérselos.
No hablaré de mis clientes anteriores. He apoyado organismos y cooperantes internacionales, empresas regionales, medios de comunicación nacionales e internacionales, entre otros.
No puedo decir que las consultorías en medios de comunicación son las más complicadas, al igual que mucho en el mundo de las consultorías, depende. He encontrado medios con los que hice cosas extraordinarias y otros que no sabían lo que querían, que eso para fines de un consultor es todo un problema.
Parte de la organización es diseñarte tu modelo de negocio personal, para saber si eres rentable. Sé que suena feo, pero así es. Si quieres vivir debes estar claro de qué ofreces, quiénes lo compran y si realmente se vende.
Una vez que sabes en qué eres bueno puedes emprender en algo que pague las cuentas, mientas avanzas en ofrecer consultorías o competir en las que se ofrecen abiertamente para pagar los chicles.
En lo personal no recomiendo libros de autoayuda o esos que te ofrecen cambiarte la visión, pero sí hay algunos que me animaron en este mundo del consultor: Crear o morir, de Andrés Oppenheimer, para entender cómo emprender; Padre rico, padre pobre, de Robert Kiyosaki, para comprender cómo debe moverse el dinero; y El año de 12 semanas, de Brian P. Moran y Michael Lennington, para dejar de pensar en ese año del mundo laboral tradicional.
A veces veo el camino transitado y siento que inicié en el mundo de las consultorías por accidente, pero hay momentos en los que di pasos más firmes y hoy lo recorro con más tranquilidad, como esas calles que, aunque llueva, truene y relampagueé te sientes con algo de certeza de saber el recorrido.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.